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‘Querida Beth’, el nuevo poemario de Andrea Cote

El nuevo libro de Andrea Cote es una misiva a una tía muerta, es una colección de voces de quienes la conocieron, es una historia de vida de las muchas que desconocemos y se han borrado por la criminalización de la migración.

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Me une una larga amistad con Andrea Cote, desde la licenciatura en literatura en la Universidad de los Andes, luego en los primeros años como estudiantes colombianos en Nueva York, siempre como amigos entrelazados en la labor noble de estudiar, hacer, enseñar literatura en español fuera y dentro de Colombia. Andrea fue desde muy temprano el orgullo de nuestra generación. En la universidad, con veintidós años apenas, nos deslumbró con un libro que marcó entre nosotros la manera de pensar a Colombia y hacerlo desde la literatura. Ese libro se llama Puerto calcinado y es de 2003. Con él ganó el Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia. Todavía lo tengo y también su versión inglés-español, que me regaló años después, ya ambos en Estados Unidos. Con Puerto calcinado delimitó una época de cambios para nosotros, de adolescente a jóvenes, y al mismo les dio un lenguaje acre y lumínico a esos primeros años de la década del 2000, viendo lo que había en él: imágenes de destrucción y supervivencia en una encubierta normalidad urbana.

Puerto calcinado es, en un primer nivel, una representación del paisaje de la Barrancabermeja natal de Andrea, un puerto sobre el río Magdalena caluroso y moderno, que ha sido el eje central de la industria petrolera y epicentro de muchas violencias políticas y ambientales. Pero es también, en otro nivel, un libro sobre esa Colombia por cuyos ríos bajaban cuerpos asesinados, “sólo pequeñas algas crecidas en el pecho de hombres dormidos”, como dice en uno de sus poemas. Reconocible porque está vivo todavía, es ese país de cuya casa se podía desterrar todo menos el miedo. En un nivel más profundo, Puerto calcinado es la reinvención de un lenguaje para hablar, fragmentariamente, en un diálogo descompletado entre la voz poética-niña y el personaje de María, de un mundo en permanente destrucción. Su comienzo ya es clásico: “También acuérdate, María,/ de las cuatro de la tarde/en nuestro puerto calcinado…”. Esa voz recuerda los murmullos de los fantasmas de Juan Rulfo (el desierto ya estaba en Andrea antes de irse a vivir a El Paso, Texas) para hablar tanto de un juego de niñas como de buscar algo perdido para siempre:

Acuérdate del suelo encendido
De nosotros rascando el lomo de la tierra
Como para desenterrar el verde prado.

Luego de Puerto Calcinado, Andrea Cote publicó La ruina que nombro, de 2005 con Visor. Ese año también llegó a Estados Unidos a hacer un doctorado en SUNY Stony Brook. Tras un par de años allí, pasó a UPenn, en donde se graduó en 2014. Años después, en un poema de Querida Beth, con ese humor negro que la caracteriza, Andrea Cote recuerda la voz impasible de Homeland Security, que es la entidad estadounidense equivalente a Migración Colombia. La pregunta admonitoria de esa entidad cambia cuando pasa por la voz de una poeta que enseña poesía en español en la frontera entre Estados Unidos y México:

Aterricé en el aeropuerto JFK en el año 2005,
30 años después de Beth, llegué la mañana del
cuatro de julio. También yo recibí una oferta,
pero no era de matrimonio, sino una beca para
hacer estudios de literatura hispanoamericana.
Me preguntaron, en el puerto de entrada
donde refrendaron mi visa, qué sentido tenía
estudiar español en los Estados Unidos.

Ya en Estados Unidos, ganó el Premio Internacional de Poesía Puentes de Struga (2005) y el Premio Cittá de Castrovillari Prize (2010) a la traducción italiana de Puerto calcinado. Entre otros, recientemente ganó el International Latino Award, por su antología de poetas colombianas Pájaros de sombra: diecisiete poetas colombianas (Vaso Roto Editores, 2020). En 2011 publicó el libro objeto Chinatown a toda hora (Valparaíso Ediciones) y, en 2019, En las praderas del fin del mundo (Valparaíso ediciones), su libro sobre el desierto. El año pasado, Tusquets, en su colección Nuevos textos sagrados, editó su poesía reunida de los últimas veinte años con el título Fervor de tierra. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, alemán, catalán, italiano, portugués, macedonio, árabe, polaco y griego.

Querida Beth Visor 2025 de Andrea Cote | Rialta
‘Querida Beth’ (Visor, 2025), de Andrea Cote

Este año apareció su nuevo libro Querida Beth, también en Visor. Con él ganó el Premio Casa de América de Poesía Americana en España. El libro es una contribución rotunda a un país como Colombia —un país de migrantes que no se piensa como tal, a pesar de tener más del 10% de su población por fuera—. Hace una semana leí en X un trino de Moisés Wasserman en el que decía: “Que las remesas lleguen a ser la primera línea de ingreso de un país es motivo de inmensa preocupación. No es posible que se viva a costa de quienes renuncian a vivir acá”. Leí la palabra renuncia y me dio una tristeza diferente a la de Wasserman. ¿Quién renuncia a quién? No hay monumentos, instituciones, visibilidad, discusión crítica sobre los migrantes en Colombia. Así se renuncia a ellos, se los expulse otra vez. Pero en Querida Beth no. Ella “nombra la ruina” como ha hecho, valientemente, desde Puerto calcinado.

