enero 15, 2026

Los espejuelos en Cuba cuestan «un ojo de la cara»

La falta crónica de insumos para la fabricación de espejuelos en las ópticas estatales cubanas ha llevado a que solo se puedan comprar en establecimientos privados.
Espejuelos en venta en una óptica privada de Santa Clara
Espejuelos en venta en una óptica privada de Santa Clara (Foto de la autora)

SANTA CLARA, Cuba. – Cuando tenía solo tres años, a Rosamary García le diagnosticaron una miopía progresiva que la obliga a renovar sus espejuelos prácticamente con frecuencia anual. El mes pasado logró “resolver” en el Hospital Pediátrico de Santa Clara un nuevo examen de refracción y, desde ese entonces, ha estado reuniendo el dinero que necesita para pagar los cristales graduados en una óptica particular. 

“Como mi miopía está tan avanzada, los míos valen más que los de otras personas con hipermetropía o astigmatismo, sin contar la armadura, porque voy a reciclar la misma que tenía”, lamenta la estudiante de Medicina cuyos padres, que “trabajan con el Estado”, no alcanzan a cubrir la cifra de 12.000 pesos que cuestan sus espejuelos, ni siquiera juntando sus dos salarios íntegros mensuales. “Pensé en adaptarme a los lentes de contacto porque duran más, pero están mucho más caros y los cobran nada más en dólares o euros”, añade Rosamary. 

La falta crónica de insumos para la fabricación de espejuelos en las ópticas estatales cubanas ha llevado a que solo se puedan comprar en establecimientos privados que los comercializan, ya sea previamente graduados o con la graduación específica (se encargan a clínicas ubicadas sobre todo en México o Panamá). Tan solo en el centro de Santa Clara existen más de siete negocios de este tipo con precios que varían en dependencia de la propia cotización del dólar en el mercado informal.

“Los de nosotros se mandan a hacer en Bolivia; por eso pueden demorar más de 15 días en entrar a Cuba”, explica Yumia, joven dependienta de uno de estos puestos de venta de espejuelos graduados. “La persona viene con su receta y escoge su armadura. Siempre les decimos que no nos responsabilizamos si la graduación estuvo mal hecha”, advierte. “Hemos tenido clientes a los que le han hecho un mal trabajo de medición en el mismo hospital y han perdido su dinero, porque cuando se los prueban no ven bien con ellos”. 

Gran parte de estos establecimientos ofrecen el servicio mediante el cobro anticipado de una parte del monto total, que se completa tras la entrega de los lentes, y que puede variar en dependencia de la complejidad de la prescripción y el tallado. Graduaciones altas o cristales especiales suelen encarecer el precio final y alargar los tiempos de entrega. Algunos espejuelos incluso superan los 15.000 CUP. También se encuentran a la venta los que corrigen la hipermetropía o la presbicia, conocidos comúnmente como espejuelos para “leer de cerca”.

Oferta de espejuelos en una óptica privada de Santa Clara
Oferta de espejuelos en una óptica privada de Santa Clara (Foto de la autora)

“El problema no son los 800 pesos que cuestan los míos, de la graduación +1.75, porque uno hace el esfuerzo y los compra”, comenta Iván Évora, jubilado de la construcción en busca de los suyos. “Es que salen muy malos y, cuando vienes a ver, en un año tienes que comprarte más de tres pares. Me han dicho que allá afuera no llegan ni a un dólar, pero no tengo a nadie que me los mande”, lamenta. 

En otro de estos establecimientos, ubicado muy cerca de la óptica estatal de la provincia, los encargan a un laboratorio mexicano. “Algunas graduaciones más comunes ya las tenemos aquí y otras sí hay que mandarlas a fabricar”, explica José Alberto, graduado de enfermería que gestiona los pedidos en su tiempo libre. “Cuestan caros, sí, porque los equipos no están aquí al doblar de la esquina. Al menos resolvemos un problema, porque si no, la gente anduviera ciega por ahí”, explica. 

Una de las clientas de esa mañana desembolsó 5.000 pesos por el pago inicial de un par de espejuelos para su hijo de 10 años que padece miopía y astigmatismo, dos fallos oculares que le provocan migrañas insoportables y pérdida del equilibrio. “Tuve que pedir ayuda a la familia para, de poco en poco, completar el dinero, los 9.000 que me piden”, afirma la mujer que dice trabajar como cajera de un banco. “Mientras tanto, tendré que mandarlo a la escuela con el par que tiene ahora, con uno de los cristales cuarteados. A todas estas, cruzo los dedos para que le duren todo el curso y no se le vuelvan a romper”. 

Pese a que en Cuba no está permitido ejercer legalmente como optometrista privado, sí se conoce de la existencia de especialistas que ofrecen el servicio por la izquierda. “Con los espejuelos pasa lo mismo que cuando vas a operarte en un hospital. Hasta para graduarte la vista es un problema porque hay colas a veces de meses y, si no tienes una amistad que te resuelva, estás embarcado”, dice Rosamary. “Mi miopía no se puede operar, por lo que el gasto en espejuelos parece que va a ser de por vida”.

Óptica estatal en Santa Clara (exterior e interior) (Fotos de la autora)

Aunque los medios estatales han admitido que las ópticas en Cuba presentan un panorama desolador, ni siquiera cuestionan cómo un servicio de salud esencial termina siendo inaccesible para la mayoría de los trabajadores y jubilados cubanos. Las escasas menciones sobre el tema en la prensa oficial suelen responsabilizar a “las nuevas formas de gestión no estatal” por los elevados precios, a no ser cuando se trata de casos en los que reciben de esos mismos privados determinados beneficios. En febrero pasado, el diario Tribuna de La Habana promocionó en su sitio web un “proyecto de desarrollo local” que facilita espejuelos “de forma gratuita” a atletas de alto rendimiento. Según explicó el medio, la óptica puede permitirse la cobertura de tamaño gasto porque adquiere “materias primas mediante importadoras extranjeras”.

Mientras tanto, la mayoría de las ópticas estatales se halla prácticamente en desuso, con fuga de personal, equipos rotos y sin piezas de repuesto. Justo hace cinco años, un funcionario de la Empresa Municipal de Farmacias y Óptica en Isla de la Juventud reconocía que la situación del programa de ópticas en el país continuaría siendo crítica, con faltas en ese entonces de hasta 300 graduaciones de stock a nivel nacional. De ese tiempo a la fecha el escenario pinta mucho peor. 

En la óptica de Santa Clara, en un local que luce similar a una instalación fantasma, el señor que atiende al poco personal que se llega a preguntar esta semana asegura que, aunque entraron “un buchito de cristales” en agosto pasado, duraron apenas días y eran para graduaciones pequeñas, lo que no aplica para miopías progresivas. Para colmo, desde hace tiempo no se reciben armaduras de ningún tipo. Justo en el local contiguo, donde se supone que reparen espejuelos a quienes no pueden permitirse sustituir los suyos, un cartel anuncia tajantemente que tampoco cuentan con soldaduras.

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Laura Rodríguez Fuentes

Periodista. Ha escrito para OnCuba, La Jiribilla y El Toque. Corresponsal de Cubanet en Villa Clara.

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