Nuestro Lorca

En su poesía, Lorca no se permite desnudar los cuerpos, los cuerpos están siempre vestidos; deseaba los cuerpos vestidos, no se permitía desnudarlos; hay un erotismo que no culmina en posesión, sino más bien en esta exacerbación extrema.

-

Hay versos de Lorca que se pegan a la memoria involuntaria, por ejemplo: “Estanques, aljibes y fuentes / levantan al aire sus espadas / ah, que furia de amor, / que nocturno rumor, que muerte blanca”.

Integra el entorno, los chorros de agua en el medio de la noche, con un amor furioso, y una muerte por éxtasis. Las sensaciones del entorno se vuelven emociones y sentimientos íntimos que adquieren una intensidad equivalente a la fuerza de los surtidores. Es un golpe de emoción que sube instantáneamente a una máxima intensidad. Es erótico, sí, de un erotismo que compromete el cuerpo entero, envuelto en su ambiente. Los surtidores están dentro y fuera. Esto es lírica.

- Anuncio -

En las obras dramáticas, Lorca siempre me produce una impresión tragicómica que viene de una sensibilidad homosexual volcada sobre personajes heterosexuales. Es una elaboración camp de la representación dramática. Por ejemplo: “He dejado a un hombre duro / y a toda su descendencia / en la mitad de la boda / y con la corona puesta”. El detalle de la corona de novia colocada sobre su cabeza me produce una impresión graciosa, igual que en estos otros versos: “El vizconde de Labarthe / que mandaba las milicias / debió cortarse la mano / antes de tal villanía / como es quitar a Torrijos / bella espada que ceñía / con el puño de cristal / adornado con dos cintas”. El detalle de las cintas de la espada es un rasgo camp que nos hace reír y destruye el efecto trágico de la derrota de Torrijos.

En 1918, Federico García Lorca publicó Impresiones y paisajes, libro inicial y único en su obra. Fascinado por Góngora y los modernistas, el teatro y el arte popular andaluz, pianista y de inteligencia inquieta, se convertiría en el poeta más importante del siglo XX español. Al cumplirse cien años de su muerte, Francisco Alvez Francese y yo nos juntamos a conversar sobre Lorca a fin de realizar una selección de su poesía y sus conferencias. Habíamos fijado una serie de temas muy amplios, aristas que nos interesaban especialmente, zonas en las que queríamos ahondar, apenas como provocaciones para la charla, que habíamos pensado como prólogo para una antología rigurosa de sus versos. Grabamos esas largas horas y en las semanas siguientes las desgrabamos y editamos, intentando conservar lo espontáneo de esas sesiones, y por eso no incluimos citas de investigadores, aunque nos fue de gran importancia sobre todo la monumental biografía de Ian Gibson. El discurso oral, en el que García Lorca brilló, nos pareció casi desde el principio la mejor manera de bosquejar la figura inasible y fabulosa del poeta que nos había hechizado en nuestras adolescencias.

En la descripción del gitano Antonio Torres Heredia, nos llamó la atención la full regalia, el conjunto de fetiches que componen el cuerpo como tal, las enaguas, los zapatos, los medallones. El objeto de atractivo supremo, el gitano, más que un cuerpo completo desnudo, se construye parte por parte. En la atención al detalle de la ropa hay un manierismo, que está en todo su teatro, en las descripciones de la ropa para Mariana Pineda o Doña Rosita la soltera, en los vestuarios, que están relacionados con la atracción erótica, como pasa con la ropa del torero: el traje de luces, la creación del fetiche a través de la ropa. Y después está la imagen perdurable…

Y se murió de perfil, / viva moneda que nunca / se volverá a repetir.

- Anuncio -

Esa fijeza que tiene el fetiche es no obstante momentánea, los fetiches son congelaciones momentáneas, cambiantes: a través de ellos algo fluye. En su poesía, Lorca no se permite desnudar los cuerpos, los cuerpos están siempre vestidos; deseaba los cuerpos vestidos, no se permitía desnudarlos; hay un erotismo que no culmina en posesión, sino más bien en esta exacerbación extrema, que es intensísima y además no se consuma, mantiene la separación siempre. Hay toda una fijación en el agua y su presencia constante, pero también es un agua que fluye, y el soñar ser un río aparece constantemente, sobre todo en las Casidas: soñar ser un río rompe con el narcisismo. Él quiere “un disfraz que tenga / cabeza de río”. Es disfraz, es fetiche, aunque deviene el fluir del río. Y en la Oda a Salvador Dalí: “Viste y desnuda siempre tu pincel en el aire / frente a la mar poblada con barcos y marinos”. Y ahí vuelve el tema del vestir y el desnudar, pero lo que se viste y desnuda en este caso es el pincel, y no el cuerpo. Nunca se puede llegar al desnudo directamente, sino que hay que hacer un desvío para alcanzar al objeto de amor. El fetiche no tiene explicación. Es un detalle que adquiere fuerza propia; no remite a una idea, siempre es una especie de vibración, de irradiación propia inexplicada. En el elogio del varón engalanado, dice “¡Qué deslumbrante en la feria!” Y a mí me parece que este elogio que hace del torero, estos cuerpos engalanados, se enfrentan de pronto a la muerte y ahí tenemos la de Antoñito el Camborio, la del torero y la del amante en las Casidas. En la “Oda a Walt Whitman” dice “amante de los cuerpos bajo la burda tela”. Y ahí vuelve al cuerpo cubierto. Sí, porque el gitano seguramente se preocupaba por sus zapatos y sus medallones, pero en definitiva lo que recoge todo eso, y para quien existe como fetiche, es la mirada del deseante. Entonces hay una sublimación del deseo en el poema.

