Fragmentos de la correspondencia de D. H. Lawrence

Aquí traduzco apenas una modesta incitación para sumergirse en el océano de la correspondencia de uno de los más singulares escritores del siglo XX en cualquier idioma.

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Presentación

En Out Of Sheer Rage, su espléndidamente excéntrico ensayo sobre cómo no escribir un libro acerca de D. H. Lawrence, hay un momento en que Geoff Dyer, tras haber proferido una de las declaraciones más escandalosas en la historia de la crítica literaria (“comprendí que lo que realmente me interesaban no eran los libros escritos por D. H. Lawrence sino las fotografías de D. H. Lawrence”), entra en razón, por así decirlo, y decide que, en rigor de verdad, no son las fotos sino las cartas de Lawrence lo más interesante de su corpus literario, al menos para alguien que se propone pergeñar algo que se parezca siquiera vagamente a un estudio sobre el escritor (esa afirmación resulta en sí misma ya bastante idiosincrásica y casi perversa pero no es este el lugar para dilucidarla): “Las cartas eran mi principal recurso, una fuente tan rica que debía tener mucho cuidado para no despilfarrarla. Sabía que nunca estaría tan cerca de Lawrence como cuando leyese todas sus cartas por primera vez. Idealmente, si iba a pasar dieciocho meses escribiendo mi libro sobre Lawrence, entonces debía alargar la lectura de las cartas durante dieciocho meses o, al menos un año”.

Todo esto, naturalmente, debe ser entendido como parte de ese incomparable “arte de la provocación” que Dyer aprendió no solo en Lawrence sino también, ostensiblemente, en Thomas Bernhard, su gran mentor estilístico. No hay que suponer, sin embargo, que semejantes declaraciones carezcan de todo mérito, que sean meras frases vacías para epatar a los lectores: no comparto, ni mucho menos, la insensata idea de que la correspondencia de Lawrence sea lo mejor de su obra (ese lugar le corresponde a sus grandiosos ensayos y libros de viajes) pero aun así puedo reconocer que, en efecto, las cartas del polígrafo inglés se encuentran entre los documentos más sorprendentes de la historia de la literatura en lengua inglesa: una mezcla asombrosa y absolutamente original de invectivas, reconvenciones, elogios, exuberantes descripciones de la naturaleza, delirantes teorías sobre, al menos, media docena de religiones (con especial énfasis en el paganismo y el chamanismo) y no menos desaforadas –pero siempre entretenidas– observaciones sobre literatura, pintura, música, arquitectura, mística, política, economía, psicología, antropología, zoología, botánica, geología, geografía… y todo lo demás. La muy reducida selección que aquí traduzco es apenas una modesta incitación para sumergirse en el océano de la correspondencia de uno de los más singulares escritores del siglo XX en cualquier idioma.

De la correspondencia de D. H. Lawrence

Inglaterra, 25 de febrero, 1913

[…] siempre he sentido como si al escribir estuviese desnudo ante Dios, para que el fuego de la Divinidad Omnipotente me atraviese y me consuma […] Uno tiene que ser salvajemente religioso para ser un artista. A menudo pienso en mi querido San Lawrence en su parrilla, cuando le dijo a los torturadores: “Denle la vuelta hermanos, que por este costado ya estoy bien cocido”.

Para E. H. Brewster, Baden-Baden, mayo de 1921

Tu carta llegó hoy domingo. Ahora mismo te respondo porque prefiero improvisar, no pensar demasiado en las cosas.

1- Que se joda el crítico noruego.

2- Debemos reunirnos antes de que viajes a Asia.

3- Hijos y amantes[1] supuestamente, “no tiene estructura desde el punto de vista técnico”. El mundo está lleno de imbéciles técnicos.[2]

4- Probablemente me conoces mejor de lo que yo te conozco a ti, por la sencilla razón de que yo apenas te conozco a ti. Ustedes, los budistas, son aves oscuras, y me parece que ni siquiera se conocen a sí mismos.

5- Lo que quiero decir cuando hablo de la cualidad eterna[3] –y lo que tú quieres decir– no coinciden y nunca lo harán. Pero estoy de acuerdo contigo sobre la cuestión de la ignorancia esencial: no es que me entristezcan, es que me enfurecen las pretensiones de esos tipos que pretenden haberme “entendido”.

