septiembre 30, 2026

El problema es nuestro, pero solos no podemos

A estas alturas se sabe que el régimen no abandonará el poder porque el pueblo se lo exija mediante catarsis desesperadas en redes sociales.
La población cubana afronta el colapso de la mayoría de los servicios básicos
La población cubana afronta el colapso de la mayoría de los servicios básicos (Foto: CubaNet)

LA HABANA.- Hace algunos días la colega Ana León escribió un texto que tuvo amplia repercusión entre los lectores, donde aseguraba que la solución de la crisis cubana está en nuestras manos. Su publicación, con la cual concuerdo hasta cierto punto, llegó horas después de que el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, emitiera un pronóstico sobre el futuro de la isla que, de acuerdo a su percepción del tiempo, se cumpliría en el corto o mediano plazo; pero para quienes soportan los coletazos terminales de la dictadura instaurada por Fidel Castro hace 67 años, lució como otra promesa lejana.

Si interesante resultó el artículo, no menos puede decirse de los comentarios, entre ellos uno que, sin dejar de reconocer la urgencia de asumir la responsabilidad que nos corresponde, irónicamente reparó en el sinsentido de enfrentar a una población que es puro hueso y pellejo contra una maquinaria militar represiva que encarcela y mata sin el menor escrúpulo. Dicho matiz no busca que se nos victimice como sociedad o que se dé por hecho que estamos esperando a que vengan otros a hacernos un favor que podríamos pagar caro.

A estas alturas se sabe que el régimen no abandonará el poder porque el pueblo se lo exija mediante catarsis desesperadas en redes sociales. Admitir que el problema es nuestro constituye el primer paso que nos lleve a encarar la situación con independencia de la ayuda que pudiera o no llegar. Luego surge la interrogante de cómo puede organizarse un pueblo que, para empezar, está incomunicado. ETECSA aplicó el tarifazo, dolarizó sus servicios y la señal de Internet nunca ha sido peor.

El 11 de julio de 2021 fue lo que fue gracias a las redes sociales, que transmitieron a toda Cuba lo que ocurría en San Antonio de los Baños. Ahora mismo en la isla ninguna variante para comunicarse funciona con eficacia: se caen las videollamadas, no salen los mensajes de texto, un chat de whatsapp llega con horas de retraso, hasta la telefonía fija se paraliza por momentos. La imposibilidad de avisarnos se suma al incremento desmesurado de la vigilancia y el hostigamiento a cualquier ciudadano que exprese públicamente sus críticas al régimen. El poder que ha aniquilado este país invierte hasta el último centavo en garantizar su permanencia, volcando toda su furia y su fuerza hacia adentro, hacia su propio pueblo, mientras le deja el campo libre en Naciones Unidas al dizque “enemigo histórico”.

Nada de sacarle pecho a Donald Trump, cuyo discurso hizo salir a los diplomáticos cubanos con el rabo entre las piernas. La guapería de Estado es para nosotros, los que tenemos que hacernos cargo, aunque no contemos con ningún respaldo institucional para ejercer el legítimo derecho a asociarnos, organizarnos y dar cauce a nuevos modos de conducir la nación. Nosotros, que somos criminalizados por denunciar la falta de agua potable, que nos ganamos la atención indeseada de un agente de la seguridad del estado por hacer pública la dolorosa verdad de que Cuba es un país famélico que muere en la oscuridad, extorsionado por su propio gobierno, sin medicinas, con un sistema de salud colapsado y corrupto. Nosotros, que no tenemos más opción que el silencio o la cárcel, y elegimos el silencio para no dejar caer sobre las ya miserables existencias de nuestros seres queridos el peso de mantener con vida a un preso político, el más vilipendiado de todos dentro del sistema penitenciario cubano, a excepción de aquel que pudo celebrar el término de su condena en una casa de protocolo con piscina y whisky chino, antes de salir al exilio.

A todos aquellos que dicen que esto tenemos que resolverlo nosotros, yo quisiera preguntarles cómo y por dónde empezamos sin que nos metan presos de uno en uno ante los ojos de las democracias occidentales que se toman todo el tiempo del mundo para decidir si mantienen o no el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con una dictadura de las peores que han existido. A los que dicen que nosotros tenemos que buscar la manera, cabe hacerles notar que los propios agentes de la policía política desafían a activistas, periodistas y disidentes a alzarse en armas y subir a la Sierra Maestra si quieren cambiar el estado de cosas. Esa es la respuesta del régimen con el cual la diplomacia occidental pretende dialogar. Por tanto, nadie debería extrañarse ni ofenderse porque tantos cubanos consideren que una intervención de Estados Unidos es lo único que puede sacar a estos matones del poder.   

Si hoy volviera a circular entre los cubanos la encuesta realizada en abril por una veintena de medios independientes, la cifra de personas que apoyarían una intervención militar para derrocar al castrismo sería muy superior. Es fácil tildar de cobarde y abandonar a su suerte a un pueblo que lleva casi siete décadas padeciendo una autocracia, y pretender que ese mismo pueblo aprenda en tiempo récord a ser ciudadano para salvar su vida, como si la vida no fuese lo primero que se debe preservar para luego aprender cuanto haya que aprender. Hablar de ciudadanía a millones de cadáveres potenciales es tan absurdo como construir el socialismo dolarizando la economía. Primero hay que salvar lo que queda de Cuba por la vía que sea, y hacerlo pronto. Queda claro que el problema es nuestro, pero también es evidente que solos no podemos.   

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