‘Ciencia ficción capitalista’ de Michel Nieva

Nieva explora cómo los tecnoligarcas han extraído de los imaginarios de la literatura cyberpunk las creaciones tecnológicas de sus empresas.

-

En el final de su relato “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, Jorge Luis Borges desarrolla una reflexión sobre los objetos ficcionales y la materialidad de la literatura. Hacia el final del relato aparecen dos objetos pertenecientes al mundo ficcional de Tlön: una brújula y un cono de metal de peso extraordinario. Los objetos del mundo ficcional se trasladan a la realidad. En las últimas líneas del relato, el narrador sentencia: “El mundo será Tlön”. Aquel mundo ideado por algunos hombres congregados en algunas sociedades secretas cobra presencia en el mundo real atestiguando la materialidad de la ficción. Los objetos ficcionales reclaman un lugar en la realidad que los ha ideado; con su arribo desplazan, trastocan y moldean el orden del mundo. Algunas cuestiones no desarrolladas en el cuento del escritor argentino son: ¿cuál es el proceso por el cual los objetos de Tlön comienzan a aparecer materialmente en el mundo?, ¿qué es o quién produce ese traslado? Las respuestas podrían limitarse al carácter genérico del relato y cerrar la cuestión con la etiqueta de lo fantástico; sin embargo, si se sitúa el problema más allá del género para centrarla en el carácter ontológico de la literatura, las respuestas podrían llevar a ideas tales como que la ficción no permanece encapsulada y fuera del mundo, en un espacio trascendente, sino que está en él y genera fuerzas de empuje sobre la realidad, los sujetos que viven en ella y los objetos. Tlön o, en su caso, el mundo ficcional, es una maquinaria productora de entidades.

La constitución ontológica de la ficción ha sido debate inacabado por muchos años dentro de la teoría literaria, dicha preocupación sirve para abrir paso a una de las tesis centrales del libro Ciencia ficción capitalista. Cómo los multimillonarios nos salvarán del fin del mundo de otro escritor argentino, Michel Nieva. En este libro, comprendido por seis capítulos y su epílogo, Nieva señala, entre otras cosas, que los sueños de las grandes corporaciones tecnológicas con sus controvertidos CEO, de comportamientos más allegados a los influencers que a la imagen tradicional del empresario del siglo XIX y gran parte del XX, han extraído de los imaginarios de la literatura cyberpunk las creaciones tecnológicas de sus empresas. Así como la migración de los objetos ficcionales de Tlön a la realidad en el cuento de Borges, lo que estamos presenciando en este primer cuarto del siglo XXI es la transmigración de los objetos que poblaron los mundos ficcionales del cyberpunk a nuestra realidad, dándole nuevas formas, incidiendo en las relaciones sociales, moldeando nuestro mundo. La cuestión aquí es que este traslado está mediado por las interpretaciones que han realizado Elon Musk y otros superricos con base en ideologías supremacistas, de ultraderecha, colonialistas y transhumanas sobre un género narrativo que inició como una crítica al capitalismo postindustrial hipertecnificado y productor de vidas precarizadas. En gran medida, lo que entresaca en estos ensayos Michel Nieva es la base mítica de los delirios tecnológicos de la actualidad.

Más allá del Caribe Pampeano: cuatro preguntas a Michel Nieva

“Metaverso, turismo espacial, inmortalidad, sojapunk” es el capítulo de apertura del libro y comienza haciendo referencia al anuncio de la creación de la plataforma de realidad virtual de Mark Zuckerberg denominada metaverso. Para los lectores de ciencia ficción el nombre de la nueva creación tecnológica era familiar. Neal Stephenson había creado la palabra y el concepto alrededor de ella en su novela Snow Crash. La trama de la novela transcurre en un mundo marcado por el colapso financiero, cuyas consecuencias son el dominio de megacorporaciones en un contexto sociopolítico ganado por el anarcocapitalismo. La precarización de la vida lleva a los sujetos a encontrar en el metaverso aquello que no pueden obtener la realidad. Este libro de Stephenson publicado en 1992 fue catalogado como postcyberpunk y años después se convirtió en un libro oracular para los ingenieros programadores e inversores de alto riesgo en Silicon Valley. Criptomonedas, Google Earth, Wikipedia, metaverso son algunos de los objetos trasmigrados de la literatura cyberpunk y que ahora son reconocidos como integrantes de nuestra realidad.

