diciembre 30, 2025

Voluntad de vivir manifestándose

Reinaldo Arenas se manifestaba en todos los momentos; él se reveló desde su escritura y en cada una de sus acciones.
Reinaldo Arenas
Reinaldo Arenas (Foto tomada de Billar de Letras)

LA HABANA, Cuba. – Reinaldo Arenas creía, y con mucha firmeza, en su derecho a vivir manifestándose, y lo dejó bien claro para no regalar ningún espacio a los equívocos. Arenas lo dejó escrito, sin dudas porque suponía que su escritura tendría una existencia muchísimo más larga que la que podría conseguir su propia vida. Y quizá fue esa la razón que lo hizo sentarse a escribir Voluntad de vivir manifestándose.

Reinaldo Arenas fue, sin dudas, un hombre muy voluntarioso, incluso en aquella hora en la que le llegó la infelicidad más grande, en ese preciso instante en el que decidiera resolver su vida con su propia muerte.

Reinaldo acabó con su existencia, y ese fue, sin dudas, su último acto, quizá el más voluntarioso, ¿el más valiente? Arenas manifestó el enorme descontento que le provocaba su propia vida, el desarraigo, y también la vida que hacían sus paisanos en la Isla.

Arenas se manifestaba en todos los momentos; él se reveló desde su escritura y en cada una de sus acciones, y también con esa decisión de morir para vivir y ser más libre de lo que ya era. Y Reinaldo, el de las manifestaciones grandes, habría estado también en cada uno de esos sitios en los que se estuvieron declarando los cubanos en los últimos tiempos. Reinaldo estuvo en la calle el 11J, y quizá está preso todavía, sin tener noticias de su madre. Reinaldo estuvo, está todavía, con José Gabriel Barrenechea. Él existió en el Ministerio de Cultura, haciéndole saber al “ministro” Alpidio, que si le pegaba un manotazo le pagaría con un golpe aún más fuerte.

Reinaldo estuvo en la calle durante aquel 11 de julio, y también en la noche larga del 27 de noviembre. Reinaldo estuvo en cada una de las protestas contra todas las negruras que nos dejan los muchos apagones, esos apagones que también acompaña a los muertos que las epidemias nos aportan, esas que convierten en víctimas a tantísimos cubanos.

Reinaldo Arenas estuvo también, hace unos días, en el Marianao que salió a las calles a exigir la luz, pero antes había recorrido el devastado oriente de la Isla. Reinaldo caminó también por ese, tan suyo, oriente devastado que nos dejara Melissa. Reinaldo nos advierte cada día de la importancia de vivir manifestándose, de no cejar, porque solo con esa voluntad podemos enfrentar al comunismo. Y hay muchos Reinaldo tirados en una sala de hospital, acostados en sobre el frío suelo, muertos que no encontraron jamás una sepultura.

Y no son pocos esos a los que se les va despertando la voluntad de manifestarse, de exigir la luz que nos quitaron, la luz, la luz que es voluntad y también espíritu, esa luz que es una libertad privilegiada, esa que es un medio incorpóreo que nos convierte en seres más corpóreos. Esa que nos hará manifestarnos, y sobre todo ser más libres, sin el peso cruel del comunismo que nos mata.

ARTÍCULO DE OPINIÓN Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Sigue nuestro canal de WhatsApp. Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de Telegram.

Jorge Ángel Pérez

Nacido en 1963, es autor del libro de cuentos Lapsus calami (Premio David); la novela El paseante cándido, galardonada con el premio Cirilo Villaverde y el Grinzane Cavour de Italia; la novela Fumando espero, que dividió en polémico veredicto al jurado del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2005, resultando la primera finalista; En una estrofa de agua, distinguido con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2008; y En La Habana no son tan elegantes, ganadora del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2009 y el Premio Anual de la Crítica Literaria. Ha sido jurado en importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Casa de Las Américas.