MADRID, España.- El precio oficial del cilindro de gas licuado de petróleo (GLP) de 10 kilogramos aumentó de 213 a 350 pesos cubanos, una subida cercana al 64 % que añade una nueva presión sobre los hogares de la Isla, en medio de la inflación, los apagones y las dificultades para acceder a los alimentos.
El incremento fue cuestionado este martes por Food Monitor Program (FMP), que advirtió en una nota de prensa que cocinar se ha convertido en otro componente de la crisis alimentaria que atraviesa Cuba.
Las autoridades también incrementaron el precio del gas manufacturado y anunciaron que determinados cilindros y accesorios relacionados con el servicio comenzarán a venderse en dólares estadounidenses. Para FMP, esta decisión amplía la dolarización parcial de bienes esenciales y crea una barrera adicional para quienes dependen de salarios y pensiones pagados en pesos cubanos.
El GLP ha sido tradicionalmente una de las fuentes de energía más utilizadas para cocinar en el país. Sin embargo, las interrupciones en su distribución han obligado a numerosas familias a depender de equipos eléctricos, en un contexto marcado por apagones prolongados y frecuentes averías del Sistema Eléctrico Nacional.
La falta de alternativas afecta especialmente a los hogares de zonas urbanas, donde cocinar con leña o carbón resulta más difícil. Según el observatorio, más del 60 % de las familias documentadas han tenido que modificar sus dietas y rutinas alimentarias, mientras algunas han eliminado una de las comidas diarias.
“La seguridad alimentaria es multifactorial y no culmina en el acceso a los alimentos”, recordó la organización. También incluye la capacidad para conservar, preparar y cocinar los productos en condiciones adecuadas.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria 2025, citada por FMP, uno de cada tres hogares cubanos experimentó hambre recientemente. A la escasez y los elevados precios de la comida se sumaron los apagones, la falta de agua y las dificultades para cocinar.
Alimentación e ingresos, una brecha cada vez mayor
Los cálculos más recientes de Food Monitor Program indican que dos adultos residentes en La Habana necesitan alrededor de 41.735 CUP mensuales para mantener una dieta “apenas suficiente”.
Esa cantidad equivale a casi 20 salarios mínimos, según los ingresos oficiales vigentes, y supera ampliamente las posibilidades de quienes viven de una pensión estatal.
El cálculo, además, no incluye el gasto en combustible para cocinar ni el pago de otros servicios básicos. Muchos de esos recursos, cuando no están disponibles por las vías estatales, deben adquirirse en el mercado informal a precios considerablemente superiores.
El nuevo precio de 350 CUP representa alrededor del 17 % de un salario mínimo de 2.100 pesos. Aunque el monto podría parecer reducido frente al costo total de los alimentos, se incorpora a una cadena de gastos esenciales que ya consume prácticamente todos los ingresos de numerosas familias.
FMP alertó también sobre los efectos indirectos de la crisis energética en la inflación alimentaria. La falta de combustible limita las labores agrícolas, el transporte de mercancías, la refrigeración y el funcionamiento de las industrias.
Más productos esenciales vendidos en divisas
La futura comercialización en dólares de cilindros y accesorios para el servicio de gas se suma a la expansión de las ventas en divisas impulsada por el Gobierno cubano.
Cada vez más alimentos, electrodomésticos y otros bienes básicos se ofrecen exclusivamente en dólares o mediante tarjetas asociadas a monedas extranjeras, pese a que la mayoría de los trabajadores y pensionados recibe sus ingresos en pesos cubanos.
Food Monitor Program consideró que el encarecimiento del gas refleja el deterioro simultáneo de los servicios básicos en la Isla.
“Con apagones diarios, dificultades para acceder al agua potable, inflación persistente y una capacidad adquisitiva cada vez más reducida, cocinar un plato de comida implica también disponer de combustible, electricidad o leña”, señaló el observatorio.
Para millones de cubanos, concluyó FMP, el aumento agrega un nuevo costo a una economía doméstica dedicada casi enteramente a la supervivencia y hace todavía más difícil llevar comida caliente a la mesa.









