Luis Marré: “En tiempos de ‘Ciclón’”

Tomado de ‘La Gaceta de Cuba’, n. 1, enero-febrero, 1994, p. 13.

-

En La Habana de los 50, para un joven poeta, publicar en la revista Orígenes era la consagración, el espaldarazo. Para llegar a las añoradas páginas —decía alguna gente— había que pertenecer a un cenáculo que dirigía José Lezama Lima y cuyos miembros reclutaba José Rodríguez Feo. Eso era lo que había oído muchas veces en el café Las Antillas, donde se reunían escritores y artistas de la más variada pinta. Muchos de los clientes de Las Antillas eran inquilinos de la famosa “Cueva de los mochuelos”; pero no todo el que hace una vida bohemia es artista. Entre esa gente medraban, entre otras pasiones, la envidia y el resentimiento. Algunos de mis amigos, que no pertenecían a ninguna élite, habían publicado en Orígenes, entre otros, Fayad Jamís y Pedro de Oraá.

Fue Fayad Jamís quien entregó a José Rodríguez Feo algunos poemas míos, para hacerlos llegar a Lezama; pero en esos días se produjo una ruptura entre Lezama y Rodríguez Feo, y éste último, a quien todavía no había sido presentado, se quedó con mis textos. Semanas más tarde recibí una invitación, a través de Fayad, para una comida en casa de Rodríguez Feo.

Pepe vivía en el penthouse de un edificio que recién había construido en 23 y 26. A la entrada, frente al ascensor, había un mural en cerámica de Mariano Rodríguez. Los invitados éramos Fayad Jamís, Pedro de Oraá y yo. Antes de pasar al comedor, Pepe nos informó que Orígenes seguiría apareciendo a pesar de su ruptura con Lezama, que ya tenía un número en la imprenta y que mis poemas saldrían en el número siguiente. Pasamos al comedor; servía el cocinero, un ceremonioso negro de apellido Díaz, que lo llamaba “caballero”. Se me ocurrió celebrar la sopa de tomate y Pepe me dijo sonriendo: “Es de lata. Díaz sólo prepara comida criolla, al gusto de mamá; ella está ahora en la finca”.

De sobremesa conversamos un rato en su despacho y me preguntó si deseaba algún libro. Me prestó Poemas de Jorge Luis Borges, encuadernado en piel por Pedro, un artesano de Guanabacoa especializado en encuadernaciones de lujo. La bien nutrida biblioteca de Pepe estuvo siempre a mi disposición: leí todo Proust, Virginia Woolf, Octavio Paz, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y otros autores en libros y revistas recién aparecidos en sus países de origen. Todavía conservo Les fleurs du mal, que no quiso dedicarme porque “sólo debe dedicarse un libro cuando uno es el autor”. Se trata de la bella edición de Payot, con una introducción de Paul Valery y veinte dibujos de Baudelaire.

Cuando Lezama registró Orígenes y Pepe no pudo seguir publicándola, éste nos avisó que comenzaría a editar otra revista y que Virgilio Piñera, que estaba al regresar de Buenos Aires, colaboraría con él en esa empresa. Cuando Virgilio estuvo en La Habana, le hizo una fiesta para celebrar su regreso. Yo nunca había participado en una reunión de intelectuales y estaba azorado. Sobre todo me sacaba de las casillas las puyas que Virgilio lanzaba al actor argentino Francisco Petrone. Aquella noche no creería a quien me dijera que iba a ser admirador y amigo de Virgilio Piñera, pues me despedí detestándolo. Otro momento que recuerdo de aquella reunión: alguien comenzó a burlarse de la obra de Lezama, creyendo tal vez que halagaba a Pepe, y éste respondió indignado: “Lezama es un gran escritor, y a pesar de habernos peleado, lo sigo estimando. No permito que nadie hable mal de él ni de su obra en mi casa.” El oportunista se amoscó, terminó su trago y se marchó sin despedirse.

Cada número de la nueva revista Ciclón era esperado con ansiedad por sus colaboradores, pues Pepe y Virgilio nos intrigaban con el contenido, asegurando que habían logrado materiales exclusivos llegados de Buenos Aires, México o Madrid, o que habían descubierto algún joven talento. Nuestra expectativa nunca fue defraudada: en Ciclón aparecieron inéditos de Julio Cortázar, Ernesto Sábato, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y muchos otros escritores con los cuales Pepe o Virgilio mantenían correspondencia, y publicaron por primera vez, entre otros, Antón Arrufat y Severo Sarduy.

