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Mario Montalbetti: lenguaje y dinero

Montalbetti sitúa a la poesía y al dinero, en tanto sistemas de significación y representación, en una misma tesitura.

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El epígrafe de Notas para un seminario sobre Foucault (Fondo de Cultura Económica, 2018), del poeta y lingüista peruano Mario Montalbetti, es una frase del pensador francés: “cambiar el valor de [una] moneda es que esta no engañe acerca de su verdadero valor”. La moneda, símbolo del valor económico, y el lenguaje, dependen, tentativamente, de un “respaldo”, de un asidero en la realidad.

Tanto el dinero como el lenguaje son sistemas de intercambio. Después del Nixon shock, el dinero ha circulado con un carácter “fantasmagórico”, mientras que el lenguaje es un equivalente universal de significados; esto es, ambos “brillan con una luz que no es visible”. Esta idea se concreta en otro verso del peruano que es casi un tópico: “el precio de una cosa no es el valor de una cosa”, diferencia entre la apariencia superficial y la esencia subyacente del valor, que no está en el metal físico o el papel en el que está impreso, sino en la confianza que representa. “Lenguaje lenguaje, no hay”.

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El dinero es un tipo especial de mercancía, pues representa el valor de todas las demás. Es un “equivalente general”. “A primera vista, parece como si las mercancías fuesen objetos evidentes y triviales. Pero, analizándolas, vemos que son objetos muy intrincados, llenos de sutilezas metafísicas y de resabios teológicos”, dice Karl Marx. Es conocido que para el pensador alemán la mercancía no es sino algo que se produce para ser intercambiado en el mercado, dado su carácter dual: valor de uso y valor de cambio.

Marx sostiene que el valor de una mercancía está determinado por “la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla”. El valor está arraigado en el tiempo de trabajo humano requerido, medido en condiciones sociales promedio de producción; es una manifestación de las relaciones sociales de producción. Marx utiliza el término “fetichismo” –en alusión a las creencias religiosas primitivas donde se atribuyen poderes sobrenaturales a objetos inanimados– para referirse al momento en que las mercancías parecen tener valor y relaciones entre sí independientemente de las relaciones humanas que las producen.

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Montalbetti sitúa a la poesía y al dinero, en tanto sistemas de significación y representación, en una misma tesitura. Tanto uno como otro crea y asigna valor dentro de un contexto específico. En el caso del dinero, este valor es material, medido en términos de intercambio y acumulación. En el lenguaje se trata de significado. Ambos sistemas, más que reflejar la realidad, la construyen. El dinero, como medio de intercambio, estructura las relaciones económicas y sociales; el lenguaje crea una comunidad lingüística que determina al sujeto. Dinero y lenguaje median entre la realidad y su representación, actuando como intermediarios que transforman las relaciones directas en relaciones abstractas. El dinero convierte bienes y servicios en valores abstractos intercambiables; oculta las relaciones sociales detrás de su apariencia objetiva. De manera similar, el lenguaje es capaz de adquirir un valor superficial basado en su utilidad, mientras que su capacidad para significar se pierde.

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Es revelador que Montalbetti haya definido “Disculpe ¿es aquí la tabaquería?”, de su libro Fin desierto, como uno de sus poemas “fetiche”, uno de los pocos que puede leer, afirma, sin avergonzarse:

Nadie dice todo. Nadie dice nada.
Lo deseable es decir poquísimo.
Callar no es más radical.
Callar es como raparse la cabeza:
el pelo vuelve a crecer.
Pero decir poquísimo, decir lo mínimo
que uno puede decir,
eso es lo que nos permite decir algo.

Hay una molestia de fondo. La circulación rápida y superficial de transacciones lingüísticas ha terminado por “gastar” la palabra. Pareciera que la misma es una moneda inflada cuya irreconocible efigie hubiese que troquelar nuevamente. La palabra ha sido derrochada, desvirtuada, carece de valor. El lenguaje es explotado como un recurso más por sus “enemigos”: la publicidad, los medios de comunicación, la política… es ya un objeto de consumo masivo.

Cada vez que tiene oportunidad Montalbetti dice que la poesía es capaz de “hacerle cosas al lenguaje”, aunque tal hazaña sea patrimonio de pocos —el Vallejo de los años veinte, por ejemplo–. La poesía intenta reconciliar al lenguaje con su valor. Montalbetti sugiere la “economía” en su acepción de prudencia, precisión. Decir “poquísimo” o “lo mínimo / que uno puede decir” es lo deseable, la techné, el conocimiento práctico, la hechura hábil que confiere valor al lenguaje y permite a las palabras retener su significado y peso a contrapelo de esta envolvente “inflación verbal”. “El poema debe afectar al lenguaje para que deje de «generar contenidos»”, dice el peruano. La poesía como adelantada en territorio inhóspito.

“El dinero es un tipo de poesía”, dijo Wallace Stevens. “En qué se parece el dinero a la poesía”, se pregunta Montalbetti. “EN TODO / Se parecen EN TODO”, se responde.

MIGUEL MONTERO
MIGUEL MONTERO
Miguel Montero (San Isidoro de Holguín, 1994). Escritor. Máster en Historia y Cultura Cubana, y profesor en la Universidad de La Habana. Tiene publicada la novela Obras mayores y menores de Arsenio Pérez la O (Premio Aldabón, 2021). Pertenece al proyecto de reciclaje transversal KTP-3. Actualmente reside en el barrio de Colón, Centro Habana.

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