Emergencia en Cuba: el humo de la quema de basura asfixia a los barrios

La falta de combustible y el deterioro de los servicios comunales han multiplicado los vertederos improvisados en la Isla, donde el humo de la basura quemada agrava la crisis sanitaria y ambiental.
Quema de basura en una esquina de La Habana
Quema de basura en una esquina de La Habana (Foto: Periodista en Cuba)

LA HABANA.- El humo que generan los incendios en vertederos improvisados y montañas de basura sin recoger se ha convertido en una nueva amenaza para miles de cubanos. Ante el colapso del sistema de recogida de desechos, muchos vecinos optan por prender fuego a los residuos para reducir su volumen, una práctica que agrava la contaminación del aire y multiplica los riesgos para la salud.

La crisis de los desechos sólidos, agravada por la escasez de combustible, la falta de camiones de la Empresa de Comunales y el deterioro de la infraestructura, ha dejado calles y solares convertidos en basureros a cielo abierto. En numerosos barrios de la Isla, las columnas de humo y el persistente olor a plástico quemado forman parte del paisaje cotidiano.

A la fetidez de la basura en descomposición se suma ahora la contaminación provocada por la combustión de materiales sintéticos. El resultado es una crisis sanitaria y ambiental que afecta especialmente a las comunidades cercanas a estos vertederos improvisados.

Los efectos ya comienzan a sentirse en los centros de salud. Policlínicos de zonas urbanas registran un incremento de consultas por afecciones respiratorias, mientras vecinos denuncian el deterioro de la calidad del aire.

Carmen Valdés, una jubilada de 68 años residente en San Miguel del Padrón, en La Habana, cuenta que el humo de un vertedero cercano la obliga a mantener las ventanas de su vivienda cerradas durante buena parte del día debido al intenso olor químico.

«Mi nieto, de cinco años, ha sido ingresado dos veces este mes por crisis de asma», relata.

Los residentes también alertan de que la acumulación de basura favorece la proliferación de ratas y mosquitos, aumentando el riesgo de enfermedades como el dengue y el virus de Oropouche.

El mayor peligro, sin embargo, está en la composición de los residuos que arden.

Según la doctora Elena Gutiérrez, especialista en toxicología ambiental, la combustión a bajas temperaturas de materiales como plásticos, poliestireno y PVC libera dioxinas y furanos, compuestos altamente tóxicos y considerados cancerígenos.

La experta explica que estas sustancias pueden acumularse en el tejido graso de los seres vivos durante años. Además, las micropartículas generadas por la combustión penetran profundamente en los alvéolos pulmonares y alcanzan el torrente sanguíneo, aumentando el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares e incluso distintos tipos de cáncer.

Aunque la Ley del Sistema de los Recursos Naturales y el Medio Ambiente considera infracciones la emisión de gases tóxicos y la disposición inadecuada de residuos, especialistas consultados coinciden en que la crisis económica ha reducido considerablemente la capacidad del Estado para hacer cumplir estas disposiciones.

Mientras tanto, la población enfrenta un dilema cotidiano: convivir con montañas de basura o respirar el humo tóxico de los incendios que intentan hacerlas desaparecer.

Superar esta emergencia exige mucho más que apagar los focos de incendio. Requiere recuperar la capacidad de recogida de desechos, modernizar los servicios comunales, promover la clasificación de residuos desde su origen e impulsar programas efectivos de reciclaje. Sin esas medidas, el humo seguirá cubriendo los barrios cubanos y convirtiéndose en otra de las consecuencias visibles del deterioro de los servicios públicos en la Isla.

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