7- De acuerdo, que el blanco incluya todos los colores, si es tan importante para ti. Excepto que, naturalmente, el blanco no incluye todos los colores. Es solamente la luz pura sin color la que incluye todos los colores. E incluso eso lo dudo. De lo que más dudo es de las ciencias exactas. En cuanto al Nirvana: no sé nada sobre eso y nunca lo sabré.

8- ¿La admisión de la diferencia presupone necesariamente la posibilidad de una sustitución? Cuando cualquier criatura viviente ha alcanzado una cierta […] pero no, eso no es lo que quiero decir; a lo que me refiero es a que ningún ser viviente puede ser sustituido, al igual que la vida misma no puede serlo. Si matas todos los tigres, el alma del tigre –su arquetipo– continúa existiendo, lo quieras o no. Pero el punto es que yo no quiero que sustituyan a los tigres. Déjame mis tigres, déjame leopardos moteados, déjame cobras fulgurantes, y ojalá tuviera colmillos envenenados y garras también. Creo en la ira y en el rechinar de dientes y en masticar a los cobardes. Creo en el miedo y en el dolor y en el sufrimiento más intenso […] al menos desde el punto de vista espiritual. En cuanto a tu blanco Nirvana, muchacho […] apuesto a que en el fondo es tan hambriento como un tigre y tiene una cola de lo más desagradable. Lo que sucede es que, al igual que el Hombre Invisible de Wells solo aparece cuando ha saciado su apetito.

10- Sin duda el Nirvana es simplemente un estado en el que continúas siendo lo que eres. Pero como ya te dije, de eso no sé nada y, a decir verdad, lo odio apasionadamente.

11- Viajaré a Asia cuando Occidente me pague lo suficiente por mis libros…

A S. S. Koteliansky, Hotel Krone, Ebersteinburg, 16 de junio de 1921

Estimado Kott: Ayer recibí el relato “El Caballero de San Francisco” y la pluma: muchas gracias. He leído el cuento y, pese a su lobreguez, sonrío con júbilo. ¿Bunin pertenecía al séquito de Gorki en Capri o es un visitante ocasional? Sea como sea el relato es extraordinario: tan cómico como la realidad, con solo una pizca de seriedad incorporada.

[…] te enviaré el libro de Einstein que me prestaste (sobre la relatividad) cuando nos vayamos de Alemania […] Einstein no es tan grandioso desde el punto de vista metafísico, pero me agrada por haber quitado el alfiler que mantenía inmovilizado a nuestro pequeño universo palpitante.

Mándale saludos a Sonia.

A Curtis Brown, Salzburgo, Austria, 8 de julio de 1921

Estimado Curtis Brown: Me alegró mucho recibir dos copias de La vara de Aarón[4] esta mañana, espléndidamente impreso y encuadernado. Muchas gracias. Empezaba a inquietarme, porque no había oído nada sobre ti durante largo tiempo. Sobre las imágenes. Me temo que me dejé influenciar demasiado por Mountsier y, como es natural, él se aferra al punto de vista norteamericano. Nosotros, sin embargo, mantendremos nuestra propia perspectiva. En ningún caso la parte inglesa del negocio debe subordinarse demasiado a la norteamericana.

Sobre las “revistas populares”: no puedo evitar el disgusto que me inspira su forma de manejar las cosas. Pero aun así te estoy muy agradecido por todo lo que has hecho por mí. Alguien me comentó que habían publicado parte del ensayo sobre Whitman en Nation. No estoy seguro sobre cuánto tiempo estaré aquí. Hace mucho calor de nuevo, Florencia sería intolerable. Sin embargo, quiero ir hacia el Sur.

A Mountsier le desagrada La vara de Aarón y dice que no será popular. Si ese es el caso, que así sea.

A Catherine Carswell, Villa Alpensee, Austria, 3 de agosto de 1921

Querida Catherine: No te había escrito antes porque he estado esperando para ver si realmente podía pasar un tiempo en este lugar. Como sabes, estamos aquí, con la hermana más joven de Frieda,[5] Johanna, su marido, su hijo y su hija. La villa está situada en el borde del lago, Frieda y yo nos bañamos, paseamos en bote y vamos de excursión a las montañas. La nieve no está lejos. Nos rodean una libertad y comodidad absolutas. Y, sin embargo, siento que no puedo respirar. Quizá lo que sucede es que, con la excepción de Frieda, ya no puedo vivir con la gente, la proximidad constante de otros seres humanos me resulta opresiva. En cualquier caso, así son las cosas. Frieda adora el lugar y le enfurece que yo diga que quiero irme. Pero es lo que hay: quiero irme […] tal vez nos veamos en Italia.

