LA HABANA.-Después de cuatro horas en la cola, Irene pudo extraer cinco mil pesos de su cuenta bancaria. Quería sacar casi el doble de esa cantidad, lo que constituía su salario de un mes y medio como profesora de una escuela secundaria, pero en la sucursal 322 del Banco Metropolitano, situada en el Wajay, así como en la mayoría que existen en La Habana, el límite de extracción de efectivo casi no varía, e igualmente ha quedado fijado desde hace más de un año en los cinco mil pesos. Eso no cambia ni siquiera en los días cuando, por los volúmenes de dinero con que salen del banco esos que Irene identifica como “clientes con privilegios” (presuntamente, dueños de mipymes, amistades del personal bancario), es evidente que hay mayor disponibilidad que la declarada por la entidad.
“No hacen la cola. Saludan al portero, inmediatamente los dejan pasar sin importarles que protestemos, y sin ocultar los fajos de billetes, todos de 500 y de 1000, porque saben que las quejas no prosperan, que la práctica se ha vuelto normal y que, si les da la gana, cuando te toca el turno te dicen que se cayó la conexión o que no hay más efectivo”, asegura Irene. Además, ella advierte que ya una vez cierta trabajadora del mismo banco le había ofrecido permitirle extraer un poco más de lo establecido, aunque solo si ella accedía a pagar, “por el favor”, un cinco por ciento de la cantidad total.
“Me niego a pagar por sacar mi dinero. Ese es mi salario”, agrega Irene. “Lo que más me molesta es que cuando dices que no, hasta se ríen en tu cara. (…) Era cinco por ciento por sacar más de cinco mil, y ocho por ciento si lo quería en billetes grandes. Ni loca pago eso. (…) Logré sacar cinco mil pesos, todos en billetes viejos de 10 y 20 (pesos). Y aunque la cajera tenía fajos de 200, 500 y 1000, me obligó a llevar ese bulto de dinero, porque ya ni siquiera puedes elegir. Es así o nada”, sentencia muy enfadada la mujer, casi en edad de jubilación.
Una situación similar es descrita por Norberto, un jubilado del Ministerio de la Construcción que afirma dedicar todos los meses hasta una semana en la “odisea” de intentar extraer el dinero de su pensión, de apenas 3.800 pesos (poco más de siete dólares al cambio actual en la calle), que es lo que le queda luego de los descuentos que le realiza el Banco Metropolitano por una deuda que arrastra desde 2008, sobre un préstamo recibido ese año como “estímulo laboral” para reparar su vivienda.
Todos los primeros días del mes, desde hace más de un año, Norberto dice levantarse a las cuatro de la mañana para marcar en la cola de la sucursal 300 del Banco Metropolitano situada en la Calzada de Diez de Octubre y Lacret, en La Habana.
“Llevo el almuerzo en un pozuelo”, nos cuenta Norberto. “Así lo hacemos algunos en la cola porque pueden ser más de ocho horas esperando. Se cae la conexión, no hay luz, o porque hay que esperar a que alguien deposite para poder extraer, o porque algún amigo de ellos llega y se lleva todo el efectivo (…). Para esos no hay límites ni les tocan los billetes viejos. Llegan en sus carros, no preguntan ni el último de la cola. Entran como los dueños del banco y se van con fajos de billetes de 1000. Todo el mundo sabe que ahí venden el efectivo, pero la policía no se mete porque está de acuerdo con los del banco o porque sabe que son de su mismo bando o hijos de papá, que hacen lo que les da la gana. Posiblemente ni paguen nada”, asegura el anciano, obligado a extraer el efectivo ya que no cuenta con un teléfono para anclar su cuenta bancaria a una aplicación de pago en línea.
“Muchos de los que estamos en esto de madrugar aquí es porque no podemos darnos el lujo de comprar un teléfono”, apunta Norberto, y agrega: “te dicen así de fácil que pagues por Transfermóvil, que si la bancarización y eliminar el efectivo, pero ¿es que no se dan cuenta de que con un salario o una jubilación no alcanza para un teléfono? Y aunque lo tuvieras casi nadie acepta transferencia, ni el propio Estado. ¡Llégate a la bodega o la panadería (estatales) y trata de pagar con tarjeta!”, concluye lanzándonos el reto.
