Anna Bensi: un teléfono y una sonrisa contra Goliat

Cuando un Estado arremete de esta manera contra sus mejores hijos, está condenado a desaparecer.
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Apoyo a Anna Bensi en las afueras del tribunal. (Foto: CubaNet)

LA HABANA, Cuba.- Durante décadas la propaganda revolucionaria usó y abusó de cierta analogía entre Cuba y el héroe bíblico David para ensalzar el coraje de la pequeña isla frente al poder de los Estados Unidos, un Goliat geopolítico implacable al que había que resistir a toda costa. Con el tiempo los roles se han desplazado. La gran Antilla y su vecino del norte siguen enfrentados, pero la verdadera guerra se libra hoy entre los filisteos del régimen instaurado por Fidel Castro y el pueblo cubano, al que no le sobran héroes, pero al que le ha sido dado un nuevo David, esta vez con signo de chica, una joven influencer armada únicamente con su palabra, su sonrisa y, en lugar de una honda, un teléfono que dispara verdades contra la cabeza de un gigante que ha vivido demasiado.

Anna Sofía Benítez Silvente, conocida como Anna Bensi, y su madre, Caridad Silvente, amanecieron este jueves con un operativo policial en los alrededores de su domicilio para impedir que personas de bien pudieran acompañarlas al Tribunal Municipal, donde se celebraría contra ellas un juicio orquestado por la policía política. En uno de los capítulos más vergonzosos e indignantes de la historia reciente de Cuba —lo cual no es decir poco—, un régimen que no puede garantizar seguridad, agua potable, electricidad ni canasta básica a la población, invirtió recursos en mantener aisladas a dos mujeres cuyo único “delito” ha sido, en el caso de Anna Bensi, denunciar en redes sociales las deplorables condiciones de vida que padecemos los cubanos y la gestión de un gobierno incompetente que se niega a abandonar el poder. Caridad Silvente se convirtió en blanco de la persecución política por haber tomado la decisión, tan natural como justa, de apoyar a su hija.

El miércoles, víspera de la fecha señalada para el juicio, a varios periodistas independientes se les impuso vigilancia domiciliaria. Al día siguiente, la represión comenzó con cortes de Internet y el arresto violento del ciudadano conocido como Pregonero de Cristo, quien intentó ir con ambas mujeres hasta el Tribunal. Sin explicar los motivos de la detención, dos agentes de la Policía Nacional Revolucionaria lo sometieron y esposaron.

A pesar del esmero que puso la Seguridad del Estado en sembrar desaliento y miedo en la joven y su madre, a ellas las sostuvo su fe en primer lugar, mientras en las afueras del tribunal las esperaba un nutrido grupo de cubanas y cubanos para expresarles su respaldo. A la sala del juicio, supuestamente abierto al público, solo pudieron acceder dos personas para acompañar a las acusadas; el resto del lugar fue ocupado por personal del régimen. La farsa de convertir en sentencia un expediente que había sido archivado para luego ser reabierto de manera discrecional por quienes utilizan el poder judicial para violar los derechos de los ciudadanos, culminó con una sanción de dos años de limitación de libertad a Anna Sofía y Caridad, un fallo cuyos pormenores serán precisados por escrito en los próximos días.

Ni qué decir hay sobre la desvergüenza del régimen, pero sí mucho del gesto cívico protagonizado por quienes lograron llegar a Cojímar para cerrar filas en torno a estas dos valientes cubanas. El difícil contexto que como sociedad estamos viviendo hizo que cada presencia fuera doblemente valiosa: gente que llegó como pudo, desafiando una cotidianidad que deja muy poco tiempo y energía para pensar en proteger a cualquiera que no sea uno mismo y sus afectos inmediatos. Gente que ha sufrido en carne propia el ensañamiento del régimen, pero se sobrepuso a sus miedos con tal de que la virtud no quedara, una vez más, acorralada entre el abuso de poder y la desidia de un pueblo. Gente de creencias y pensamientos políticos diversos, que entienden que lo que hoy nos reclama no es cuestión de credo, sino de derechos.

Anna Bensi y su madre recibieron apoyo, respeto y cariño en el lugar mismo donde la dictadura quiso disminuirlas, pero también desde cada rincón de la isla donde llegó algo de información vía Internet, y desde el exterior, donde decenas de miles de cubanos estuvieron pendientes. Por primera vez en mucho tiempo, después de tantos años de injusticias cometidas impunemente a la vista de todos, las iglesias cubanas pisaron el ruedo político para alzar la voz por uno de los suyos.

El intento de encarcelar a Anna Bensi corrobora lo que el castrismo reserva para los jóvenes que se atreven a criticarlo, y cuando un Estado arremete de esta manera contra sus mejores hijos, está condenado a desaparecer. El caso echa por tierra dos afirmaciones recientes del gobernante Miguel Díaz-Canel. La primera, que en Cuba no se persigue a nadie por sus ideas políticas. La segunda, que el pueblo cubano es quien gobierna a través de las instituciones. Anna Sofía y su madre recibieron apoyo de un segmento cada vez más amplio de ese mismo pueblo, que el mandatario prefiere ignorar y excluir, un pueblo que, en lugar de sentirse representado por las instituciones, se sabe desprotegido ante ellas, empezando por un sistema judicial que se pliega a la voluntad de la casta gobernante y persigue a personas decentes mientras la delincuencia se apodera de barrios enteros.

Lo que sucedió ayer con esta joven que se ha ganado el respeto y la simpatía de miles de seguidores constituye una señal auspiciosa para la sociedad civil cubana que necesita erguirse de una vez y echarse encima el futuro de la nación. Ojalá que tanta solidaridad no sea un hecho puntual, sino el comienzo de una tradición de compromiso y acompañamiento a quienes denuncian, de forma sostenida y coherente, el clima de opresión e injusticia en que vivimos.

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