Dice también: “Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo por vena de coral o celeste desnudo”. Pero el desnudo no es terrestre, es celeste…

Los héroes lorquianos están siempre amenazados por espadas, agujas, alfileres, espinas, lancetas, cuchillos, navajas, puñales, bisturíes, cualquier objeto cortante o punzante. “¿Qué alfiler de cactus brilla / en tu mejilla de nieve?” Eso forma parte del universo de la tortura y de la agonía, que culmina en muerte, pero a la vez, ¿por qué es tan fuerte esta idea de la aguja y del puñal? Por un lado, ejemplifica la tortura y por otro lado produce la muerte; “significa a dos luces,” como decía Gracián del concepto barroco. Acá tenemos por un lado la tortura interna y por otro el instrumento mismo de la muerte.

“Cielos y cielos / azotaban las llagas de mi cuerpo”. Es decir, que el cielo no es liberador, sino es como el Dios horrible de los Cantos de Maldoror, de Lautréamont. Y después, en el comienzo de «Vuelta de paseo», dice “asesinado por el cielo”. En otro poema agrega: “entre las formas que van hacia la sierpe / y las formas que buscan el cristal / dejaré crecer mis cabellos”. Recuerda los cabellos del hermafrodita, en los Cantos de Maldoror, que se confunden con la hierba. El hermafrodita desafía a Dios. El deseo, en Lorca, es a la vez serpentino y cristalino, pero a partir de un asesinato, ser asesinado por el cielo. El hermafrodita asesinado por el cielo en los Cantos de Maldoror es en Lorca el poeta asesinado. Me parece que es un punto de inflexión. Yo diría que el cielo no es el absoluto, sino que es “haber nacido bajo una mala estrella”, como se dice, haber nacido con una condición destinada a la tortura y a la muerte y a no tener satisfacción amorosa. El cielo es la condición asesina, prohibitiva, aniquiladora. Es algo sin salida, pero por momentos hay rebeldía en los poemas de Nueva York, en los que dice “quiero mi amor humano”: “quiero mi libertad, mi amor humano / en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera”. Es un reclamo de libertad. Por otra parte, en su última obra teatral, El público, los actores están representando Sueño de una noche de verano de Shakespeare, donde Titania se enamora de un burro, ¿por qué? No hay elección del objeto amoroso. Viene impuesto por el destino. No se puede hacer nada. Pero el cielo, vale decir, la moral teológica, que se justifica en un supuesto mandato de Dios, el orden social, lo prohíbe. Esta no es la figura trágica griega. La de Lorca es una tragedia actual. No es una tragicomedia, como en las anteriores obras de teatro, donde trata a los personajes heterosexuales con un toque camp. En este punto, la voz poética tiene la mayor urgencia. Es una tragedia queer sin cortapisas, la tragedia del homosexual, del disidente, de las minorías sexuales.

- Anuncio -
ROBERTO ECHEVARREN
ROBERTO ECHEVARREN
Roberto Echevarren (Montevideo, Uruguay, 1944). Poeta, narrador, ensayista, antólogo y traductor. Doctor en Letras por la Universidad de París VIII. Es autor, entre otros libros de poemas, de La planicie mojada (1981), Animalaccio (1986), Aura Amara (1989), Poemas largos (1990), Universal ilógico (1994), Oír no es ver (1994) y Centralasia (2005), así como de dos novelas, un volumen de relatos y varios conjuntos ensayísticos. Junto con José Kozer y Jacobo Sefamí elaboró Medusario (1996), muestra de poesía neobarroca en América Latina.

Leer más

Cuba: la tenaza totalitaria y el deseo de cambio saboteado pero intacto

El régimen cubano reivindica su derecho a existir como tal sin intervención externa mientras niega el derecho a existir y gobernarse de su propia sociedad.

Contaré una historia sobre todos: acerca de ‘Román paladino’ de Alberto Cisnero

'Roman paladino' (Barnacle, Buenos Aires, 2026) será un libro sobre el que habrá que volver cuando la época se enfríe y podamos (o queramos) transitar sus cicatrices.

Cristóbal Díaz Ayala: “En Cuba tú no tienes que buscar la música, la música te busca a ti”

Este testimonio, que da cuenta de la personalidad de uno de los más importantes investigadores de la música cubana, fue recogido por Sigfredo Ariel.

Contenidos relacionados

Deja un comentario

Escriba su comentario...
Por favor, introduzca su nombre aquí