No hay dudas de que la música cubana está viva: se produce, circula, se escucha. Pero esa vitalidad no basta para hablar de una industria. Lo que existe hoy es un conjunto inestable de prácticas y circuitos de producción informal: dispersos, improvisados, sostenidos por la energía individual y una circulación lateral de recursos. Los artistas crean con lo que tienen, se abren paso como pueden y rara vez logran cobrar a tiempo.
Su música sin dobleces, sin artificios, refleja las realidades y aspiraciones de la juventud cubana (la migración, el éxito, el ser local en un mundo global), tanto en la Isla como en la diáspora.
En el ensayo 'Viaje al corazón de Cuba', Carlos Alberto Montaner alega que no hubo en las últimas décadas mayor impulsor de la corriente anexionista que Fidel Castro.
La activista política cubana fue nombrada hace solo unos días Embajadora por la Libertad para las Américas de la organización Freedom House, basada en Washington, D.C., y deja esta advertencia para sus compatriotas dentro y fuera de la isla.