Púas

Un pedacito de espejo roto se prendió al forro del abrigo y se fue conmigo, me lo llevé sin querer. Atravesó el océano y todavía, a pesar del riesgo de cortarme esta vez, me miro de vez en cuando en él.

-

La china del Central Park me leyó la cara con las manos. De la cerca de púas frente a mis ojos colgaba un reloj enorme, blanco. Tú estabas detrás de mí impaciente e incrédulo ante aquella lectura. Yo, acuclillada frente a la china en un banco. Ella me tocaba la cara y veía el futuro: ibas a dejarme pronto, me dijo. La directora –como me decían– dejaría de serlo. Las yemas de los dedos de la vidente se hundieron en los cráteres de mi rostro. La piel enrojecía y se iluminaba por momentos. El tiempo empezaba y se acababa al pasarlos una y otra vez sobre la esfera del gran reloj de la foto que hacía años, aquí mismo, se había detenido.

Nunca pensé que las arrugas y las manchas predijeran los acontecimientos con tanta certeza. Tuve mucho miedo, todavía lo tengo. Pero al rato, caminé junto a ti con mi abrigo amarillo forrado de piel espumosa y olvidé durante un tiempo. La alegría de caminar otra vez por el Central Park abolía aquellas predicciones funestas. Lo inmediato era estar allí contigo, no cansarme de mirar los rascacielos, las bicicletas de colores brillantes que pasaban veloces al costado de un pequeño lago artificial.

- Anuncio -

Todo acabaría como aquel “merengue en la puerta del colegio” –decía a cada rato mi madre con una mirada sarcástica–. Así confronté nuevamente con ella mi rechazo rotundo a una creencia. Pero al abrir el viejo escaparate de cedro que estuvo cerrado por tantos años, un espejo cayó sobre mis pies haciéndose pedazos. Solo quedaba el fino marco rosa plástico transparente que sujeté como se sujeta una evidencia, un destino. Por suerte, no me corté: tendría siete años de mala suerte aún con buena suerte. Podrían ser más.

II

Recogí apresurada los montones de papeles que cayeron al suelo, junto a vasos de colores y cubiertos de plata de mentirita que escondí en el escaparate antes de irme, y llevé losfragmentos del espejo al mar. Lo salobre de la resaca matutina acabaría con la superstición y me acompañaría por un tiempo más. Los tiré por encima del hombro izquierdo hacía la bahía que estaba tormentosa esa mañana de septiembre. Miré por última vez. Después, no volví la cabeza y pude salir de aquella maldita espuma rodeándome con sus tentáculos. Nada es más difícil que arrancar un reflejo, torcer un camino, agarrarse a lo que sea y huir. Porque un espejo refleja al pasado, aun cuando no queramos, si uno sigue guiándose con los ojos cerrados a través de los destellos de su luz hasta llegar a una nueva costa por demás, incierta.

No terminaba de guardar cachivaches en la maleta. No cabía todo un pasado en ella. Un pedacito de espejo roto se prendió al forro del abrigo y se fue conmigo, me lo llevé sin querer. Atravesó el océano y todavía –a pesar del riesgo de cortarme esta vez– me miro de vez en cuando en él. Al fondo del vidrio cabe aquella bahía con los pocos cernícalos que la sobrevuelan a pesar del calor irritante de su profundidad azul morada.

- Anuncio -

III

Ningún tiempo ha sido peor que este, digo. Al cumplir más años, las distancias se extendieron, sin volver siquiera hasta aquel parque a unas pocas cuadras. Ya no me mezo en la hamaca donde solía mecerme. He dejado de ver las profecías de los videntes; he dejado de consultar los horóscopos. Mi tía no me echa las cartas desde aquella tarde en que acertó al ver a una niña corriendo por los pasillos de la casa –una hembra, me dijo–, cuando aún ni sabía que estaba embarazada.

No fue suficiente concluir frente a una cerca de púas la lectura sobre un rostro bajo dedos extraños. Fue demasiado cargar con el cacho de espejo salobre que se fugó de la isla para atravesar el océano juntos. Y, sobre todo, sobrepasar poco a poco las predicciones de los certeros refranes de mi madre que han marcado mi vida. Porque, el merengue pronto se deshizo: la relación terminó como estaba previsto y al poco tiempo dejé de ser también la directora. Estos papeles son lo único que guardo para que, desde aquellas frases todavía húmedas y contaminadas por el tiempo transcurrido sobre ellas, se impulsen creencias tal vez menos efímeras. ¿Será suficiente con no haberlos perdido, después de todo lo perdido? –me pregunto–. No puedo predecirlo.

De “Temido invierno”, inédito.
Miami, febrero 24 del 2026

- Anuncio -
REINA MARÍA RODRÍGUEZ
REINA MARÍA RODRÍGUEZ
Reina María Rodríguez (La Habana, 1952). Es una de las voces prominentes de la poesía cubana contemporánea. Entre sus libros destacan Para un cordero blanco (1984), En la arena de Padua (1992), Páramos (1995), Te daré de comer como a los pájaros (2000), Variedades de Galiano (2007), Otras mitologías (2012) o Travelling (1995, reeditado por Rialta Ediciones en 2018). En 2024, Alliteration Publishing publicó la antología bilingüe de su poesía Jigs and Lures: Selected Poems, con traducción al inglés de Kristin Dykstra. Ha recibido en dos ocasiones el Premio Casa de las Américas, así como también ha sido merecedora del Premio de la Crítica en Cuba, la Orden de Artes y Letras de Francia con grado de Caballero (1999), el Premio Nacional de Literatura de Cuba (2013) y el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2014). Fue finalista del Premio Internacional de Literatura Neustadt en 2022. Sus documentos se conservan en la Biblioteca de la Universidad de Princeton.

Leer más

Bestiario Miserable #22: Chupacausas

Bestiario Miserable, de la artista Camila Lobón, es un catálogo de los excesos, miserias, deformaciones que las contorsiones circenses del panorama político cubano, global y virtual han ido pariendo.

Nuestro Lorca

Lorca no se permite desnudar los cuerpos, los cuerpos están siempre vestidos; deseaba los cuerpos vestidos.

Cuba: la tenaza totalitaria y el deseo de cambio saboteado pero intacto

El régimen cubano reivindica su derecho a existir como tal sin intervención externa mientras niega el derecho a existir y gobernarse de su propia sociedad.

Contenidos relacionados

Deja un comentario

Escriba su comentario...
Por favor, introduzca su nombre aquí