MIAMI, Estados Unidos ― El Gobierno cubano difundió el pasado 1 de abril su Programa Económico y Social del Gobierno 2026 con una meta de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 1%, una cifra que choca de frente con las proyecciones más recientes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y de Naciones Unidas, ambas situadas en 0,1% para 2026.
El contraste es aún más severo porque esos mismos organismos calculan que la economía cubana se contrajo 1,1% en 2024 y 1,5% en 2025. Además, la CEPAL y la ONU proyectan que América Latina y el Caribe crecerían 2,3% en 2026.
El documento oficial, publicado en el sitio de la Asamblea Nacional y firmado por el Gobierno de la República, arranca responsabilizando a Washington por el agravamiento de la crisis energética. El texto asegura que Estados Unidos pretende “bloquear absolutamente el suministro de combustibles a nuestro país” y afirma que, ante ese escenario, fueron aprobadas directivas para enfrentar un “desabastecimiento agudo de combustibles”. El propio programa reconoce que 2026 comienza bajo una presión energética extraordinaria, incluso antes de prometer crecimiento.
Lejos de presentar solo una meta general, el programa queda estructurado en 10 objetivos generales, 111 objetivos específicos, 505 acciones y 309 indicadores y metas. Entre esos indicadores oficiales figuran una circulación mercantil en divisas de 1.370 millones de dólares, ingresos totales por 484.120,6 millones de pesos, gastos por 550.589,5 millones, subsidios a precios minoristas por 54.033,4 millones y un déficit fiscal de 74.500 millones de pesos. Es decir, el Gobierno proyecta crecimiento mientras mantiene un cuadro fiscal abiertamente tensionado.
Más allá del señalamiento a Estados Unidos, el propio programa deja ver que el ajuste también recaerá puertas adentro. El documento plantea estudiar un impuesto a la importación de productos terminados, “reducir gradualmente las gratuidades indebidas y subsidios excesivos” al sistema empresarial y a la población, e “implementar progresivamente la reducción de subsidios a personas” con prioridad para grupos vulnerables.
A la vez, propone acuerdos de precios con actores no estatales para contener la inflación, eliminar subsidios a productos y actualizar los precios mayoristas y minoristas del combustible. En otras palabras, el plan oficial no describe una salida holgada de la crisis, sino un esquema de correcciones fiscales, encarecimiento potencial y mayor presión sobre el consumo.
El programa también apuesta por captar más divisas en una economía exhausta. Entre sus metas están profundizar la “dolarización parcial de la economía”, implementar transformaciones cambiarias, recuperar gradualmente flujos de divisas a través del sistema financiero, elevar los ingresos por exportaciones y aumentar la entrada de remesas.
Para 2026, el Gobierno fija como objetivo más de 9.968 millones de dólares en exportaciones de bienes y servicios, más de 3.829 millones en ingresos en divisas por exportaciones, más de 286 millones en remesas, al menos 3.300 millones de financiamiento externo y más de 181 millones en donativos de bienes y servicios. El mensaje implícito es claro: la economía oficial sigue dependiendo de más dólares, más remesas y más financiamiento externo para intentar sostenerse.
El sesgo político del programa tampoco queda oculto. Entre sus objetivos generales aparecen fortalecer el papel de la empresa estatal socialista y avanzar en la gestión de Gobierno, Defensa y Seguridad Nacional. En la parte dedicada al Ministerio del Interior, el texto ordena enfrentar “la subversión político-ideológica y la contrarrevolución”.
Frente a esa narrativa oficial, la comparación con los organismos internacionales resulta demoledora. La CEPAL proyectó para Cuba -1,5% en 2025 y 0,1% en 2026, mientras el informe Situación y Perspectivas de la Economía Mundial 2026, elaborado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, repite exactamente la misma secuencia para la Isla: -1,5% en 2025 y 0,1% en 2026.
El Fondo Monetario Internacional (FMI), por su parte, ni siquiera ofrece hoy un pronóstico alternativo para Cuba. En su DataMapper de octubre de 2025, el organismo muestra a la Isla sin datos para crecimiento real, y en su clasificación de grupos del Perspectivas de la Economía Mundial recuerda que no monitorea la economía cubana porque el país no es miembro del Fondo (La Habana se retiró del FMI en 1964).
A finales de 2023, la CEPAL concluyó que Cuba era uno de los cinco países del continente con “inflación crónica”.
En ese momento, el economista Pedro Monreal subrayó en su cuenta de X que el organismo incluía a Cuba en “dos grupos problemáticos”: el de los cinco países de la región con inflación crónica y el de los ocho países con mayor riesgo crediticio.“Cuba no solamente comparte la condición de país con inflación crónica con otros cuatro países (Argentina, Haití, Surinam y Venezuela), sino que además fue uno de los países de ese grupo con aceleración de la inflación entre 2022 y 2023”, subrayó el experto.
En julio de 2025, el propio ministro de Economía y Planificación de Cuba, Joaquín Alonso Vázquez, reconoció ante el parlamento que el PIB de la Isla acumulaba una contracción del 11% en los últimos cinco años. Solo en 2024, según los datos oficiales, el PIB cayó un 1,1%.
Durante su intervención, Alonso explicó que las principales afectaciones se concentraban en las producciones primarias —como la agricultura, ganadería y minería—, que habían sufrido una caída del 53%.