La imaginación de los escritores de ciencia ficción es apreciada como futurología por los dueños de las grandes corporaciones. Los escritores son vistos como diseñadores y arquitectos del mundo futuro; por eso Neal Stephenson fue contratado para inspirar los diseños de la compañía espacial de Jeff Bezos, Blue Origin. Así la estética cyberpunk es vaciada de su contenido crítico anticapitalista y tomada para crear los diseños de los trajes espaciales de los astronautas de Space X. Las imágenes creadas por la ciencia ficción se han convertido en la nueva estética capitalista de la cual Gilles Lipovetsky había hablado hace algunos años. Ya no se trata únicamente de realizar las utopías tecnológicas de cualquier modo, sino de realizarlas a través de una estética que acompañe el relato que da finalidad a las invenciones de los multimillonarios y sus corporaciones tecnológicas: “una epopeya que salvará la vida humana del irreversible cambio climático o de otras eventuales catástrofes climáticas”, señala Nieva. Los héroes de la epopeya son sujetos como Elon Musk, Jeff Bezos, Bill Gates, Steve Jobs, etc. La cuestión es que estos héroes cargan con una gran mentira: y es que ellos han producido las catástrofes de las que supuestamente nos van a salvar. Es así como se adapta la imagen del capitalista en los contextos de catástrofe. Su función y destino en el mundo ya no se limita a la producción de riqueza por medio de la explotación, sino a salvar a la humanidad. Esa humanidad a la que han empobrecido y llevado a ver la aparición de la extinción en su horizonte de vida.

Karl Marx, en El Capital, al hablar de la máquina a través de su historización, mostró el modo de apropiación de la técnica por parte de la naciente burguesía, con esto se desprende que una de las grandes verdades repetidas por los capitalistas con relación a que es exclusivamente en el capitalismo donde se puede dar el desarrollo tecnológico es una falacia. El capitalismo es una gran máquina de apropiación: de tierras, de recursos naturales, de la fuerza de trabajo, de conocimientos y técnicas, de imaginarios. Esta lógica necesaria es la que le ha servido a Nancy Fraser para hablar de capitalismo caníbal en su último libro. A lo anterior se agrega para Michel Nieva la apropiación del lenguaje de la ciencia ficción con la finalidad de: “no solo embellecer sus productos, sino también para ofrecer una supuesta solución a las crisis socioambientales que el mismo capitalismo desató”.

“Ciencia ficción capitalista” es el segundo capítulo, donde señala lo anterior el escritor argentino. La imposición del imaginario sobre el futuro es la característica de la ciencia ficción capitalista, la cual desplaza la posibilidad de que la población genere y posicione sus proyecciones sobre el futuro, uno que imagine la resolución de los conflictos y contradicciones que suscita la modernidad capitalista. Nieva nos dice: “Mientras el capital condena a los trabajadores del mundo a un presente perpetuo de inestabilidad, incertidumbre y endeudamiento, son los multimillonarios los únicos capaces de avizorar y monetizar ese porvenir”. De este modo, el capitalismo se apropia del imaginario del futuro en beneficio económico e ideológico de él mismo, empobreciendo y clausurando la imaginación social que permita entrever un porvenir exento de calamidades.

Michel Nieva alude en este capítulo al concepto ideología californiana de Richard Barbrook y Andy Cameron para señalar el surgimiento de la relación de la bohemia hippie y el pragmatismo yuppie en un contexto naciente de empresas tecnológicas. De esta unión surgió el “odio rabioso contra el Estado y su intervención en las libertades individuales y empresariales” y un personaje de apariencia under, pero que en realidad reivindica los deseos y proyectos más salvajes del anarcocapitalismo: el hacker que encuentra su origen en varias novelas de ciencia ficción cyberpunk. Esta figuración capitalista del individuo intrépido contra el sistema es la máscara que utilizan los dueños de las empresas tecnológicas y con ella simulan una supuesta confrontación al Estado, mientras obtienen recursos de él para llevar a cabo sus utopías tecnológicas.

