LA HABANA.- De los últimos anuncios de empresas extranjeras que cierran operaciones en Cuba llaman la atención el de Meliá que, luego de 36 años haciendo negocios con el régimen y más de cinco con sus cuentas congeladas y en números rojos, pone fin a esa relación sin que el castrismo se escandalice demasiado; el de PSA International, que opera la Terminal de Contenedores del Puerto de Mariel desde el año 2010, y que apenas en febrero de 2025 había invitado a Bruno Rodríguez Parrilla a visitar sus oficinas principales en Singapur para, entre otros asuntos, firmar nuevos acuerdos. Y, por último, el de Ceiba Investment Ltd., de absoluta importancia para los militares y, en tal sentido, fue la primera en adquirir (más bien en recibir como “donación”, puesto que no hubo una verdadera transacción), apenas en abril de este año, un importante activo de GAESA, la inmobiliaria Monte Barreto junto con el complejo de edificios conocido como Centro de Negocios Miramar, donde tienen sus sedes buena parte de las más conocidas firmas foráneas con negocios en La Habana.
No se trata de tres empresitas que se van con la cola entre las patas, como tres tristes tigres, sino de tres puntos neurálgicos de la dictadura que, de ser ciertas sus retiradas y no un teatro para esquivar las sanciones del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Sería el tiro más certero al corazón de un sistema que durante décadas diseñó esa estructura “empresarial” no para mejorar las condiciones de vida de las personas y avanzar hacia la prosperidad colectiva sino para sostenerse financieramente y alimentar, primero, su aparato represivo. Y, segundo, sus redes de influencia y acción fuera de Cuba, aportando grandes sumas de dinero a otros movimientos y partidos políticos de izquierda que son de su interés tanto en la región (incluido Estados Unidos) como en naciones distantes, desde Europa hasta el Lejano Oriente, pasando por supuesto por África.
Tan importante son las relaciones del régimen con esa tríada que, sin ese conjunto de empresas asombrosamente “fieles”, el castrismo habría sucumbido hace ya tiempo, y si no lo hace en breve no es porque ocurra un milagro, o pongan en practica un plan B que no conocemos sino porque, sin lugar a dudas, los cierres anunciados serían pura ficción, es decir, apenas un truco con el cual esperan ganar tiempo hasta que las aguas vuelvan a su nivel o al menos hasta que encuentren una alternativa.
Las tres son empresas que llevan una década declarando pérdidas en sus reportes públicos, aceptando corralitos financieros e impagos, acatando imposiciones y disposiciones, doblegándose al bloqueo interno que ahora se ha puesto descaradamente al descubierto con el paquetazo de las 176 medidas y, por tanto, despertando la curiosidad de todos los que no alcanzamos a explicarnos con algo de lógica si esa “resistencia” se trataría de legítima fidelidad o, en cambio, de abierta complicidad con una dictadura que, de algún modo, les resulta “simpática”.
En el caso de Meliá (así como con el resto de las hoteleras españolas que llegaron a Cuba en los años 90) aceptaron felizmente del castrismo incluso las políticas discriminatorias que prohibían y castigaban el acceso de cubanos a sus instalaciones. Así como dispusieron de mano de obra local con total conciencia de los regímenes de explotación laboral a los que estaba sometida, participando activamente del robo de salarios y de otros abusos contra su personal contratado, con la creación de la filial portuguesa Ilha Bela Gestao e Turismo Ltd. Una iniciativa que no por casualidad está asentada donde opera el grupo Amorim, ese mismo que, representado en Cuba por Paolo Titolo, yerno de Raúl Castro, amasó su fortuna contrabandeando maderas entre la Unión Soviética y Europa en los años 70 y 80 del siglo pasado. Una fórmula que luego replicaron en Angola con los Dos Santos, en aserraderos manejados desde Cuba.
Ihla Bela Gestao e Turismo Ltd., aunque aparece como una representación portuguesa de la hotelera mallorquina, creada especialmente para su cartera cubana, nació en realidad como una iniciativa de Fidel Castro para manejar Meliá a su antojo, bajo sus condiciones, algo que los Escarrer aceptaron sin titubeos, así como más tarde aceptarían que varios de los hoteles administrados bajo la marca fueran manejados por el mismo grupo Ceiba Investment Ltd. que por estos días se prepara a retirarse o, lo más probable, a fingir su retirada. De hecho, múltiples fuentes al interior de GAESA no dudan en señalar al fondo de inversiones británico como una “extensión europea” del mismo consorcio militar, así como lo es el banco que tienen en Londres desde los años 70.
Las mismas fuentes consultadas igual refieren que los acuerdos con PSA International, protagonizados por Bruno Rodríguez Parrilla en febrero de 2025, tuvieron como finalidad la venta de la Terminal de Contenedores de Mariel, algo que la empresa de Singapur habría aceptado aunque usando como intermediaria a Coral Marítima S.A., del Ministerio del Transporte, tal como sucedió en junio de este año. Ahora esa operación se vería frustrada por los paquetes de sanciones que incluyeron a la propia terminal de contenedores y al Grupo Empresarial de Transporte Marítimo Portuario (GEMAR) a donde pertenece la entidad que usarían como pantalla, en una operación donde GAESA apenas fingiría deshacerse de sus activos con pactos entre socios de larga data.
Lo cierto es que ha transcurrido muy pocos días desde que se anunciaran los cierres como para determinar tanto la veracidad como sus efectos. Por lo pronto, los movimientos al interior de esas empresas y sus representaciones en Cuba no han sido tan estremecedores como para suponer que realmente se harán efectivos. Entre los propios trabajadores y directivos cubanos crece la certeza de que todo se trataría de una jugada de distracción, en tanto se mantienen intactas la estructuras de dirección “como si nada estuviera pasando”, según palabras de dos de las fuentes consultadas. En en el caso de Meliá, aunque ya han retirado la marca en las promociones de los hoteles que dicen abandonar, el ciento por ciento de los directivos extranjeros contratados por la empresa española se mantiene en sus puestos —a diferencia, por ejemplo, de las instalaciones de Iberostar, donde ya los han removido de la mayoría—, pero igual advierten que irán saliendo paulatinamente según concluya un período de transición que pudiera abarcar hasta diciembre. Veremos entonces en qué otro tipo de gato salvaje se transforman esos tres tigres.










