El éxtasis de la comunicación nos arrolla a todas y todos. Nos convierte a la mayoría en procesadores de palabras (e imágenes), clientes fieles de un monopolio o sujetos de una especie de totalitarismo.
La suspicacia y la adscripción negativa es la forma en que Cioran reacciona contra la obsesión por el lenguaje experimentada por las humanidades en el siglo xx.