Entre 2021 y 2024, Magdalena López sostuvo cinco entrevistas con Margarita López Maya que fueron recogidas en Pensar la izquierda latinoamericana con Margarita López Maya (Editorial Alfa, Caracas 2026).[1] Magdalena es profesora de literatura caribeña y escritora. Margarita, historiadora, analista política y doctora en Ciencias Sociales, con una larga trayectoria intelectual en Venezuela. Ambas, hija y madre, han producido un libro fascinante que discute los comienzos populistas del chavismo, su deriva autoritaria, los intelectuales y las instituciones académicas de investigación y divulgación del conocimiento, entre otros temas.
En las entrevistas resalta el conocimiento íntimo que tiene Margarita de las organizaciones, tendencias y figuras políticas de la izquierda venezolana y de la intelectualidad latinoamericana. Margarita combina la reflexión política y académica a partir de sus extensas investigaciones con sus experiencias personales, incluyendo los vínculos que desarrolló durante más de tres décadas con diversos sectores de la izquierda venezolana antes mencionados. Esta combinación, junto a las rigurosas preguntas de Magdalena, permite armar una narrativa que engancha al lector desde el primer momento y logra desentrañar elocuentemente las tensiones, contradicciones y paradojas no solo del chavismo, sino también de los intelectuales de izquierda que han hegemonizado instituciones académicas como el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) e intentaron instrumentalizar a la Latin American Studies Association (LASA).
Destaco aquí, dentro de la diversidad de asuntos discutidos, algunos de los que me parecen los más importantes de estas conversaciones. Primero, la relación entre el populismo y el chavismo. López Maya sostiene que Hugo Chávez no llegó al poder desde la izquierda con un proyecto socialista, sino desde la emergencia de un movimiento populista que capitalizó el malestar de la población con los partidos hegemónicos y el sistema político-social en general. Este malestar se manifestó contundentemente en el Caracazo de 1989. A partir de esta crisis de legitimidad, Chávez, una figura carismática fuera del sistema político, logra aglutinar un movimiento muy diverso, que incluía personalidades y sectores sociales de derecha, moderados, además de tendencias de izquierda radical de orientación marxista.
López Maya recalca que Chávez ganó las elecciones presidenciales de 1998 a la cabeza de este movimiento poliforme que canalizó todo el malestar con la democracia de los partidos dominantes en Venezuela. Sin embargo, este movimiento chavista naciente no tenía una ideología radical coherente. Era de carácter populista. Para ella, no es un régimen ni un sistema político, sino una forma de hacer política basada en la confrontación de dos sujetos sociales antagónicos: “el pueblo” y “la oligarquía”. El populismo, las más de las veces, llevó la falta de negociación e intolerancia exacerbada hacia sus “enemigos” políticos mediante el socavamiento de la “democracia liberal”. Es interesante que, para ella, en Venezuela siempre ha habido una veta populista y que el chavismo, al menos en sus inicios, no representó una ruptura con esa tradición, sino que, en todo caso, fue el fin del proceso de modernización de tipo populista, basado en las rentas petroleras que se utilizaron para saquear al país.
Entonces, Chávez no llegó al poder con un proyecto socialista y no habló del socialismo en su primer mandato presidencial. No lanzó la idea del “socialismo del siglo XXI” hasta 2006, pero sin explicar claramente qué era eso. El giro hacia el “socialismo” comenzó en el contexto de la polarización social que se dio en Venezuela a comienzos del año 2000: el intento fallido de golpe de Estado de los sectores antichavistas (2002), la consolidación de Chávez con su victoria en 2006 que lo llevó a desafiar la voluntad popular, expresada en el rechazo a su propuesta de reforma constitucional en el referéndum de 2007. Fue a partir de su derrota en este referéndum –y la subsecuente imposición de la reforma constitucional– cuando Chávez fortaleció sus lazos con Cuba y se desplazó hacia el modelo cubano de socialismo influenciado por asesores cubanos. En este proceso, cuenta López Maya, el chavismo se fue depurando y los sectores moderados que apoyaron inicialmente a Chávez le retiraron su apoyo o fueron purgados, quedando solo los militares y diversas tendencias de la extrema izquierda.
