«La isla», la novela de un cubano atípico

En La Isla, Jaime Figueras construye la historia de un “cubano atípico” que enfrenta las contradicciones de una época decisiva para el país.
La Habana en los años 80
La Habana en los años 80 (Captura de pantalla: visulahistoryaustria - Youtube)

Acabo de leer La Isla, el libro que está a punto de publicar Jaime Figueras, un escritor y traductor cubano residente en Filadelfia que lo sometió a mi consideración, y he quedado tan impresionado por la historia que cuenta y el modo en que lo hizo que no puedo resistir la tentación de comentarlo y recomendarlo.

Seguramente, como me pasó a mí, a muchísimos de los cubanos con edades entre los 50 y los 70 y tantos años les sorprenderán las similitudes de sus experiencias y vivencias de la década de 1980 y el Período Especial con las que narra Figueras en su libro.

La Isla pudiera ser otra más de las novelas ambientadas en la Cuba de esa época, que se inició con el éxodo del Mariel y culminó con la Causa 1 y la retirada cubana de Angola. Lo que la distingue y le confiere un carácter muy singular es que está narrada a través de la descarnadamente sincera visión de “un cubano atípico”, como define a Javier Morán, el protagonista, el funcionario consular de la embajada norteamericana en La Habana que, tras entrevistarlo, le concede ipso facto la visa para emigrar a los Estados Unidos y reunirse con su padre, que se fue de Cuba cuando él era muy pequeño.

Y sí que es un cubano atípico Javier Morán: hijo de una madre maoísta y a quien no le gustan la pelota, el café, el tabaco, el ron ni Los Van Van; un lector de Proust, Borges, Joyce y Mishima, que se codea con enajenados, raros y marginales que buscan refugio en la Playa del Chivo y anda con amigos y amantes que poco o nada tienen que ver con él.

Se autodefine como “alguien socialmente insatisfecho, descontento a perpetuidad, incapaz de ser parte de un equipo, de jugar para ayudar a otros a ganar la partida”. Inadaptado, Javier se ahoga bajo el castrismo que lo vapulea a diestra y siniestra, pero le cuesta mucho decidirse a marcharse del país, aunque esté convencido de que nada va a cambiar y de que todo va a ser lo mismo que siempre ha sido. Porque, según explica: “Cuba es como esa mujer a la que hay que dejar, pero no se encuentran las fuerzas, el deseo y la determinación para hacerlo porque siempre aparece una justificación para permanecer junto a ella, seguir a su lado”.

Javier Morán no es el único personaje atípico del libro. Están también, entre otros, Fellah, el militante de un grupo radical afronorteamericano, buscado por el FBI y refugiado en Cuba, que se siente como en su casa en los solares de Centro Habana, bailando y emborrachándose, y que termina haciéndose iyabó; el Brujas, el joven de las fiestas esotéricas en una derruida casona de Managua; o Amir, el oficial del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI), amigo de Javier, que le advierte de los peligros y que en su casa escuchaba Radio Martí y se deleitaba con el video del concierto de Led Zeppelin en Madison Square Garden.

El autor de La Isla, que confiesa que hay mucho en él de Javier Morán o viceversa, me explica que todos esos personajes son reales y que solo les ha cambiado los nombres. O, en otros casos, ha reunido a varias personas en una para crear personajes como Carmen, su amiga que no llega a ser su amante; “el otro Javier”, el balsero desaparecido en el mar; o Laura, su marido, Coqui Moliné y su padre, que representan a los defenestrados en 1989 durante la purga en la Dirección General de Inteligencia (DGI) conocida como la Causa 1 de 1989.

La Isla, que se desarrolla entre 1980 y 1991 y que, aunque tiene fabulación, es de carácter autobiográfico, se divide en dos partes: El canto del adiós y El laberinto de la memoria.

Particularmente interesante es la parte dedicada a la guerra de Angola, donde Javier Morán, que estaba cumpliendo el servicio militar, va a parar casi por casualidad, debido a turbios manejos de sus jefes, como parte de un equipo de la Inteligencia cubana, y termina siendo enviado al frente de combate, donde resulta gravemente herido en una emboscada tendida por la UNITA.

Figueras, que escribió esta novela hace más de dos décadas, ahora es cuando se decide a publicarla. Parece profético lo que escribió entonces, cuando vaticinó:

“Aquí no va a pasar nada. No gritaremos pidiendo justicia en la calle, no alteraremos el orden teocrático impuesto, no cambiaremos el imaginario, la teleología, el credo. Nunca seremos capaces de crear una época nueva porque somos tan cobardes y egoístas como nuestros padres y abuelos. Todo seguirá igual en esta isla hasta que ya no se pueda más y entonces reventará el globo, cuando se venga abajo la piñata de los odios, que, llena de sangre, estallará sobre la gente. En ese día vendrá una revolución de desesperados y en la matanza perecerán culpables e inocentes”.

Biografía del autor:

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