Otra de las fantasías de la ciencia ficción capitalista es la “utopía libertaria y ecologista”, sustentada en la fe en la tecnología. No es el estado el que produce la libertad, sino el gran empresario con sus avances tecnológicos. La devastación ecológica originada por los modos de producción capitalista es reparada por un capitalismo verde, ecológico, con tecnologías no contaminantes. Este deseo estaba representado en la novela Ecotopía de Ernest Callenbach; sin embargo, como comenta Nieva, esta novela no muestra el lado oscuro de esta tendencia capitalista: la necesidad de destrucción, incluso cuando se tiende a la reparación y supuesto cuidado. La utopía verde capitalista oculta en su interior la destrucción del Sur-Global, pues las tecnologías verdes necesitan de procesos de extracción altamente contaminantes y de gobiernos que faciliten la explotación de los recursos de las periferias por parte de las empresas tecnológicas en detrimento de la calidad de vida de las poblaciones de esos territorios.

En el tercer capítulo, “Ese momento fugitivo de la letra de acero, la ciencia ficción”, Nieva apunta que es necesario retroceder muchos años para encontrar la idea de que el escritor de ciencia ficción es un inventor de objetos técnicos. Con Julio Verne y H. G. Wells, la función del escritor adquiere otra variante enfocada en la trasformación futura del mundo por medio de la invención –primero en papel– de artefactos y máquinas que posteriormente serán construidos con metal. El autor de La infancia del mundo menciona algunos de los objetos tecnológicos que fueron obsesión de estos dos escritores y que inspiraron inventos futuros como el helicóptero y la energía atómica. Este es el inicio de la “ciencia ficción dura”, cuya definición Nieva la resume en el procedimiento especulativo de los avances tecnológicos y científicos dentro de un marco de verosimilitud adecuado a cierto tiempo, y la cual tuvo su momento de auge en la década de los cincuenta. Uno de sus grandes exponentes fue Arthur C. Clarke, quien especuló con la puesta en órbita de satélites. Con esto, nos dice el escritor argentino, surge una de las relaciones fuertes entre ciencia ficción y capitalismo, pues los satélites son la manifestación del potencial tecnológico y económico de las corporaciones tecnológicas, mismo que continúa dándose en la actualidad con la intensificación del control de información y comunicación a nivel planetario y con la amenaza a través de sus capacidades bélicas. Los satélites igualmente marcan el comienzo de una competencia entre grandes emporios corporativos por el dominio satelital que convierte la superficie del mundo en una mecanosfera que tiende a ampliarse y presentarse como el arranque de la colonización de otros mundos. El colonialismo espacial converge con el agotamiento de los recursos naturales y la destrucción ambiental de nuestro planeta, de ahí la necesidad de explorar otros mundos susceptibles de albergar vida en un futuro.

El cuarto capítulo del libro, “Cambio climático, el gran orgullo del hombre blanco”, inicia con la idea de que los productores de este imaginario futuro además de ser sujetos multimillonarios son: “hombres gringos y blancos”. En este sentido, se añade un carácter patriarcal a las fantasías de salvación futuras. La imagen que nos queda es la de individuos narcisistas generadores de crisis ambientales que vienen a señalar que la solución a ellas está en sus manos. La figuración establecida por ellos es la de únicos salvadores del mundo. Así, como han tenido el poder para devastar con el permiso de gobiernos permisivos, la respuesta igualmente se encuentra en sus manos. Teniendo en sus nóminas a científicos, tecnólogos y futurólogos dentro de lo que Isabelle Stengers denomina “economía del conocimiento” producen la ilusión de que la catástrofe ambiental abre la puerta a nuevas invenciones y que, por tanto, no es del todo negativa. La cuestión es, como lo señala Stengers, esa “economía del conocimiento” está muy lejos de poder crear soluciones reales; sin embargo, en sus relatos ellos se presentan como: “multimillonarios del espacio con sus sombreros de cowboy, sus aeronaves fálicas y sus champañas eyaculatorias. Porque una vez más, serán los machos de Sillicon Valley, con sus cohetes, escopetas y misiles, quienes nos salvarán del desastre climático”.

