MIAMI, Estados Unidos.- Este año concluye con el centenario del natalicio de Luis Alberto Monge Álvarez, uno de los estadistas latinoamericanos más consecuentes y, sin embargo, más subestimados del siglo XX. A su vez, fue un fiel amigo de los cubanos y su lucha por la libertad y la democracia.
Monge nació en Palmares, Alajuela, Costa Rica, el 29 de diciembre de 1926. Desde joven participó en las luchas obreras y sindicales y llegó a ocupar altos cargos en ellas.
En 1948 participó en la revolución costarricense y a los 23 años fue el delegado más joven electo a la Asamblea Nacional Constituyente de 1949.
En la siguiente década Monge continuó jugando un papel vital como sindicalista. Fue fundador de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT) y fungió como su primer secretario general.
Luego fue diputado a la Asamblea Legislativa por el Partido Liberación Nacional (PLN) por primera vez de 1958 a 1962. Su vida política coincidió con los cambios radicales que se desarrollaban en Cuba, y Monge alzó su voz en contra de la represión de la dictadura.
El 22 de abril de 1961 advirtió sobre la dictadura castrista que se instalaba en Cuba. En aquella ocasión, Monge expresó: “no hay revolución sin libertad” y “eso que pasa en Cuba no es una revolución latinoamericana”.
Entre 1963 y 1966 Monge fue el primer embajador de Costa Rica ante el Estado de Israel. A su regreso a Costa Rica, fue nombrado ministro de la Presidencia por el presidente José (Pepe) Figueres Ferrer de 1970 a 1974. Durante el mismo periodo fue diputado a la Asamblea Legislativa por segunda vez, fungiendo como presidente de esta de 1973 a 1974.
En 1982 Monge fue electo presidente de la República, cargo que ocupó hasta 1986. Durante su presidenciam demostró que las amenazas del comunismo en Centroamérica —fomentadas por La Habana— también podían combatirse de forma democrática. Mantuvo una estrecha relación con su homólogo estadounidense Ronald Reagan, a quien lo unía su convicción anticomunista. A su vez, le abrió las puertas a los cubanos que buscaban refugio en tierras de libertad.
Tras dejar el poder, Monge no abandonó su apoyo a la lucha por la libertad de Cuba. Junto con varios exjefes de Estado y de Gobierno latinoamericanos y europeos, formó parte del Comité Internacional para la Democracia en Cuba (CIDC), fundado en 2004 en la República Checa.
El apoyo de Monge a la libertad de Cuba era natural, y era evidente aun estando fuera del gobierno y del ojo público. Dio su apoyo al Fórum Revolucionario Democrático Cubano, organización dirigida por el Dr. Armando Fleites, en la que dictó conferencias durante varios de sus eventos celebrados en la Iglesia Metodista Global Tamiami de la Pequeña Habana. Allí, siendo estudiante universitario, pude conocerlo y presenciar su inteligencia, su conocimiento y su pasión por la libertad y la democracia.
Cuando fundé Jóvenes por una Cuba Libre, una organización dedicada a promover la libertad y la democracia en Cuba, le solicité su apoyo moral. No dudó en dárselo a la organización mediante una carta dirigida a sus miembros. Esta carta vino acompañada por otra, dirigida a la joven Saylí Navarro Álvarez, quien en aquel entonces luchaba por la libertad de su padre, el preso político cubano Félix Navarro Rodríguez. En su carta alentadora, Monge mencionaba que Saylí había nacido durante su presidencia y que apoyaba su lucha por la libertad de su padre y del pueblo cubano.
Monge falleció en San José el 29 de noviembre de 2016. Al conmemorarse el centenario de su natalicio, no puedo evitar preguntarme: ¿Qué pensaría él del encarcelamiento de Saylí, del reencarcelamiento de su padre, y del cautiverio de más de mil presos políticos que aún permanecen en prisión después de las protestas del 11 de julio de 2021?
Hoy, el legado de Luis Alberto Monge sirve para inspirar a la juventud latinoamericana a luchar por los valores democráticos de la región y por la libertad de los pueblos oprimidos. Demuestra que una vida dedicada a valores fundamentales no se vive con el protagonismo, sino con el ejemplo.








