MIAMI, Estados Unidos. – La periodista de medios oficiales cubanos Arleen Rodríguez Derivet, subdirectora del espacio Mesa Redonda y amiga cerca del gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel, reaccionó este martes a la polémica desatada por sus declaraciones sobre José Martí y la electricidad con una disculpa parcial y un giro discursivo hacia la confrontación política.
Aunque aseguró en un comentario de Facebook haberse disculpado esta mañana en su programa radial, la vocera oficialista evitó concentrarse en el contenido de la crítica pública y, en su lugar, retrató el episodio como una operación de odio de adversarios políticos, a quienes acusó de insultarla y “arrastrar” su nombre y a quienes, además, sometió a un interrogatorio ideológico.
En su publicación, Rodríguez Derivet afirmó que no venía a defenderse “porque sobra[ba] intentarlo”, pero de inmediato se situó en un plano de justificación, al recalcar que su frase fue “más como comentario de charla informal que como afirmación”. Según su versión, lo que dijo fue que Martí “que no conoció la electricidad, escribió sin ella cosas que ni con toda la luz del mundo escribiremos nosotros”.
Rodríguez Derivet reconoció el error histórico, pero evadió el centro de las críticas: sus declaraciones tildadas de “cínicas” por la grave crisis energética que atraviesa la Isla y su presunto “desprecio” a los cubanos, quienes soportan hasta 20 horas o más de apagón al día, en dependencia de la región del país donde vivan.
El movimiento central de la reacción es político: convirtió una controversia sobre rigor y discurso público en una disputa de bandos. A los que la “quieren” les ofrece explicación y disculpa; a quienes la “odian” les atribuye la crítica “sin más razón que la sinrazón de militar en la acera contraria de sus ideas políticas”.
Desde ese marco, la polémica deja de ser un debate sobre una afirmación concreta y pasa a ser, en su versión, una expresión de hostilidad partidista. En el mismo tono, criticó el “debate alimentado por el odio”, al que dice “odiar”, pero al mismo tiempo formula una batería de preguntas que no buscan aclarar el hecho original, sino colocar a sus críticos en el banquillo: “¿Ya se pronunciaron (…) contra el asalto a Venezuela (…)?”; “¿Ya publicaron algo siquiera para denunciar cómo Trump y Rubio (…)?”; “¿Ya se pronunciaron contra los asesinatos de ICE (…)?”.
La estrategia es evidente: desplazar el centro de la polémica hacia una lista de causas y enemigos, y sugerir que quien la critica no tiene autoridad moral si no comparte esas posiciones.
La publicación también sugiere una teoría sobre la circulación tardía del fragmento: “¿Por qué ahora si el programa fue transmitido varias veces por RT [Russia Today] hace tres meses?”. Sin aportar evidencias, insinuó que hay intencionalidad en el rescate de la frase. Más adelante reforzó esa idea al ligar el episodio a la Marcha de las Antorchas: “¿O será (…) que hay que desviar la conversación contra nosotros para que no se vea (…) la Marcha de las Antorchas, antiimperialista como Martí (…)?”. En esa formulación, la crítica no solo sería injusta: sería funcional a una operación “contra nosotros”. El efecto es doble: se victimiza y, al mismo tiempo, se blinda ante cuestionamientos, porque los enmarca como parte de una campaña.
Con su comentario, Rodríguez Derivet estaba respondiendo a la publicación de un colega suyo, el periodista, también vocero oficioso del gobierno cubano, Abdiel Bermúdez Bermúdez, quien publicó este martes un mensaje de respaldo que, por un lado busca la contención y, por el otro, ataca de manera preventiva a los críticos.
Bermúdez admitió el error —“Arleen se equivocó”— pero centró el énfasis en el linchamiento: habló de “asesinato de reputación” y hasta recurrió a una descalificación (“la flatulencia de los odios ajenos”). Su defensa se apoyó más en la lealtad y en la épica del asedio que en una evaluación periodística del hecho.
Un punto relevante de su apoyo es la normalización de la cercanía al poder como parte del expediente público de la comunicadora: “Arleen no se ha callado su amistad con el presidente, mucho antes de 2018”. En un ecosistema mediático donde la independencia editorial es un indicador clave de credibilidad, la “amistad con el presidente” no es un detalle menor; y Bermúdez la presenta no como conflicto de interés, sino como prueba de transparencia personal.








