MIAMI, Estados Unidos ― Voces cercanas al oficialismo cuestionaron en redes sociales a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como El Cangrejo, después que este se presentara en una entrevista con USA Today como posible interlocutor para negociar con Estados Unidos, pese a no ocupar un cargo formal en el Gobierno cubano.
La entrevista, realizada en La Habana durante dos días de junio, es la primera concedida por Rodríguez Castro a un medio estadounidense. “Puedo negociar con cualquiera que designe Estados Unidos”, dijo el nieto de Raúl Castro. “Si se me da la oportunidad, (por supuesto con) Trump”.
Rodríguez Castro, de 42 años, no ocupa ningún puesto formal en el aparato estatal cubano y se desempeña como uno de los guardaespaldas de su abuelo, de 95 años.
El militar cubano también declaró a USA Today que La Habana estaría dispuesta, bajo determinadas condiciones, a liberar a “personas consideradas presas políticas”, pese a que el régimen ha negado históricamente la existencia de presos políticos en la Isla.
La entrevista apareció pocos días después de que el canciller Bruno Rodríguez afirmara que La Habana no estaba interesada en la opinión de la Administración Trump sobre asuntos de soberanía, incluidas las recientes reformas económicas anunciadas por el Gobierno cubano.
La entrevista Rodríguez Castro provocó malestar incluso entre figuras identificadas con el discurso revolucionario. El cantautor Israel Rojas, una de las voces del ámbito cultural más cercanas al oficialismo, escribió en Facebook que en la Revolución que él conoció “los tipos como los de ese artículo gringo, [o sea] Raúl Guillermo, siempre acababan mal”. Y añadió: “Nadie antes se había atrevido a tanto. Y tan mal como ellos terminaban quienes los amparaban, estimulaban, aupaban o toleraban”.
El cantante apeló al imaginario moral del propio castrismo para cuestionar la aparición de Rodríguez Castro como figura con capacidad de interlocución política. “¿Sigue vigente el código de ética de los cuadros?”, preguntó, antes de recordar “los encendidos argumentos jurídicos y éticos —sobre todo ÉTICOS— del entonces fiscal Juan Escalona Reguera en el proceso penal de la Causa 1 de 1988* contra oficiales de las FAR y el MININT que cometieron graves delitos”.
Rojas sostuvo que, en la tradición política que dice defender, “detrás de cada falta, hubo una reprimenda moral pública” y “siempre se exponían actitudes incompatibles con la austeridad y la moral revolucionaria”. A partir de ahí, contrastó esa narrativa con la imagen proyectada por el nieto de Raúl Castro en la entrevista: “Y entonces, de pronto, esto. Así, sin más. Ahora todo adquiere un sentido doloroso, una lógica indigna, injusta, indecorosa”.
El cantautor también vinculó su crítica con el malestar de sectores sacrificados por la crisis cubana. “Qué vergüenza con nuestros científicos de las vacunas, los médicos sacrificados, los obreros de la UNE, los jubilados. Con todos aquellos que, de buena fe, me hablaron de estos fenómenos y yo me resistí a creer. Mil disculpas. He sido ingenuo”, escribió.
Rojas rechazó que la cercanía familiar con un dirigente histórico pueda justificar que Rodríguez Castro se sitúe por encima de la institucionalidad. “Ninguna familiaridad ni jovialidad de un dirigente revolucionario puede excusar saltarse, ni siquiera simbólicamente, la institucionalidad del país”, afirmó. En el mismo texto contrapuso a delegados del Poder Popular y trabajadores de base con quienes viven “alejados de lujos, yates, regalos indecentes, zonas VIP” y “demasiado lejos de hacer ejercicio en un avión”.
Aunque admitió la posibilidad de que el reportaje de USA Today hubiese exagerado algunos elementos, Rojas dijo que no volvería a justificar situaciones de ese tipo. “¿El artículo infla un poco? Quizás. Pero no volveré a ser ingenuo. Esto es lo que hay. Nunca prestaría mi militancia para justificar estas cosas. Que se defiendan ellos”, señaló.