Estas tendencias eran los restos fragmentarios de la izquierda que fracasó en su intento de hacer la revolución por la vía de la lucha armada. Todos provienen de ahí, del Partido Comunista de Venezuela (PCV), del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y de sus desprendimientos: el Movimiento Al Socialismo (MAS), La Causa R, el Partido de la Revolución Venezolana (PRV) la Liga Socialista. Entre ellas, no obstante, había importantes diferencias. López Maya contrasta la tendencia que representaba Teodoro Petkoff y otras figuras que fundaron el MAS al romper con el PCV. Esta corriente fue muy crítica de las políticas que emanaban de Cuba y del socialismo soviético. Además, y esto es fundamental, se posicionaron de manera crítica frente a la experiencia de la lucha armada y dieron cuenta de las razones del fracaso de esta. La investigadora destaca, también, como parte de esta corriente a los cuadros que fundaron La Causa R.
Por otra parte, la tendencia que representaba el PRV, liderado por Douglas Bravo, y otras facciones similares de la izquierda no hacen una reflexión crítica de la estrategia armada y son estos sectores los que se subsumen al proyecto chavista y al Partido Socialista Unido de Venezuela, organización oficialista que se los traga, marginaliza o suprime. Este señalamiento me parece crucial, pues queda claro que fue la izquierda, que nunca asumió una postura crítica y seria sobre la lucha armada, la que se enganchó aportando asesores y funcionarios al chavismo, sobre todo a partir de 2005. Lo cual coincide con la fase en que la influencia cubana asume un rol hegemónico en el chavismo. La emergencia de Chávez como la figura clave del “socialismo del siglo XXI”, junto a su apoyo a estas corrientes, fue fundamental para que la izquierda autoritaria prevaleciera en América Latina.
Finalmente, López Maya examina la relación entre el chavismo y los intelectuales de izquierda no sólo venezolanos, y qué tipo de hegemonía política existe en las instituciones académicas latinoamericanistas, específicamente en CLACSO y LASA. Recalca el rol de intelectuales como Juan Carlos Monedero y Heinz Dieterich, entre otros, como asesores del régimen chavista y la falta de perspectiva crítica de estos intelectuales, que sólo fueron capaces de hacer críticas tímidas al autoritarismo y otras derivaciones del chavismo en privado. También habla sobre el Centro Internacional Miranda (CIM), fundado en 2005. Desde este espacio, cierta intelectualidad latinoamericana montó proyectos de investigación, conferencias, publicaciones, etc. Según esta autora, el CIM operó no como un espacio intelectual autónomo, sino que fue el think tank del chavismo y jugó un rol relevante en la formulación del “socialismo del siglo XXI” durante el segundo período de la presidencia de Chávez.
Esto apunta, como sostiene la entrevistadora, a una paradoja inescapable: una camada de intelectuales que se presumen de izquierda y que supuestamente articulaban un nuevo pensamiento radical –financiados por la economía rentista y extractivista venezolana– renunciaron, a cambio de esta ayuda, a su capacidad crítica ante el chavismo y el “socialismo del siglo XXI”.
Por otra parte, respecto de las instituciones académicas, particularmente CLACSO, López-Maya relata las experiencias personales nefastas que tuvo. Esta institución estuvo y está marcada por prácticas turbias y antidemocráticas, personalismos, verticalismo y por prebendas, efectuadas por intelectuales como Atilio Borón, Emir Sader y Pablo Gentili, en su esfuerzo (exitoso) por hegemonizar esta institución al servicio del “socialismo cubano” y el apoyo chavista. La cooptación cubana de CLACSO, dice ella, persiste hasta hoy. En el caso de LASA el régimen cubano no ha sido tan exitoso, pues existe un mayor grado de pluralidad, pero la institución enfrenta tensiones y conflictos que tratan de instrumentalizarla en función de ciertas políticas identitarias duras.
Este libro es un texto híbrido donde convergen el testimonio y el análisis sociopolítico. Se inserta como una importante contribución en el campo emergente de la historia reciente de la izquierda en América Latina. Por supuesto que hay aspectos particulares de la experiencia venezolana en lo que relata López-Maya, pero también hay muchos otros que apuntan a una cultura política de izquierda compartida no solo en ese país, sino en el resto de Latinoamérica, incluido Puerto Rico. Allí también radica la riqueza de este libro.
Notas:
[1] Este texto fue publicado originalmente como prólogo a dicho libro.