Un fenómeno generalizado e institucionalizado
En un recorrido por varias sucursales del Banco Metropolitano en la capital pudimos comprobar que lo descrito por Irene y Norberto no son situaciones excepcionales sino un fenómeno generalizado, que probablemente se extienda por todo el sistema bancario cubano.
En sucursales del Banco de Crédito y Comercio, así como en varias CADECAS (casas de cambio), la venta de efectivo por parte del personal que allí labora se ha normalizado, tanto así que las propuestas de cobrar al cliente entre el cinco y el 10 por ciento surgen en las propias ventanillas de las cajas como si fuese un servicio oficial de la entidad.
En la sucursal 254, situada en Belascoaín, entre San Rafael y San José, en el municipio Centro Habana, el porcentaje incluso asciende hasta el 20 por ciento (por billetes nuevos de alta denominación), y los límites de extracción no existen para quienes puedan pagar esas cantidades. Igual sucede en la sucursal 248, en el edificio FOCSA, en el Vedado, así como en varias de Plaza, Playa, Diez de Octubre, Centro Habana y Habana Vieja.
“Es el 15 por ciento cuando son billetes de 500 y 1000, nuevos. Si quieres extraer más de 20 mil, es el 20 por ciento”, nos dijo con naturalidad una cajera de una de las entidades recorridas cuando le solicitamos extraer una cantidad que sobrepasaba los límites oficiales. Incluso nos dio la opción de pasar a recoger el dinero una vez que cerrara el banco, “para no llamar la atención”, puesto que fuimos uno de esos tantos días en que, contradictoriamente, no contaban con efectivo para realizar extracciones, o al menos fue eso lo que dijeron a las personas que esperaban fuera, al sol, y durante días.
Varios porteros de los bancos donde estuvimos, como intermediarios entre los posibles clientes y las cajeras, igual nos hicieron sus ofertas con porcentajes de interés muy similares: cinco, para extraer más de cinco mil; y entre 8 y 10 para recibir billetes de alta denominación. “A fin de cuentas”, nos dijo uno de ellos, “en la calle la gente está vendiendo el efectivo al 15 por ciento, por lo bajito”.
Dinero en efectivo, una mercancía más
Aunque es difícil encontrar en la calle, en cualquier esquina, a vendedores clandestinos de dinero en efectivo, lo cierto es que las redes sociales, sobre todo Facebook, WhatsApp y Telegram, están repletas de grupos de compra-venta, de todas las provincias del país, donde ciertamente las ofertas rondan esos porcentajes elevados.
Por los comentarios en las publicaciones, se vuelve evidente la alta demanda de esta nueva “mercancía” ante la escasez de dinero en efectivo y por causa de los límites de extracción, excesivamente bajos para un contexto de hiperinflación donde cinco mil pesos se quedan muy por debajo de lo que una sola persona necesita para alimentarse diariamente, comprar medicamentos, pagar el transporte público y demás servicios básicos.
“Conocemos, por sondeos realizados, de personas que regularmente sacrifican por obligación hasta un 20 por ciento del salario y las pensiones para pasar dinero de la tarjeta a efectivo”, advierte, bajo condición de anonimato, un especialista del Centro de Estudios de la Economía Cubana que ha investigado el tema. “Estamos hablando de un por ciento significativo de los ingresos, pero sobre todo de personas que estarían entre la población más vulnerable, ya sea porque esos ingresos son demasiado bajos o sus condiciones físicas o intelectuales no les permiten adquirir y manejar eficientemente un teléfono para usar las pasarelas de pago. (…) Tampoco la buena salud los acompaña para mantenerse horas en una cola, y no tienen más remedio que comprar el efectivo. Es un fenómeno al que, a pesar de no ser tan nuevo, no le están prestando la atención que requiere, y se trata de decenas de miles de personas en esa situación, según las investigaciones más recientes, que hablan de entre el 35 y el 40 por ciento, tan solo entre las personas mayores de 60 años. (…) Muchas de ellas es posible que cuenten con algún tipo de teléfono, perfecto, pero no todos son aptos para que en ellos corra una aplicación de pago en línea”, explica el también profesor de la Universidad de La Habana.
