Denuncian presuntos desvíos y reparto desigual de ayuda humanitaria en Santiago de Cuba

El recorrido de la ayuda humanitaria ha estado acompañado de denuncias recurrentes de desvíos, distribución desigual y falta de transparencia.
Leche donada por México y destinada a los niños de dos a seis años de edad y embarazadas, según el MINCIN
Leche donada por México y destinada a los niños de dos a seis años de edad y embarazadas, según el MINCIN (Foto: ACN)

SANTIAGO DE CUBA ― Desde principios de 2026, Cuba ha recibido un flujo sostenido de ayuda humanitaria que supera las 3.000 toneladas de alimentos y otros productos básicos, procedentes principalmente de México, Estados Unidos y, en menor medida, de otros países y organizaciones internacionales. Sobre el papel, estos envíos están destinados a aliviar una situación marcada por la escasez prolongada de alimentos, medicamentos e insumos esenciales. 

Sin embargo, el recorrido de esa ayuda —desde su llegada a los puertos hasta su distribución final— ha estado acompañado de denuncias recurrentes de desvíos, distribución desigual y falta de transparencia, con especial intensidad en provincias orientales como Santiago de Cuba.

En redes sociales, en barrios periféricos y sobre todo en las comunidades más afectadas por el huracán Melissa, se repite el mismo patrón: lo anunciado no coincide con lo recibido.

TV Azteca Noticias de principios de marzo documentó que alimentos enviados desde México —como el “frijol del bienestar”— terminaron a la venta en tiendas en divisas vinculadas a GAESA, conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Es decir, productos donados para distribución gratuita reaparecieron en el circuito comercial en dólares.

Mientras tanto, el flujo de ayuda no se ha detenido. Entre enero y abril de 2026, Estados Unidos destinó al menos 10 millones de dólares en asistencia, parte de ella distribuida por la organización católica Cáritas Cuba; México envió cuatro cargamentos con alimentos y productos de higiene; y a finales de abril se sumaron 25 toneladas desde Venezuela. En total, miles de toneladas de arroz, frijoles, leche en polvo, aceite, galletas, enlatados, kits de higiene, etc. 

A mediados de marzo comenzó en Santiago de Cuba la distribución de leche en polvo, arroz, aceite, chícharos y módulos de alimentos básicos dirigidos a niños, embarazadas y otros grupos vulnerables. 

En ese momento, la Empresa Provincial de Productos Lácteos anunció que comenzaría con la distribución del donativo de leche en polvo enviado por México. Su director, Eduardo Griñán Caballero, expresó que hasta esa fecha se habían recibido 42 de las 95 toneladas previstas, “las cuales se distribuían en odo el territorio”.

En teoría, la distribución cubriría un mes de consumo para niños de uno a dos años, 60 días para mujeres embarazadas más un mes adicional para pacientes infantiles con enfermedades crónicas. El resto, unas 52 toneladas, se destinaría a los grupos etarios restantes. Pero, poco después, las quejas comenzaron a aparecer.

Tras la primera entrega, niños de cero a seis años recibieron leche, pero no todos con la misma calidad: mientras a los niños de cero a uno les fue asignada leche entera en paquetes de un kilogramo —y en algunos casos dos—, a los de dos a seis años les entregaron leche blanca, descremada, “con apariencia de talco”, antes asociada a dietas médicas para pacientes con diabetes mellitus. Las quejas no tardaron: el sabor metálico, la mala disolución y los reportes de diarreas en menores se volvieron el eje de las críticas

Aparte de eso, a los niños de cero a seis años solo les dieron tres libras de arroz. En abril, se repitió el esquema con ligeras variaciones: seis de arroz para todos, un litro de aceite para niños de cero a cuatro años y un puñado de chícharos para determinados grupos etarios. Esa vez, los módulos fueron aportados por el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

“Con tantas donaciones que han entrado, aquí dieron arroz y aceite para niños de cero a cuatro. Incluso la leche malísima para los de cero a uno. Más nada”, dijo a CubaNet Isabel Díaz, residente en el municipio de Songo La Maya. Ni allí ni en otros puntos de la provincia aparecieron las confituras y enlatados que fueron distribuidos en la región occidental de la Isla.

El contraste con los reportes oficiales es evidente y mucho tiene que ver con la falta de trazabilidad. Si bien el Ministerio de Comercio Interior (MINICIN) ha anunciado en más de una ocasión mecanismos de seguimiento y “cortes informativos” para transparentar la entrega de estos recursos, en la práctica la información disponible ha sido fragmentaria, hecho que alimenta la percepción de que entre la entrada de la ayuda y su llegada efectiva a los beneficiarios existe una distancia difícil de verificar, tanto en términos de cantidades como de destino final.

En paralelo, otro fenómeno alimenta la desconfianza: la presencia de estos mismos productos en el mercado informal de la provincia. Coincidiendo con la fecha de la distribución de donativos, comenzaron a venderse en Santiago paquetes de leche entera hasta en 3.000 pesos en plataformas como Revolico. También sacos de 25 kilogramos de leche en polvo —de marcas como Ridel— alcanzaron precios de hasta 60.000 pesos. Pero no eran ventas domésticas aisladas, sino volúmenes mayoristas que sugieren desvíos desde los puntos de almacenamiento.

Esto reafirmó la teoría de que la leche donada había sido cambiada por un producto nacional de peor calidad, puesto de que la Ridel tiene un 28 por ciento de materia grasa.

La sospecha popular tiene fundamento. Cuando el MINICIN anunció el inicio de la distribución de la leche, el producto que acompañó visualmente la comunicación oficial fue la misma leche en polvo de la marca Ridel.

(Captura de pantalla)

“No es que alguien vendió un paquete porque necesitaba dinero; esto es en cantidad. Esa leche no sale de las casas, sale de los almacenes”, dijo a CubaNet Brunilda Torres, residente en el reparto Sueño, de la ciudad de Santiago de Cuba.

A todo esto se suma la desigualdad territorial. En zonas urbanas la distribución fue ligeramente más amplia, mientras comunidades periféricas recibieron menos o quedaron fuera. Por ejemplo, en lugares como El Francés, devastado por el huracán, familias que perdieron sus viviendas aseguran no haber recibido ayuda suficiente ni para alimentación ni para reconstrucción.

“Lo perdieron todo y no les ha llegado nada, ni siquiera lo que dijeron que era para los afectados”, aseguró Brunilda Torres sobre sus familiares residentes en El Francés.

Los pacientes oncológicos también han sido excluidos de las ayudas en el territorio santiaguero, según denunció el usuario identificado como Manuel Francisco Mengana, quien comentó el anuncio del MINCIN de 13 de marzo pasado en Facebook. “Las dietas de cáncer no las dieron más, después que lo dimos todo. Ahora como somos viejitos no se preocupan, ya no nos reconocen el esfuerzo pasado”, escribió el internauta. 

A su comentario respondió la usuaria Mercedes López: “La dieta hace tiempo que no nos la dan, nada de nada. No se acuerdan de los pacientes que necesitamos la dieta. Veremos qué nos dan por adulto mayor vulnerable, porque no se puede seguir así”. 

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