A Nelly Morrison, Florencia, Italia, 1ro. de septiembre, 1921

Querida Nelly: Ayer recibí tu carta. Todo va bien aquí para nosotros: cada día que pasa nos gusta más tu apartamento […] intenté leer a Casanova, pero hay algo en él que apesta. Uno puede ser inmoral si lo desea, pero lo que no se puede tolerar bajo ningún concepto es un ser inferior que se arrastra y se humilla, arrastrado compulsivamente por una curiosidad sórdida, sin orgullo o pureza del alma. Para mí, un hombre debe tener orgullo, el buen orgullo natural interior. Si no tienes eso, la inteligencia apesta. Pero perseveraré en la lectura de esos raídos volúmenes […] saluda a Gino de nuestra parte.

A Mabel Dodge Luhan, Taormina, Sicilia, 5 de noviembre de 1921

Estimada Mabel Dodge: Recibí tu carta esta tarde y la leí inmediatamente: me gustaría ir a Taos.[6] Creo que es factible. Me parece que me quedan suficientes dólares en los bancos norteamericanos para llegar allá. ¿Eres lo suficientemente práctica para decirme cuánto me costaría vivir en Taos mensualmente? Nosotros sí somos prácticos, hacemos todo nuestro trabajo sin ayuda de nadie, incluyendo lavar los platos, lavar la ropa, cocinar y limpiar la casa aquí en Taormina: aborrezco a los sirvientes y la idea misma de tenerlos: envenenan la atmósfera. Así que prefiero lavar mi propia ropa. Además, me gusta hacer cosas. Mi segunda pregunta para ti: ¿hay por allá alguna colonia de esos horribles autoproclamados artistas (que en su mayoría apenas son subartistas)? Aunque, bueno, incluso si existe algo así, no puede ser peor que en Florencia. Tercera pregunta: ¿Queda algún indígena auténtico por allá o han desaparecido por completo? Cuarta pregunta: ¿a qué se dedica la gente por allá? Quinta pregunta: ¿Cómo se llega allá? ¿Cuál es el puerto más cercano? Yo creo que nos iremos de aquí en enero o febrero. Creo que viajaremos a Taos. Sea como sea, quiero abandonar Europa. Además, me gusta la palabra Taos: se parece a Taormina […]

A Edward Garnett, Taormina, Sicilia, 10 de noviembre de 1921

Estimado Garnett: Gracias por enviarme el manuscrito del relato, que llegó hoy. Espero que no te resultara difícil enviarlo.

No, no voy a leer a Homero, la pizca de griego que domino es infinitesimal. Pero si quieres leerlo puedo mandarte un ejemplar –en griego– que alguien me regaló. Y entonces, si lo que quieres es leer a Homero, bueno, entonces no necesitas leerme a mí.

No, mi estimado Garnett, tú eres un viejo crítico y siempre te apreciaré, pero también eres un viejo y agotador pontífice dogmático y no haré caso nunca de nada de lo que dices: seguiré, como siempre, mi propio camino. Así son las cosas.

Compré para ti Mujeres enamoradas[7] en la librería de Secker y debe llegar dentro de poco. Si no te lo envía, aquí tienes la dirección de su negocio: ve por allá y dale una buena zurra. Cuando recibas el libro, si lo recibes, y cuando lo leas, si lo lees, no imagines por un instante que se trata de la Ilíada. Recuerda que se trata sencillamente de la novela de tu amigo Lawrence, abandona todas tus ilusiones homéricas y sigue adelante como puedas.

Taormina es maravillosa y el paisaje por la mañana es casi como en Homero. Pero solo el paisaje, no el hombre. Espero que me visites algún día.

Si te resulta fácil averiguarlo, dime qué traducciones se han publicado en inglés del siciliano Giovanni Verga. Sus principales novelas son Los Malavoglia y Don Gesualdo […] también tiene tres libros de cuentos. Es extraordinariamente bueno, muy moderno y, al mismo tiempo, un auténtico campesino homérico. Para traducirlo se necesitaría alguien que pudiese manejar con soltura el dialecto siciliano, que no es ni remotamente lo mismo que el italiano. A decir verdad, sería terriblemente difícil traducirlo y eso es lo que me atrae, aunque probablemente implicaría una enorme pérdida de tiempo y es probable que nunca lo haga. Aunque si yo no lo hago, dudo que alguien pueda, al menos adecuadamente.