Como ejercicio docente y sin ningún vínculo con instituciones del Gobierno, Yordanis Martín, estudiante de Economía de la Universidad de La Habana, ha participado en investigaciones sobre el tema del efectivo. De acuerdo con sus pesquisas, la venta de este en los bancos, en poco tiempo ha pasado de ser una violación de las normas a una ilegalidad tolerada, en algunos casos estimulada, si no por la propia institución, al menos por los directivos de la mayoría de las entidades bancarias del país.
“Nos encontramos con directivos de esas mismas sucursales que reconocen la venta de efectivo en sus entidades y la justifican”, explica Martín, y añade más adelante: “no existe un decreto o normativa interna o general, ni del Banco Central, que autorice la venta de efectivo, pero se justifican precisamente en la escasez y, en ese sentido, en la necesidad de destinar el poco que existe a las empresas no estatales que lo requieren para continuar funcionando. Me han dicho así, sin asombro, además de que los límites de extracción sirven para obligar a la gente a usar las pasarelas de pago y restringir los servicios directos en caja a determinados clientes priorizados. Es decir, que no existe un decreto pero sí una situación de permisibilidad institucional. Pueden hacerlo, pero que nadie diga que lo autorizamos”.
El descontrol como estrategia de control
En conversación con dos funcionarios del Ministerio de Finanzas y Precios y uno del Banco Central de Cuba, cuyas identidades protegemos, estos reconocieron la venta de efectivo como una “práctica tolerada” y que, además, los beneficia internamente. Aunque de igual modo han aceptado que en algunas sucursales el asunto “se ha ido de las manos”, al punto de funcionar como verdaderos “bancos particulares”, “más conectados con el sector privado que con el propio Banco Central”, de acuerdo con lo dicho por una de las fuentes consultadas.
“Puedo decir, sin temor a errar, que existe un grupo reducido de personas que actúa como élite financiera y hasta como mafia”, afirma uno de los funcionarios, y prosigue: “personas que mueven más dinero que todas las instituciones estatales juntas. (…) En los bancos nuestros, tan solo con el negocio clandestino de la venta de divisas y del efectivo, ha surgido una especie de entidad privada, totalmente dependiente de ese grupo, y que para nada son delincuentes ni algo parecido sino los mismos dueños de grandes negocios, todos identificados con el Gobierno o integrados de alguna forma con él. (…) No puedo ponerte un caso más ilustrativo que el de Alejandro Gil, con la desdicha de que la competencia lo echó a un lado, y en esa competencia están los de siempre, los intocables como Guillermo García Frías, Machado Ventura o el propio Raúl Castro, ellos directamente o a través de sus hijos y nietos”.
Otro de los funcionarios entrevistados para este reportaje señaló más causas, además de la anterior, que generaron la decisión de “tolerar” la venta de efectivo en los bancos cubanos.
“La falta de confianza en los bancos. En buena medida eso ha contribuido a que hoy por hoy haya más dinero en los llamados bancos de la calle que en nuestras bóvedas”, advierte el funcionario. “Los últimos billetes nuevos que se pusieron en circulación en Cuba lo hicieron a finales del año pasado (2025). Todos de mil pesos. La mayor parte fue impresa en China y el resto en Rusia y Bielorrusia. Todas son impresiones de la más baja calidad, pero fue necesario hacerlas precisamente para este contexto donde se mueven los nuevos actores económicos. Porque hay una realidad: son los que más necesitan los billetes de alta denominación. (…) Al manejarlos en grandes cantidades, y en un mismo círculo cerrado, el deterioro es menor. Si ese efectivo se sacara a la calle para el pago de salarios y pensiones, el deterioro físico se acelera, y en un par de años habría que imprimir más. Por eso se ha establecido, como una especie de orden a discreción, reservarlo para grandes extracciones y para determinadas personas”, concluye el funcionario.
Pero lo que pudiera haber comenzado como una estrategia de control, implementada a pequeña escala, con la “noble” finalidad de prolongar la vida útil de los billetes más frescos con que contaba el Banco Central de Cuba, ha terminado en total descontrol, en caos, y en un mercado informal de dinero en efectivo de proporciones gigantescas, levantado sobre las ruinas de lo institucional, así como ha sucedido con el resto de las mercancías y servicios que se comercializan en la clandestinidad de las calles e instituciones cubanas.