Pepe no sólo conseguía colaboraciones para su revista, sino que se encargaba generosamente de promovernos. En 1956 hizo un viaje a Buenos Aires y llevó poemas míos que aparecieron en Sur; la prestigiosa revista que dirigía Victoria Ocampo. Sin embargo, mi debut en el exterior me causó poca alegría: en dos breves poemas había tres erratas espantosas. Meses más tarde recibí, de México, el primer número de la revista Estaciones con un ciclo de textos míos, y libros dedicados por Octavio Paz. Y de Madrid me llegó una breve carta de Vicente Aleixandre y un ejemplar dedicado de su Historia del corazón, del cual hice una reseña para Ciclón.La aparición de cada número nos reunía con Pepe, en su salón, entre cuadros de Mariano, Portocarrero, Amelia, Abela y Lam. Allí conocí a Antón Arrufat y a Severo Sarduy, a quienes me unió una estrecha amistad. Un día Pepe anunció que suspendería la salida de Ciclón para sumarse a la resistencia cívica contra la tiranía de Batista. Después nos veíamos en Guanabo, hacia donde se retiró estrenándose como empresario —abrió un bar y otro comercio no recuerdo de qué giro. Ahora las reuniones eran en el caserón de madera de Virgilio y Humberto Rodríguez Tomeu, quienes se habían mudado del pequeño apartamento de O’Reilly para esa casa, en Guanabo.

En los primeros días de 1959, Pepe nos avisó que preparaba un número final de Ciclón, como saludo a la Revolución. La euforia del triunfo revolucionario nos envolvió a todos, y, de pronto, nos vimos en tareas inesperadas: fui a trabajar con Rolando Escardó en la Ciénaga de Zapata, como contador de esa zona de desarrollo agrario. En una de mis escapadas a La Habana, fui a visitar a Pepe, y encontré que se había incorporado a la campaña de alfabetización para enseñar a leer y escribir a los campesinos de la Sierra Maestra, en la zona del central azucarero América, una de las fuentes de riqueza de su familia. Así era de generoso nuestro amigo, a quien se le podrían señalar algunos defectos de carácter, pero nunca negarle esa bondad intrínseca. Entre los hombres de fortuna de nuestro país, era uno de los pocos que hacía por la cultura nacional. Y todavía, a lo largo de estas difíciles décadas siguió contribuyendo con su esfuerzo; un ejemplo: su trabajo en la biblioteca de la UNEAC, a la cual entregó numerosos volúmenes de la suya y consiguió donaciones de sus amigos de América y Europa. Personalmente, debo mucho a José Rodríguez Feo de mi formación cultural. Pepe puso en mis manos los libros de su biblioteca, en mi juventud, y me orientaba en la lectura con su manera tan particular de recomendar una obra: ‘Toma, niño, lee este libro” o “No leas eso: es un paquete”.

Aunque era miembro de una familia acaudalada, se proyectaba como un hombre de pueblo y criticaba la ramplonería de la burguesía cubana, y, llegado el momento de las definiciones, optó por el pueblo. A su regreso de su último viaje a Estados Unidos, hace dos o tres años, contó una anécdota que lo define cabalmente: fue a visitar a una tía, en la ciudad de Miami, y ésta, pensando que Pepe se había decidido a emigrar, le dijo: “Me alegra mucho que te hayas decidido a reunirte con los tuyos”. Y él le respondió: “Sí, mañana regreso a Cuba”.


ARCHIVO RIALTA
ARCHIVO RIALTA/archivo/
Rialta, Alianza Iberoamericana para la Literatura, las Artes y el Pensamiento A. C. es una asociación civil con sede en Querétaro, México, de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural, artístico, científico y tecnológico.

Leer más

La “mala fe” latinoamericana. ‘El contrabando ejemplar’, de Pablo Maurette

'El contrabando ejemplar' recuerda más a Enrique Vila-Matas que a Roberto Bolaño.

Adam Kirsch: “Ashbery”

Leer a Ashbery es recorrer con dificultad una extensión desalentadora de trivialidades, chistes, gramática retorcida y disparates.

Breve recorrido por la representación trans/travesti en la fotografía cubana

La fotografía cubana contemporánea empieza ahora a integrar a las personas trans dentro de su memoria visual con el respeto y la empatía que se merecen.

Contenidos relacionados

Deja un comentario

Escriba su comentario...
Por favor, introduzca su nombre aquí