
La Seguridad del Estado me dejó plantada
Ni siquiera la policía política funciona en estos momentos como la maquinaria bien engrasada que solía ser.

Ni siquiera la policía política funciona en estos momentos como la maquinaria bien engrasada que solía ser.

La salida de empresas vinculadas a los militares no necesariamente significa una pérdida de poder. Podría ser el paso previo para convertir a los administradores del régimen en propietarios de facto.

Entre la escasez de materiales, la falta de mano de obra y los elevados precios, reparar una simple avería doméstica en Cuba puede convertirse en una pesadilla.

Pues, si Washington está abierto a una “situación negociada que ponga a Cuba en un camino hacia la democracia, la prosperidad, la libertad y la normalidad”. No sucede lo mismo en La Habana.

La falsedad del “progresismo” de la izquierda es la misma del sentido de la Historia.

Cada día se hace más evidente que el único lenguaje que entiende el régimen es el de la fuerza.

La noticia de militares estadounidenses y cubanos posando profesionalmente, casi cuales par, le dio la vuelta al mundo con opiniones chocadas.

Es oportuno recordar el conflicto de Veiga con Oswaldo Payá, el líder del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) y gestor del Proyecto Varela.

Algo está a punto de pasar y posiblemente no pase lo que la mayoría esperamos, que es el fin de la dictadura. No está de más recordar, para comprender lo fácil que puede mutar para salvarse.

Entre versos, apagones y arroz cocinado en casas ajenas, esta crónica retrata un país donde la luz también se convirtió en privilegio.

Ni siquiera la policía política funciona en estos momentos como la maquinaria bien engrasada que solía ser.

La salida de empresas vinculadas a los militares no necesariamente significa una pérdida de poder. Podría ser el paso previo para convertir a los administradores del régimen en propietarios de facto.

Entre la escasez de materiales, la falta de mano de obra y los elevados precios, reparar una simple avería doméstica en Cuba puede convertirse en una pesadilla.

Pues, si Washington está abierto a una “situación negociada que ponga a Cuba en un camino hacia la democracia, la prosperidad, la libertad y la normalidad”. No sucede lo mismo en La Habana.

La falsedad del “progresismo” de la izquierda es la misma del sentido de la Historia.

Cada día se hace más evidente que el único lenguaje que entiende el régimen es el de la fuerza.

La noticia de militares estadounidenses y cubanos posando profesionalmente, casi cuales par, le dio la vuelta al mundo con opiniones chocadas.

Es oportuno recordar el conflicto de Veiga con Oswaldo Payá, el líder del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) y gestor del Proyecto Varela.

Algo está a punto de pasar y posiblemente no pase lo que la mayoría esperamos, que es el fin de la dictadura. No está de más recordar, para comprender lo fácil que puede mutar para salvarse.

Entre versos, apagones y arroz cocinado en casas ajenas, esta crónica retrata un país donde la luz también se convirtió en privilegio.