El músico cerró su publicación intentando separar su identidad política de la defensa de los privilegios asociados a la familia Castro. “No me arrepiento de las ideas que me forjaron. He pagado un precio caro por creer en la independencia de Cuba, por asumir al enemigo, por soñar desde Martí, el Che y Fidel. No traiciono lo sagrado. Pero basta de mirar para otro lado”, escribió. Luego remató: “No me arrepiento de ser revolucionario. No le he faltado a mi credo. Allá ellos”.
También María del Carmen Hernández Carús, madre de Leticia Martínez Hernández, la responsable de Comunicación de Miguel Díaz-Canel, publicó una reacción crítica en Facebook. Hernández Carús comenzó aclarando que hablaba desde su “opinión personal” y “como ciudadana”, pero centró su texto en una pregunta de fondo: por qué Rodríguez Castro fue entrevistado sobre Cuba y por qué aceptó asumir un papel que, a su juicio, no le corresponde.
La profesora universitaria defendió primero la experiencia del aparato diplomático cubano. “Creo que, si en alguna área hay personas preparadas, no perdón, preparadísimas, en nuestro país, es en el área de las relaciones internacionales”, escribió. Agregó que los funcionarios de ese sector “han ganado muchas batallas en el terreno político” y “saben de lo que hablan, como hablar, como expresarse, que decir y que no”.
Desde esa premisa, cuestionó directamente el protagonismo de Rodríguez Castro: “¿Por qué alguien entrevista a Raúl Guillermo sobre el tema Cuba? ¿Por qué este joven se deja entrevistar y asume un rol que no le corresponde?”. Luego citó la polémica frase del nieto de Raúl Castro en la entrevista con USA Today: “Puedo negociar con cualquiera que designe Estados Unidos, si se me da la oportunidad, claro que con Trump”.
La madre de la vocera presidencial elevó el tono con una cadena de preguntas dirigidas al entorno del poder: “¿Alguien pudiera bajar de la nube a este muchacho? ¿Alguien pudiera mandarlo a callar? ¿Alguien pudiera decirle que esa no es labor de un guardaespalda?”. También advirtió que “las balas para esas negociaciones no se compran en un mercado agropecuario” y que ese tipo de conversaciones exige considerar “muchísimas cuestiones que no están entre sus funciones y mucho menos en su preparación”.
Hernández Carús sugirió incluso que la entrevista podría favorecer la idea de que solo la familia Castro tiene voz real en Cuba. “No sé si es obra de los enemigos de Cuba, para decir que solo la familia de apellido Castro puede tener voz en Cuba y por tanto no tomar en cuenta al presidente y al resto de los compañeros de Relaciones Exteriores”, escribió. Enseguida planteó otra posibilidad: que se trate de una “construcción” del entorno de Rodríguez Castro y que este, “con el ego por las nubes”, se la haya creído.
“No sé sinceramente qué pasa aquí, pero alguien tiene que pararlo ya”, afirmó. “Yo me atrevo a decirlo aquí abiertamente porque fui, soy y seré un alma libre, en la calle lo dice mucha gente. ¡Zapatero a su zapato!”.
Las dos reacciones llamaron particularmente la atención porque provienen de voces que se declaran afines al “proyecto revolucionario”. En ambos casos, el cuestionamiento no se dirige contra el sistema político cubano en su conjunto, sino contra la aparición de Rodríguez Castro como actor con capacidad de hablar de negociaciones con Washington, reformas y presos políticos sin mandato institucional visible.
USA Today presentó la entrevista como una mirada excepcional al entorno de poder de la nueva generación Castro. En una publicación institucional en LinkedIn, el propio medio afirmó que viajó a La Habana para reunirse cara a cara con Rodríguez Castro y que este habló “por primera vez” con un medio estadounidense. El medio lo describió como alguien que “habla con la autoridad de su poderoso abuelo” y que se ha convertido en una figura vinculada a las conversaciones actuales entre Cuba y Estados Unidos.
* Se refiere a la Causa 1 de 1989.










