MIAMI, Estados Unidos ― La exposición “La prisión invisible. Artistas presos en las Américas”, que reunió en Washington obras y testimonios de 12 creadores cubanos encarcelados por motivos políticos, celebró este jueves su acto de clausura con la proyección del documental Cuba y la noche y un debate sobre la represión contra la creación artística en la Isla.
El encuentro tuvo lugar este jueves en el Art Museum of the Americas, institución de la Organización de los Estados Americanos (OEA), según informó el Observatorio de Derechos Culturales (ODC), una de las organizaciones vinculadas al proyecto. La muestra, inaugurada el 29 de abril y abierta al público hasta el 11 de julio, fue curada por Anamely Ramos y Adriana Ospina.
Tras la exhibición de Cuba y la noche, del director cubano Sergio Fernández Borrás, se desarrolló una conversación moderada por Christina Fetterhoff, del Instituto Internacional sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos. Participaron Pedro Vaca, relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH); el propio Fernández Borrás; y Ramos, historiadora del arte, activista y miembro del ODC.
Durante su intervención, Ramos presentó además el primer fanzine de una colección en desarrollo dedicada a divulgar la obra de artistas encarcelados en Cuba.
La organización afirmó que el encuentro reafirmó “la importancia de perder el miedo, crear comunidad y fortalecer la articulación entre quienes resisten la opresión desde el arte, la memoria y la defensa de los derechos humanos”.
La exposición reunió piezas de Luis Manuel Otero Alcántara, Maykel Castillo Pérez (Maykel Osorbo), Fernando Almenares Rivera (Nando OBDC), Yasmany González Valdés (El Libre), María Cristina Garrido Rodríguez, Juan Enrique Pérez Sánchez, Duannis Dabel León Taboada, Kamil Zayas y Ernesto R. Medina —integrantes del proyecto El 4tico—, Leonard Richard González Alfonso, Virgilio Mantilla Arango, Dayán Gustavo Flores Brito y Eliezet Sesma Diago.
Las obras, testimonios y documentos expuestos fueron creados en prisión o estuvieron directamente relacionados con el encarcelamiento de sus autores. El proyecto surgió del trabajo de documentación desarrollado durante años por el ODC junto a los artistas y sus familiares, incluidas piezas extraídas de las cárceles cubanas y materiales transmitidos mediante fotografías y otros canales informales.
Entre los objetos exhibidos figuraron dibujos, poemas, canciones, cartas, cuadernos, videos y esculturas elaboradas con materiales disponibles en prisión. La muestra incluyó, entre otras piezas, cuadernos y esculturas de Yasmany González, dibujos de Leonard Richard González, poemas y canciones de Dayán Flores, obras de María Cristina Garrido y Fernando Almenares, y trabajos de Otero Alcántara sacados clandestinamente de la prisión de máxima seguridad de Guanajay.
“La prisión invisible” fue impulsada y auspiciada por la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH, presentada por el Art Museum of the Americas y acompañada por el Instituto Internacional sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos. El trabajo curatorial previo estuvo a cargo del Observatorio de Derechos Culturales.
El documental proyectado durante la clausura reconstruye, principalmente mediante videos grabados con teléfonos móviles, la movilización de artistas y activistas cubanos frente a la represión estatal. Su relato tiene como una de sus figuras centrales al rapero Denis Solís, cuya detención en noviembre de 2020 desencadenó la protesta y posterior huelga de hambre de integrantes del Movimiento San Isidro.
La película, de 100 minutos y coproducida entre Cuba, España y Colombia, obtuvo en junio el Premio Tim Hetherington del Sheffield DocFest, concedido a producciones que destacan por su narrativa humanitaria. El jurado la describió como una obra “incendiaria, cruda y desafiante frente a la opresión” y destacó que muestra el poder de una cámara telefónica y una transmisión en directo cuando un Gobierno intenta silenciar y censurar a sus ciudadanos.
Para el ODC, la exposición constituyó el primer resultado público de un proceso más amplio de documentación destinado a preservar la memoria de los artistas presos y situar sus obras dentro de la cultura cubana contemporánea, no como piezas aisladas por el presidio, sino como testimonios de la censura, la represión y la resistencia frente al sistema político de la Isla.










