Acaba de llegar la triste noticia: José Rodríguez Feo ha muerto. Con él desaparece una de esas figuras literarias insólitas como sólo Cuba sabe producirlas: una rara mezcla de ironía intelectual y de cariño humano, de irreverencia y de fervor, de sensibilidad constantemente herida y de pudor silencioso. De nuestras conversaciones recuerdo una inteligencia ágil, una cultura impresionante que la discreción natural sabía ocultar. Lo precedía la reputación de un hombre de trato difícil. Creo que era más bien un ser exigente hasta el exceso, pero capaz de gran generosidad intelectual. Mis estudiantes no han olvidado la gentileza atenta con que los acogía, los aconsejaba. Las viejas calles de Poitiers vieron pasar su silueta de viejo adolescente. Las sombras de Rabelais y de Descartes acompañaron a este embajador de la gran sombra lezamiana en sus largos paseos por la ciudad. Su presencia, en 1990, en el coloquio-aniversario de nuestro Centro de Investigaciones, así como la de nuestro querido César López, manifestó entre nosotros el vigor y el destello de lo mejor de la cultura cubana con la cual quedará para siempre asociado en nuestro recuerdo.
Alain Sicard: “Triste noticia”
Tomado de ‘La Gaceta de Cuba’, n. 1, enero-febrero, 1994, p. 12.
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