Saluti

A Donald Carswell, Taormina, Sicilia, 15 de noviembre de 1921

Estimado Don: Muchas gracias por tu carta. Agradécele también a Catherine por la suya. Acerca de los pantalones de tela escocesa, eso es todo lo que necesito saber. Tu información es muy útil. Ya he terminado de escribir el relato y corregiré donde sea necesario.

He escuchado que el clima es frio y horrible en Inglaterra. Aquí es más bien fresco. Pero ahora el siroco desciende con sofocantes nubes de humedad y niebla y lluvia. Maldito siroco.

Aquí la única noticia es que una mujer llamada Mabel Dodge Sterne escribe desde Taos, Nuevo México, y dice que tiene allá una casa de adobe para nosotros y, que, si lo deseamos, podemos ir e instalarnos allí en cualquier momento. Parece que Taos está situado sobre una montaña –a 7 000 pies sobre el nivel del mar y a 24 millas de una línea de ferrocarril– y que hay una tribu de 600 indios que, según ella, son de lo más interesantes: adoradores del sol que hacen ceremonias chamanísticas para invocar la lluvia y absolutamente ajenos a la civilización norteamericana contemporánea. Suena espléndido, pero hay, sin embargo, un problema: una pequeña colonia de artistas norteamericanos instalada por allá. De todas formas, sería divertido si uno pudiese agarrar un barco mercante a New Orleans o Galveston (Texas) y evitar por completo esa horrible ciudad llamada New York, ¿no lo crees? Dime si sabes cualquier cosa sobre Taos. Por supuesto, no hemos decidido nada y hemos hablado tantas veces de mudarnos y al final nunca lo hacemos. Pero, de todas formas, no se lo digas a nadie.

Todos los días espero aquí la llegada de El mar y cerdeña, mi libro sobre mi breve estancia en esa isla. En cuanto llegue te enviaré una copia […] por cierto, pregúntale a Catherine lo que piensa sobre el poema “Bestias Apostólicas”. Seltzer[8] quería publicarlo en su colección de folletos y yo sé que debería ser Evangélico o Apocalíptico. Y creo que la portada debería tener una imagen representando las cuatro bestias del Apocalipsis –Hombre, León, Toro y Águila–. En los misales medievales y los libros de horas uno encuentra a veces diagramas fascinantes de las cuatro bestias. Si alguna vez te topas con alguno, dime dónde está y si me serviría para la portada.

Todo el mundo ha odiado La vara de Aarón, incluso Frieda. Pero acabo de recibir un telegrama de Seltzer y dice que él piensa que es maravilloso. Quizá es solo una de esas cosas que tu editor te dice para que te sientas mejor, pero de todas formas lo prefiero a las bofetadas que recibo constantemente por mis libros en Inglaterra.

Aquí el servicio postal es muy malo…                                           

A E. H. Brewster, Taormina, Sicilia, 16 de noviembre de 1921

Estimado Brewster: ¿Cómo es, entonces, Sri Lanka? He estado pensando en tu viaje. Aquí el viento ha soplado con fuerza y ha nevado, y el siroco se ha intensificado hasta casi desmenuzarnos. Pero ahora el clima es magnífico de nuevo. ¿Cómo ha ido todo más allá del estrecho de Adén?

Estoy cansado de este lugar… y ahora que te has ido Sri Lanka parece una ilustración en una guía de viajes: no es real. Y toda Asia parece un escenario.

Recibí una carta de Mabel Dodge Sterne, desde Taos, Nuevo México: dice que podemos ir para allá y nos ofrece una casa de adobe y todo lo que queramos. En Taos hay una tribu de indios que han estado allí desde el Diluvio. Es un lugar donde se preserva un antiguo culto de veneración del Sol. Ellos dicen que el Sol nació allí. Está situado sobre una montaña, a siete mil pies sobre el nivel del mar y a 25 millas de la línea del ferrocarril. Pero, por supuesto, también hay algunos artistas norteamericanos por allá. De todas formas, quiero ir. Los indios, los aztecas, el antiguo México: todo eso me fascina y me ha fascinado durante años. No el Buda. El Buda es tan perfecto, está tan acabado, pleno, refinado y estilizado que no me ofrece nada. Para mí todo el glamur está en Occidente, no en el Oriente rebosante de plenitud. Es una lástima que deba escribirte de esta manera. Pero es lo que mi espíritu me dice con terquedad. No iré a Sri Lanka. Te enojarás. Pero creo que es mi destino.

