enero 1, 2026

En Cuba ya apenas se habla del Frente Polisario 

Los mandamases castristas, que desprecian a los perdedores, si no han acabado de olvidarse del todo de los saharauis, es por no ponerse en mala con Argelia.
Yudí Rodríguez, miembro del Secretariado del Comité Central del PCC, y Grahim Bali, secretario del Frente Polisario, en 2023
Yudí Rodríguez, miembro del Secretariado del Comité Central del PCC, y Grahim Bali, secretario del Frente Polisario, en 2023 (Foto: MINREX)

LA HABANA, Cuba. – Allá por 1986 tuve un amigo saharaui. Se llamaba Abdel, tenía veintitantos años y estudiaba Medicina en Cuba. No tenía mucho que ver con la imagen que uno podía tener de un hijo del Sahara: era ateo, vestía como un friki, fumaba, bebía ron, hablaba español sin acento, bailaba casino (que había aprendido cuando estuvo becado en la Isla de la Juventud),  me llamaba “asere” y no se cansaba de pedirme, cuando iba a mi casa, que pusiera a Led Zeppelin y los Rolling Stones. 

Le asombraba mi interés sobre su tierra. Decía que yo era de los pocos cubanos que estaba bien informado sobre lo que allí pasaba, pero que las cosas no eran exactamente como nos las contaban en los periódicos y la televisión.

Se mostraba muy desencantado y quejoso del Frente Polisario, al que culpaba de las vicisitudes y maltratos que sufrían sus padres en un campamento en Argelia y de los que no tenía noticias desde que lo enviaron a Cuba, hacía más de 10 años. 

Le preocupaba qué sería de sus padres y de él, cuando regresara a su tierra. La última vez que conversamos, en 1991, me dijo que soñaba con irse a España.  Luego, no supe más de él.

Abdel fue de los miles de niños y adolescentes saharauis que fueron enviados a estudiar en Cuba en la segunda mitad de la década de 1970, cuando el internacionalismo marxista-leninista-castrista se involucró en la guerra que sostenía contra Marruecos el  Frente Popular de Liberación de Saguía el-Hamra y Río de Oro (Polisario). 

El Sahara Occidental fue colonia española durante 90 años. En febrero de 1976, unos meses después de la Marcha Verde, ordenada por el rey marroquí Hassan II, aprovechando el fin de la dictadura franquista, para anexarse el Sahara Occidental,  España cedió a Marruecos la soberanía sobre ese territorio. Pero los marroquíes tuvieron que enfrentar la resistencia del Polisario, creado en 1973, que era apoyado por Libia y Argelia y recibía un copioso suministro de armamento soviético

Las principales víctimas de aquella guerra fueron millares de nómadas que habitaban los disputados territorios. Sometidos a carencias y privaciones, se vieron atrapados, en tierra de nadie, entre dos enemigos despiadados: el ejército marroquí, con sus tácticas de tierra arrasada, y los abusos y rigores doctrinarios del Frente Polisario.

De los campamentos de refugiados rodeados por alambradas y muros fortificados, salieron niños y adolescentes saharauis de ambos géneros que fueron enviados a estudiar a Cuba. La mayoría eran huérfanos o hijos de prisioneros. 

Fueron enviados a escuelas en el campo en la Isla de la Juventud (antigua Isla de Pinos), donde estudiaban también muchachos de otros países africanos. Allí, además de hacerlos trabajar en la agricultura, los adoctrinaban, inculcándoles el amor a Fidel Castro y el odio a Estados Unidos e Israel. Les dijeron que “el futuro pertenecía al socialismo”. Profesores que apenas sabían de qué hablaban, intentaron hacerles olvidar sus creencias y sus costumbres. Varias veces, cuando en días festivos servían carne de cerdo en el comedor,  tuvieron que violar las ordenanzas del Corán y devorarla, porque su magra dieta no les permitía escoger.

Algunos que terminaron carreras universitarias, como Abdel, pasaron en Cuba más de 10 años. En ese tiempo no tuvieron comunicación, ni siquiera por correo, con sus familiares. Su único contacto con su tierra se limitó a alguna de las visitas a Cuba del líder saharaui Mohamed Abdelazis o algún otro líder del Polisario. Pero con ellos no se podía enviar mensajes ni averiguar por la familia. Todo era escuchar arengas y corear consignas en actos políticos. 

Los graduados en Cuba se llevaron escasos buenos recuerdos de aquí, donde  desarraigados, añorando a su familia y su tierra, perdieron la inocencia y se hicieron adultos.

Cuando regresaron con sus diplomas a los campamentos, los familiares de muchos de estos jóvenes ya no estaban. Les fue difícil encontrar a alguien a quien preguntar si todavía vivían, porque en los campamentos del desierto no se muere solo de hambre o enfermedades: hay casos de asesinatos y desapariciones de las que nadie, por miedo, quiere hablar.

Hace años la prensa española narró los casos de Saadani Ouilainie y Galli Ben Taleb, dos muchachas saharauis que luego de pasar los primeros años de su infancia en las infrahumanas condiciones de los campamentos, fueron enviadas a Cuba. Nadie contó con sus padres, que eran “enemigos”: Saadani era hija de un prisionero marroquí, y el padre de Galli, un disidente del Frente Polisario, encarcelado por sus antiguos camaradas, acusado de traición.

Saadani vino a Cuba con ocho años y Galli con 10. Pasaron en Cuba 10 años, sin saber de sus familiares. 

El padre de Galli, luego de pasar 10 años en prisión, enseguida que fue liberado, viajó a La Habana en busca de su hija. Pero no pudo verla. Las autoridades cubanas lo detuvieron en el aeropuerto. Lo acusaron de espía y lo montaron sin miramientos en un vuelo a Madrid. El padre de Saadani murió  (o lo mataron) en prisión. 

Ambas muchachas lograron huir a Mauritania. Galli se reunió con sus padres en Barcelona, Saadani se fue Marruecos. 

En el Sahara Occidental rige la tregua impuesta por el Consejo de Seguridad de la ONU desde 1991. El pasado octubre, la ONU aprobó una resolución para la autonomía del Sahara Occidental bajo soberanía marroquí. Pero el Frente Polisario, que mantiene la sede de su gobierno provisional en Argelia, no renuncia a su testarudo e irreal sueño de implantar una Yamahiria socialista estilo Gadafi, aunque tenga que volver a la guerra y enfrentar a un ejército casi 10 veces superior en número. Y seguir, con su empecinamiento, sin posibilidad alguna de triunfar, prolongando el sufrimiento de las más de 160.000 personas que  hambrientas, hacinadas y sedientas, en los campamentos del Tinduf, sufren los rigores de tintes maoístas de los que dicen luchar por su liberación.

En Cuba ya apenas se habla del Frente Polisario. Los mandamases castristas, que desprecian a los perdedores, si no han acabado de olvidarse del todo de los saharauis, es por no ponerse en mala con Argelia, que tanto petróleo tiene.

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Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.