LA HABANA.-Este 17 de julio se cumplieron 90 años de la sublevación militar contra la Segunda República que dio inicio a la Guerra Civil Española, un conflicto que, en los casi tres años que duró —terminó en abril de 1939 con la victoria de los sublevados—, causó la devastación total del país, casi un millón de muertos, millones de refugiados y cicatrices en la historia de la nación que aún sangran y supuran.
No fueron solo los franquistas, como pretende la historiografía de izquierda, los que cometieron atrocidades y crímenes de lesa humanidad en aquella guerra sangrienta y después, durante las cuatro décadas que duró la dictadura de Franco. El bando republicano, tan idealizado por la izquierda internacional, fue responsable de miles de ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por las chekas de inspiración stalinista, de masacres como las de Paracuellos y la Cárcel Modelo de Madrid, de los asesinatos de monjas y sacerdotes y del saqueo y la destrucción de cientos de iglesias.
La contienda no fue realmente una guerra civil en sentido estricto: en ella estuvieron involucradas de lleno la Unión Soviética, que apoyó a los republicanos, y la Italia de Mussolini y la Alemania nazi, que, al intervenir en apoyo de los facciosos, tuvieron la oportunidad de ensayar en España el armamento que utilizarían poco después en la Segunda Guerra Mundial.
También hubo cubanos en aquel conflicto. Posiblemente, Cuba fue el país del que partieron más voluntarios para integrar las llamadas Brigadas Internacionales que pelearon junto a los republicanos.
Idealistas exaltados, radicales de izquierda, aventureros y redentores: entre ellos hubo personajes tan disímiles como el escritor comunista Pablo de la Torriente Brau, que murió en la batalla de Majadahonda, y Emilio Tro y Rolando Masferrer, quienes, como otros de aquellos «internacionalistas» que regresaron a Cuba ansiosos por poner en práctica sus recién adquiridos conocimientos bélicos, fueron a parar a los llamados «grupos de acción revolucionaria», dedicados a ajustar cuentas con quienes consideraban traidores a los ideales de la Revolución de 1933 o, sencillamente, a disputarse a balazos las cuotas de poder.
Emilio Tro fue el cabecilla de la Unión de Acción Insurreccional, una pandilla con la que estuvo muy vinculado Fidel Castro en la década de 1940, cuando estudiaba en la Universidad de La Habana. Y Rolando Masferrer, que se convertiría en enemigo a muerte de Fidel Castro, crearía en los años cincuenta los Tigres de Masferrer, el primer escuadrón de la muerte que hubo en Latinoamérica. Exiliado en Miami, fue asesinado en octubre de 1975, presuntamente por agentes castristas.
Menos conocida que la participación de los cubanos de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española es la circunstancia de que el general Emilio Mola, quien organizó la rebelión militar contra la República que dio inicio a la guerra, había nacido en Cuba, en Placetas, Las Villas, en 1887.
La jefatura de las fuerzas sublevadas habría correspondido, en lugar del general Franco, a los generales José Sanjurjo y Emilio Mola. Pero Sanjurjo murió al estrellarse el avión en que viajaba el día antes del alzamiento, y Mola falleció también en un accidente de aviación el 3 de junio de 1937. Así, Franco, que hasta entonces se había mostrado reticente respecto al complot, se convirtió en el jefe de la rebelión y, posteriormente, en el jefe del férreo régimen dictatorial que instauró en 1939 y que se prolongó hasta su muerte, en noviembre de 1975.
A propósito, una curiosidad: el régimen comunista de Fidel Castro, que mantuvo excelentes relaciones con España durante la dictadura franquista, decretó tres días de duelo oficial en Cuba por el fallecimiento de Franco. Y es que, según dicen, era mutua la admiración entre el Caudillo de Ferrol y el Comandante de Birán.