Eso sí, cuéntamelo todo sobre Sri Lanka si crees que es tu destino […] el otro día me encontré con la señorita Fisher y la señorita Bunch en Palermo y la señorita Bunch me preguntó por qué nunca contestabas sus cartas. Tuve que hablarle de Buda y me contestó, enfurecida y roja como un tomate: “¡Pero si yo pensaba que él era cristiano!”

‘’Oh!, probablemente”, le respondí. Y siempre me río a carcajadas. Siempre me parece muy cómico cuando esa gente dice, “¡pero si él es cristiano!”: es como estar en el escenario de una obra de teatro isabelina cuando se revela la auténtica naturaleza de los personajes.

En cualquier caso, espero que la estés pasando bien en Sri Lanka y que sostengas la mano de los santos budistas con verdadero entusiasmo.[9] Apuesto a que podría conseguir una magnifica villa en Sri Lanka, con santos o sin santos, con Buda o sin Buda. No puedo evitar el odio que siento por Buda. Ni siquiera puedo evitar que mi odio por él se disemine por esta carta. Así que mejor dejo de escribir.

A E. H. Brewster, Taormina, 2 de enero de 1922

Estimado Brewster: Leí tu carta sobre Kandy: suena grandioso, con toda esa gente inundando los templos y los elefantes deambulando por la calle como si fuese lo más natural del mundo. De todas formas, siento que no puedo ir: Asia no es mi destino. Cada vez más veo con mayor claridad y siento con mayor intensidad que la meditación y la vida interior no son mi objetivo: lo mío es la acción, el esfuerzo agotador y el dolor y la frustración y superar todos los obstáculos. Creo en todo lo que tú no crees. Y el objetivo de mi búsqueda no es que los hombres alcancen la serenidad como Buda, sino que los antiguos dioses regresen y se conviertan en hombres […] o que el hombre se convierta en un dios.[10] Los dioses están incómodos hasta que logran convertirse en hombres. Y los hombres tienen que luchar con audacia para alcanzar esta nueva encarnación. Y la lucha y el dolor y el sufrimiento son una parte ineludible de esta metamorfosis. Incluso mi tuberculosis y mis dolores de cabeza son parte de todo eso. Que nadie intente arrebatármelos.

He decidido viajar a Taos, Nuevo México. Allí hay indios y una magia antigua vinculada al culto del Sol. Y creo que mi futuro esta allá. No busco ni paz ni belleza, ni siquiera liberarme del sufrimiento. Quiero luchar y sentir en mi carne a los nuevos dioses…


Notas:

[1] Una de las primeras novelas de Lawrence.

[2] No es posible apreciar en español el espléndido juego de palabras: “The world is full of technical fools”.

[3] Si aquí –y en en el fragmento que inaugura esta selección–, Lawrence parece hablar como un místico es porque lo era: un místico sin fe.

[4] Novela de Lawrence. El título, naturalmente, contiene una alusión a un famoso pasaje del Antiguo Testamento: toda la obra de este ateo vitalista y “místico en estado salvaje” rebosa de alusiones bíblicas.

[5] Esposa alemana y “musa” de Lawrence, la relación más importante de su vida.

[6] Nuevo México, Estados Unidos.

[7] Una de las novelas de Lawrence.

[8] Editor norteamericano de Lawrence.

[9] A lo mejor se refería a los monjes budistas ancianos –supuestamente cercanos al Nirvana– o acaso a los ermitaños que vivían en el bosque meditando y comiendo exclusivamente raíces y las frutas que caían de los árboles, pero algo es seguro: no hay santos –en el sentido occidental– en el Budismo Theravada.

[10] Lawrence, el gran pagano de la literatura inglesa: no sabía griego, pero, de manera intuitiva, estaba mucho más cerca de Homero, los poetas trágicos (especialmente Eurípides) y el mundo de la Grecia Antigua que cualquier otro escritor de su generación.

UBALDO LEÓN BARRETO
UBALDO LEÓN BARRETO
Ubaldo León Barreto (San Antonio de los Baños, 1981). Licenciado en Letras por la Universidad de La Habana.

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