enero 26, 2026

Cubazuela, una lectura imprescindible y otras lecciones por aprender

“Un error en Venezuela será un error geopolítico de la comunidad democrática internacional a escala planetaria”
Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel
Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel (Foto: Presidencia Cuba)

PUERTO PADRE, Cuba – Premonitoria, en 2019 la Foundation for Human Rights in Cuba, con sede en Miami, publicó Cubazuela, crónica de la invasión cubana, obra de un colectivo de periodistas e investigadores integrado por Rolando Cartaya, Juan Antonio Blanco, Luís Domínguez y Casto Ocando, que es, sin dudas, un análisis que por estos días constituye una lectura imprescindible para comprender desde el punto de vista histórico, sociológico y en suma de las ciencias políticas, el complejo escenario de transición del autoritarismo a la democracia que vive Venezuela hoy.

No quiero escribir, periodísticamente hablando, una reseña de esta monografía primero que todo, porque el libro no necesita de bastón ni de muletas para abrirse camino y nada más con abrirlo echa a andar por sí mismo, y puede comprobarlo el lector, el libro está en Amazon, o descargándolo en https://drive.google.com/file/d/1v9tTaS0Od-ToU5MwH3hq-JHCCEb2Jc/view.

“Un error en Venezuela será un error geopolítico de la comunidad democrática internacional a escala planetaria”, dijo Cubazuela, cuando ni por asomo, estaban a la vista los acontecimientos del pasado 3 de enero, que condujeron a la captura de Nicolás Maduro y a que Delcy Rodríguez asumiera la presidencia interina con beneplácito de la administración Trump, afirmándose en el libro:

“La crisis de Venezuela está siendo analizada bajo falsas narrativas, y la primera de esas falsas narrativas es considerar al régimen de Maduro como un gobierno dictatorial cuando en la práctica es una colonia del régimen totalitario cubano, controlado por un grupo criminal transnacional asociado a organizaciones terroristas como las FAR, el ELN y Hezbollah.”

Respecto a esa aseveración, lo confieso. Los sucesos geopolíticos ocurridos por estos días de Norte a Suramérica y a caballo sobre el Caribe, me recuerdan al general Douglas MacArthur, al emperador Hirohito y al Japón derrotado y ocupado por Estados Unidos tras la II Guerra Mundial. Pero me alarma, sí, y me hacen dudar sobre el éxito o el fracaso de este trebejo porque ni es el mismo juego de ajedrez ni parecido el contexto histórico, ni semejanzas tienen los protagonistas de aquellos anales de la historia universal en sus caracteres temperamentales o flemáticos con los sucesos producidos recién comenzó 2026 en Venezuela, y cuyos personajes principales son el presidente Donald Trump de Estados Unidos y Delcy Rodríguez, otrora vicepresidenta de Nicolás Maduro, ahora presidente interina del régimen venezolano a quien, quizás, la administración Trump dando prioridad a evaluaciones de inteligencia que caracterizan a la señora Rodríguez como persona “pragmática”, no ha evaluado esa situación operativa según el prisma del opúsculo Cubazuela, que va más allá de la apreciación individual para abarcar a todo un sistema desestabilizador de la región ya por más de 60 años.  

Según ya dije en el artículo, Intervención militar cubana en Venezuela: los muertos la confirman, “mediante una operación combinada de fuerzas especiales y de inteligencia de Estados Unidos, (que, sin dudas durante muchos años será objeto de estudio en las academias militares del mundo) se produjo la extracción de la fortaleza donde era protegido por militares cubanos en Caracas, Nicolás Maduro Moros, usurpador en su país de las elecciones de 2024 e imputado de narcoterrorismo por la jurisdicción penal de Nueva York”.