Uno de los capítulos más interesantes es el quinto. En él Nieva nos adentra en la Cuarta Internacional Posadista, organización de tintes trotskistas fundada por el argentino J. Posadas. Una de sus suposiciones centrales era que el comunismo no necesariamente se gestaría por medio de una revolución que lo instalaría, el proletariado no era necesariamente el protagonista de la historia, más bien este sería un agente externo a la historia humana: serían los extraterrestres quienes “traerían el comunismo a la Tierra y a todos los planetas del espacio”. Más allá del aspecto risible del argumento posadista, lo que hallamos en esta propuesta es la disputa por el imaginario tecnológico, por un lado, y por otro, la idea de que la victoria del comunismo en la Tierra es parte de una historia más amplia: una historia universal que en otros lugares del espacio ya se habría cumplido por otras civilizaciones. Nieva recurre a una anécdota para ilustrar el asunto. En 1920 se dio el encuentro entre Lenin y H. G. Wells, gracias a Máximo Gorki. Durante este, el primero se atrevió a señalar su desacuerdo con el segundo respecto a su visión de las civilizaciones extraterrestres representada en La guerra de los mundos. Para Lenin, una sociedad capaz de viajar por el universo solo habría podido desarrollar su tecnología dentro de una organización comunista y, por tanto, no serían imperialistas ni tendrían un deseo de colonización y sometimiento de otras sociedades, como se representa en la novela del escritor británico. Este argumento resume toda una visión sobre el desarrollo tecnológico dentro de la dinámica de la acumulación de capital como fin y frente al del imaginado en el socialismo. Aunque Nieva no la menciona, quizá un ejemplo de este último en la ciencia ficción de sería la novela Astronautas de Stanisław Lem

El siguiente capítulo del libro de Nieva se conecta con esta línea en la cual la salvación de la humanidad o de cierta parte de ella a manos de los multimillonarios se imagina como una conquista del espacio o mejor dicho como una colonización. Para el escritor argentino, es inevitable no ligar esta expansión con la historia violenta de las colonizaciones, necesarias para la organización del capitalismo. Quienes han vivido la extinción de su mundo son las sociedades indígenas. En su historia se puede encontrar algo equiparable a lo que nos podría suceder como especie humana ante la crisis ambiental. Frente a los delirios de los multimillonarios que consideran que la forma de salvar lo que quedaría de la humanidad sería la colonización espacial, Nieva indaga en los saberes cosmoecológicos de indígenas como David Kopewana.

En el epílogo del libro encontramos un relato especular de Nieva que será mejor reservar para sorpresa del lector, al igual los otros libros del escritor como La infancia del mundo, Ficciones gauchopunk y Teconología y barbarie, escritos, al igual que Ciencia ficción capitalista, con una prosa ágil y puntillosa.

LEÓN FELIPE BARRÓN ROSAS
LEÓN FELIPE BARRÓN ROSAS
León Felipe Barrón Rosas (Querétaro). Doctor en Letras Latinoamericanas en la UNAM. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Se desempeña como profesor-investigador de tiempo completo en la Universidad Autónoma de Querétaro, con adscripción en la Facultad de Artes. Es director de la revista Hartes.

Leer más

El Colectivo Cine Mujer en Filmoteca de Catalunya. Una conversación con Karina Solórzano

'Mañana, la revolución. El Colectivo Cine Mujer en contexto' se inauguró en Barcelona el 31 de enero y continuará sus proyecciones hasta el próximo 28 de febrero.

Gustavo Valle, escritor: “El mapa de la literatura venezolana actual ocupa cuatro hemisferios”

Acontecimientos recientes han hecho que los cubanos prestemos atención a Venezuela. Acontecimientos que tienen lugar justo cuando tengo fresca la lectura de una novela...

El primer Lezama de Hernández Busto

La biografía de Lezama de Ernesto Hernández Busto es un trabajo serio, el trabajo de una vida.

Contenidos relacionados

Deja un comentario

Escriba su comentario...
Por favor, introduzca su nombre aquí