Querida Beth es la recuperación del “rastro del olvido” que dejó su tía, Beatriz Botero, tras migrar a Estados Unidos en 1976 y vivir aquí por cuatro décadas. Durante ese tiempo, nos dice la voz poética, siempre tuvo cuatro trabajos y no ganó más del salario mínimo. Como su tía, Andrea también migró, pero en condiciones diferentes. Ambas vinieron tras una oferta. Beatriz con una visa de matrimonio, al encuentro de una promesa imposible, dice Andrea, de “encontrar a un hombre bueno” y casarse con él. Andrea a estudiar un doctorado en español. Al final del libro encontramos a Beth de vuelta en Colombia viendo los aviones “de los que no sabe nadie, como ella misma, si van o vuelven”. Son cuatro décadas y el libro no tiene más de cien páginas. Es un homenaje discreto, hecho de fragmentos: ventas de garaje en donde Beatriz busca la suerte, tickets del PowerBall en donde también busca liberarse del trabajo, estatuas de José Gregorio Hernández, botellas de anís, páginas de internet en donde colombianas buscan la visa de un amor para irse a un país idealizado del norte. Reuniendo partes de todo ello la voz poética se propone contar la historia de Beth. Pero nos advierte: “Se sabe que una historia completa solo puede contarse entre sus grietas”. En el mundo de desencuentros de Querida Beth, donde el sueño americano es una pesadilla, donde el trabajo extenuante es como el amor, donde irse es partir(se), la grieta es una promesa de reconstrucción. Algo nos debe quebrar para habitarnos y dejar una marca como rastro de ello. “Amar es hundir la raíz en algo”, nos dice la poeta.

Vuelvo a la austeridad del libro. Me conmueve. Es una marca del silencio y del olvido contra el cual sabe la poeta que tiene la pelea perdida. Querida Beth es en todo diferente a las historias heroicas del inmigrante, del sueño americano, de la épica intergeneracional. Esta migración de media vida termina con una vuelta a Colombia, que tampoco es redentora. Volver para morir no es grande aquí: son dos maletas, un hijo y un rastro de olvido. El cambio de nombre, de Beatriz a Beth, es una conexión, un cambio, y es una marca del bilingüismo que ya está en ese título que alude a una misiva sin respuesta. Pero el libro, a diferencia de otros que articulan un lenguaje híbrido inglés-español sobre el tema, el rico spanglish, aquí deja pocas marcas más que el título. Y esto no quiere decir que el lenguaje no sea su tema central. Como de toda poesía, es su savia. Pero aquí es central no desde la ganancia. “No aprendía el inglés y perdía el español”, dice Beth.

El nuevo libro de Andrea Cote es una misiva a una tía muerta, es una colección de voces de quienes la conocieron, es una historia de vida de las muchas que desconocemos y se han borrado por la criminalización de la migración. Pero es sobre todo un libro de poemas —un hacer pensar al lenguaje desde el lenguaje— que siente las pérdidas y olvidos de la migración, poniendo en el centro la literatura como ese lugar en donde se puede hacer aparecer una historia olvidada. Si encontramos a Beth no la vemos en su voz sino en los fragmentos que fue dejando a su paso por Estados Unidos. Por ello el libro es también un regalo, un recoger las migas de una historia que se fue deshabitando de personas, de voces, hasta dejar a Beth sola. Como una albacea de un legado que es el olvido, Andrea hace una “lista de pérdidas” recuperadas. En este mundo de contradicciones, donde se vive pensando que “la vida está en otra parte”, está una de las claves para leer este libro sobre la migración como desencuentro: “Partir es el nombre del sitio al que he llegado”, dice la poeta en su poema sobre los trenes de Nueva York “Estación Central” (37). Los dejo con la voz de Andrea Cote y con su duro, hermoso poemario, Querida Beth. Gracias por estar aquí, Andrea.


* Estas palabras fueron leídas por el autor con motivo de la presentación del poemario Querida Beth (Visor, 2025), de Andrea Cote, en la Universidad de Brown el pasado 11 de noviembre de 2025. Con este libro Cote mereció el premio Casa de América a la Poesía Americana. Una primera versión del texto apareció en el sitio colombiano Razón Pública.

FELIPE MARTÍNEZ-PINZÓN
FELIPE MARTÍNEZ-PINZÓN
Felipe Martínez-Pinzón (Bogotá 1980). Investigador y académico. Licenciado en Literatura por la Universidad de los Andes y Doctor en Derecho por la misma institución. En 2012, obtuvo un doctorado en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Nueva York. Entre sus últimos libros se encuentran Patricios en contienda: cuadros de costumbres, reformas liberales y representación del pueblo en Hispanoamérica (1830-1880) (University of North Carolina Press, 2021) y la coedición de La vorágine: centenario de un clásico latinoamericano. Textos críticos 1988-2024 (Universidad de los Andes, 2024). Actualmente es profesor en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Brown.

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