Ahora debemos añadir que, si la diplomacia de la administración Trump tiene éxito, del mismo modo que las escuelas militares estudiarán hasta en sus más mínimos detalles la Operación Resolución Absoluta, sin dudas, también las academias de ciencias políticas del mundo incorporarán en sus planes de estudio, cómo, y de qué manera, una potencia económica y militar del rango de Estados Unidos, hizo para sin ocupar militarmente a Venezuela, hacer que sean precisamente los mismos dirigentes del régimen despótico que empantanaron en una crisis económica y sociopolítica sin precedente a ese país, pese a sus recursos naturales que recuerdan un Potosí, sí, sean ellos mismos, los hacedores del mal, (como en Japón el emperador Hirohito conducido por el general MacArthur) quienes conduzcan a esa nación fragmentada, (al menos durante un trimestre) por los primeros estadios  de la transición hacia la democracia, desmontando el basto (por desmesuradamente incivil) entramado del régimen tiránico fundado por Hugo Chávez y Fidel Castro y continuado por Nicolás Maduro y Raúl Castro con el apoyo material y político de China, Rusia, Irán y de organizaciones guerrilleras y del crimen internacional organizado.

Pero decía yo al periodista Rolando Cartaya cuando fraternalmente y cual “regalo” del Día de Reyes Magos me espoleó para que escribiera este articulo, “porque se ignora cómo se hizo el castrismo del control de un país mucho más grande”, pues decía yo a Cartaya que, “tengo mis dudas respecto a que Delcy Rodríguez haga lo que dice Trump”.

Un simple pronóstico sustentado en antecedentes de otras crisis, – como el fracaso al emplazar misiles nucleares en la Isla que llevó las líneas defensivas de Cuba a África – permiten colegir que, por mera supervivencia, Raúl Castro no va a aceptar (por las buenas), cambios como los que espera la administración Trump del “interinato” de la señora Rodríguez, no debiendo olvidarse, nunca, que si los militares cubanos fueron derrotados en Venezuela la madrugada del 3 de enero, aún así, permanece intacta la capacidad continental del régimen totalitario castrocomunista en su disposición y preparación para generar conflictos sociales, políticos y subversión general no sólo en Venezuela sino también en otros países. Y para realizar operaciones así cuentan con agentes de influencia “sembrados” en no pocos lugares del mundo, se sabe, incluso dentro de Estados Unidos.

Decía mi padre que la forma más rápida de perder en una pelea o en un negocio, era cuando uno subestimaba al otro.

Mi padre, que murió a los 90 años, cumpliría 100 años este 26 de enero y personalmente aplico ese consejo de mi viejo en todos los actos de mi vida, por lo que ahora, y por interés público, digo que nos quedan lecciones por aprender, como esa, en que erróneamente se ha dicho y redicho por estos días que acabando con el régimen de Venezuela, se acaba el castrocomunismo en Cuba.

No. El castrocomunismo no es una ideología. El castrocomunismo es un prosaico y negrero negocio transnacional disfrazado de socialismo. Un modus vivendi, donde clases privilegiadas por el poder político totalitario, viven a costo de las miserias de las plebes adoctrinadas para la anuencia y el aplauso.

Y, según bien dice en Cubazuela, “un error en Venezuela será un error geopolítico de la comunidad democrática internacional a escala planetaria”, pero nunca se subestime que por omisión, ese error se incubaría en Cuba antes de su eclosión en Venezuela.

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Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló (Puerto Padre, Oriente, Cuba 1956) Licenciado en Derecho y en Ciencias penales, graduado de nivel superior en Dirección Operativa. Aunque oficial del Ministerio del Interior desde muy joven, incongruencias profesionales con su pensamiento ético le hicieron abandonar por decisión propia esa institución en 1989 para dedicarse a la agricultura, la literatura y el periodismo. Nominado al Premio de Novela “Plaza Mayor 2003” en San Juan Puerto Rico, y al Internacional de Cuentos “ Max Aub 2006” en Valencia, España. Su novela "Bucaneros" puede encontrarse en Amazon.

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