Niños cubanos duermen en portales por los apagones y el calor

Denuncias en redes muestran a familias con menores obligadas a dormir en el suelo, en portales o espacios abiertos para escapar del calor dentro de viviendas sin electricidad.
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Niños cubanos durmiendo en el suelo por el calor. (Fotos: redes sociales)

MADRID, España.- La madrugada habanera deja imágenes impactantes: niños y adultos durmiendo en portales, sobre el suelo, para escapar del calor dentro de sus casas apagadas. La víspera, varias familias se vieron obligadas a pasar la noche fuera de sus viviendas en medio de los apagones, en la esquina de Prado y Virtudes, en La Habana, según denunció La Tijera News.

De acuerdo con la publicación, que comparte videos e imágenes, entre las personas que amanecieron en los portales había menores de edad. Las familias habrían salido a la calle para intentar encontrar algo de aire fresco, luego de permanecer sin electricidad en pleno verano. La situación era todavía más precaria por el entorno: cerca del lugar había basura acumulada y aguas albañales.

La escena resume una realidad que se repite en distintos puntos del país: niños cubanos que no duermen en camas, sino en el piso buscando algo frío; familias que improvisan con sábanas en portales, balcones o pasillos; padres que pasan la madrugada espantando mosquitos; madres que comparten en redes la impotencia de ver a sus hijos agotados por noches enteras sin ventilador, sin aire y, muchas veces, sin agua.

El caso de Prado y Virtudes no aparece como un hecho aislado, sino como parte de una cadena de testimonios que en las últimas semanas han mostrado el impacto más humano de la crisis energética.

Uno de los testimonios más conmovedores fue el de Alfredito Fominaya, creador de contenido cubano, quien grabó a las 2:27 de la madrugada un video durante un apagón. En las imágenes, sus hijos aparecen acostados sobre sábanas en el suelo, mientras el padre habla directamente a la cámara.

“¿Por qué yo tengo que resistir?”, preguntó Fominaya, en una frase que condensa el agotamiento de muchas familias ante el discurso oficial que insiste en pedir sacrificios. Luego miró la escena de sus hijos y lanzó otra frase especialmente dolorosa: “Este es el verano que le estamos dando a nuestros hijos”.

Fominaya habló del calor, de los mosquitos, del cansancio y de la imposibilidad de explicarles a los niños por qué deben dormir en el suelo en pleno verano. También cuestionó la narrativa de la resistencia promovida por el régimen cubano, al señalar que lo que necesita la población no es aguantar más, sino vivir en condiciones dignas.

Días antes, otra madre cubana, identificada como Dayana García, había publicado en Facebook una imagen de sus hijos durmiendo en el suelo, acompañada de la frase: “Tenemos el récord Guinness en aguantar”. La publicación, realizada en el grupo “Empresa eléctrica de La Habana” y recogida por CiberCuba, acumuló miles de reacciones y comentarios de otros usuarios que compartían experiencias similares.

En la imagen, dos niños pequeños aparecen acostados en el suelo, en lo que parece ser un portal, balcón o patio. Alrededor se observan recursos improvisados para sobrevivir la noche: sábanas, mosquiteros y ventiladores recargables.

Otro caso que expuso la desesperación de los padres fue el de Renato Miguel García Granado. El cubano publicó una imagen de su hija pequeña tendida boca abajo sobre el suelo de la casa, buscando algo de frescor durante un apagón en La Habana. En su mensaje, aseguró que seguiría denunciando a la Empresa Eléctrica y al Gobierno cubano por el daño que están causando a su familia.

“Si tengo que salir yo solo a la calle a pedir lo que nos corresponde como seres humanos, lo haré”, escribió García Granado, en una advertencia que trasladó la escena doméstica al terreno de la protesta ciudadana.

Los testimonios tienen diferencias —unos ocurren dentro de la casa, otros en portales o espacios abiertos—, pero todos apuntan al mismo fenómeno: la infancia cubana está pagando una parte visible de la crisis energética. Los apagones prolongados alteran el sueño, exponen a los niños a mosquitos, calor extremo y condiciones antihigiénicas, y obligan a las familias a convertir cualquier superficie fresca en una cama improvisada.

El déficit eléctrico, expresado por las autoridades en megawatts, se traduce dentro de los hogares en cuerpos agotados, alimentos perdidos, rutinas rotas y menores expuestos a condiciones que ningún niño debería normalizar.

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