Del grifo seco al apagón hídrico: el colapso energético paraliza el suministro de agua en Cuba

La escasez de agua en la isla ha dejado de ser una falla de infraestructura para convertirse en una crisis sistémica. Sin electricidad para arrancar los equipos de bombeo ni diésel para mover las pipas, la falta del servicio se dispara de forma inédita y deja a más de 2.7 millones de cubanos atrapados en el "doble motor" del desabastecimiento.
Foto agua Holguín
Crisis del agua en Holguín (Foto: Cubanet)

LA HABANA — Cuba ya no solo sufre por tuberías rotas: la falta de agua es hoy un resultado más del colapso energético. Con más del 80% de los bombeos paralizados por los apagones, sin diésel para mover las pipas y con familias atrapadas en la milagrosa coincidencia de tener luz y agua al mismo tiempo, el desabastecimiento ha dejado de ser una falla técnica para convertirse en una emergencia sistémica que paraliza a más de 2.7 millones de personas, según fuentes oficiales.

​La sincronía de la vida cotidiana en la isla se ha roto. Lo que antes era un calendario predecible de cortes programados, hoy es un juego de azar donde la energía eléctrica y el flujo hidráulico raras veces coinciden.

​El deterioro de la red hídrica nacional no es nuevo, pero la crisis energética actual ha  provocado un efecto devastador. La ecuación es implacable: sin fluido eléctrico, los grandes motores de las estaciones de bombeo no pueden generar la presión necesaria para empujar el líquido a través de una red envejecida y llena de salideros.

​Las propias autoridades reconocen la gravedad de la coyuntura. Antonio Rodríguez Rodríguez, presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), ha admitido públicamente en intervenciones televisivas que la afectación al servicio hídrico está estrechamente ligada a la crisis de generación que atraviesa el Unión Eléctrica (UNE). Según cifras del propio organismo, la falta de fluido eléctrico ha mantenido fuera de servicio, de manera simultánea, a más de medio millar de estaciones de bombeo en todo el territorio nacional, afectando con mayor severidad a provincias como La Habana, Santiago de Cuba, Holguín y Camagüey.

​A esto se suma la paralización del plan alternativo. Tradicionalmente, las zonas sin cobertura por red fija dependían de las «pipas» (camiones cisterna). Sin embargo, el desabastecimiento de diésel ha dejado en tierra a una parte sustancial de la flota estatal.

​»El problema es que el sistema hídrico cubano no fue diseñado con autonomía. Es un sistema hiperdependiente de la red eléctrica nacional. Si la red cae, el agua se detiene inmediatamente; no hay capacidad de respuesta secundaria ni reservas energéticas en las plantas», señala el ingeniero hidrogeólogo y consultor independiente de infraestructura, Dr. Carlos Ramos Melián.

Esto impacta en la carencia del servicio para casi un terció de la población, de acuerdo con declaraciones de Antonio Rodríguez Rodríguez, presidente del  Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), durante una emisión de la Mesa Redonda.

​El «doble motor»: la odisea diaria en los hogares

​En los barrios populares, la crisis se traduce en una logística doméstica desgastante. La dinámica del «doble motor» —necesitar que coincida el turno de corriente con la entrada de agua— obliga a las familias a permanecer en vela durante la madrugada.

​En el municipio de Diez de Octubre, en La Habana, María Elena Gutiérrez, de 62 años, ilustra la angustia de miles de hogares:

​»Aquí el agua venía cada dos días, pero ahora pueden pasar dos semanas sin que caiga una gota. Cuando por fin entra, no hay luz para poner el ‘motorcito’ (la bomba doméstica) y subirla al tanque del techo. Hay que cargarla en cubos, escaleras arriba, antes de que vuelvan a quitar la electricidad o se vaya la presión. Es vivir en permanente tensión».

​Esta realidad se repite con matices más severos en el interior del país. En Santiago de Cuba, donde los ciclos de distribución han llegado a superar los 30 días en varias comunidades, los habitantes dependen del mercado informal o de la solidaridad vecinal para abastecerse de agua no potable, con el consiguiente riesgo para la salud pública.

​Sin margen de maniobra

​El panorama a corto plazo ofrece pocas certezas. Aunque el gobierno cubano ha anunciado la adquisición de nuevos equipos de bombeo de menor consumo y la gradual instalación de parques solares fotovoltaicos dedicados a estaciones hídricas, los especialistas advierten que los tiempos de ejecución no marchan al ritmo de las necesidades de la población.

​Mientras las inversiones no se concreten masivamente y la crisis energética continúe estrangulando los servicios básicos, el país seguirá atrapado en este bucle: una población que no solo espera que vuelva la luz, sino que la luz traiga consigo, finalmente, la fuerza para abrir el grifo.

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