
¿Hace falta un Bukele en Cuba?
Los escucho en la calle, los leo en comentarios en las redes sociales. Aseguran que “aquí en Cuba lo que hace falta es un Bukele”.

Los escucho en la calle, los leo en comentarios en las redes sociales. Aseguran que “aquí en Cuba lo que hace falta es un Bukele”.

El derroche de combustible y los privilegios de la cúpula gobernante contrastan con la oscuridad y las carencias que enfrenta la población cubana en medio de la crisis energética.

En una Cuba marcada por la escasez, el hambre deja de ser una cifra o una abstracción.

Los heraldos de la miseria socialista disfrazan su huida hacia las sociedades de consumo que tanto critican, lejos del desastre que ayudaron a prolongar.

La sociedad cubana se ha dividido entre los que tienen dólares para vivir y quienes están obligados a intentar sobrevivir con el devaluado y casi inservible peso cubano.

Autoritario, inflexible y defensor de la violencia revolucionaria, el Che Guevara sigue siendo venerado por la izquierda mundial, pese a sus fracasos.

Las elecciones brasileñas y el adelanto de los comicios españoles recuerdan una diferencia fundamental: en democracia, los ciudadanos pueden reemplazar a sus gobernantes; en Cuba, esa posibilidad continúa negada.

Lo que llaman “defender la revolución al precio que sea necesario” (y entiéndase que con “revolución” se refieren a ellos mismos) es precisamente justificar toda su perversidad.

Tras 15 años en la empresa estatal, el técnico describe una red envejecida, fugas constantes, escasez de piezas y combustible, y brigadas obligadas a trabajar con recursos mínimos.

Varios amigos me dicen, con resignación, que su único consuelo es que ya van de salida y que nadie les quita lo vivido. Pero les preocupa, y mucho, el mundo en que tendrán que vivir sus hijos y sus nietos. Y no es para menos.

Los escucho en la calle, los leo en comentarios en las redes sociales. Aseguran que “aquí en Cuba lo que hace falta es un Bukele”.

El derroche de combustible y los privilegios de la cúpula gobernante contrastan con la oscuridad y las carencias que enfrenta la población cubana en medio de la crisis energética.

En una Cuba marcada por la escasez, el hambre deja de ser una cifra o una abstracción.

Los heraldos de la miseria socialista disfrazan su huida hacia las sociedades de consumo que tanto critican, lejos del desastre que ayudaron a prolongar.

La sociedad cubana se ha dividido entre los que tienen dólares para vivir y quienes están obligados a intentar sobrevivir con el devaluado y casi inservible peso cubano.

Autoritario, inflexible y defensor de la violencia revolucionaria, el Che Guevara sigue siendo venerado por la izquierda mundial, pese a sus fracasos.

Las elecciones brasileñas y el adelanto de los comicios españoles recuerdan una diferencia fundamental: en democracia, los ciudadanos pueden reemplazar a sus gobernantes; en Cuba, esa posibilidad continúa negada.

Lo que llaman “defender la revolución al precio que sea necesario” (y entiéndase que con “revolución” se refieren a ellos mismos) es precisamente justificar toda su perversidad.

Tras 15 años en la empresa estatal, el técnico describe una red envejecida, fugas constantes, escasez de piezas y combustible, y brigadas obligadas a trabajar con recursos mínimos.

Varios amigos me dicen, con resignación, que su único consuelo es que ya van de salida y que nadie les quita lo vivido. Pero les preocupa, y mucho, el mundo en que tendrán que vivir sus hijos y sus nietos. Y no es para menos.
