“Uno de los momentos más difíciles que ha vivido la Revolución”: Díaz-Canel admite la gravedad de la crisis

El gobernante reconoció apagones de 20 horas o más, casi 100.000 pacientes pendientes de cirugía, una disponibilidad de medicamentos de apenas el 30% y el deterioro de servicios esenciales.
Miguel Díaz-Canel en la inauguración del 'I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro'
Miguel Díaz-Canel en la inauguración del 'I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro' (Foto: Estudio Revolución)

MIAMI, Estados Unidos — El gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel, admitió este lunes que la Isla atraviesa “uno de los momentos más difíciles que ha vivido la Revolución”, marcado por apagones de 20 horas o más, inflación, escasez de combustible y alimentos, deterioro de la atención sanitaria y una emigración que, según reconoció, “arranca” del país “a los jóvenes”.

Durante la inauguración del I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro, Díaz-Canel reveló que 98.500 pacientes —entre ellos 12.000 niños— esperan por una operación, apenas está disponible el 30% del cuadro básico de medicamentos y solo el 22% de las ambulancias se encuentra técnicamente operativa.

“La tormenta es real, nuestro pueblo la vive cada día: en los apagones que interrumpen la vida familiar, la jornada laboral, el aprendizaje de nuestros niños y jóvenes; en la inflación que erosiona el poder adquisitivo del salario; en la escasez de combustible que paraliza la economía y el transporte; en las dificultades para completar la canasta básica; en la emigración que nos arranca a los jóvenes”, afirmó en una conferencia publicada por la Presidencia de la República

El mandatario también reconoció que 34.000 embarazadas no reciben suficientes ecografías prenatales y que 67.000 menores de un año tienen atrasado su esquema de inmunización.

A esos indicadores se suman 117.000 adultos y 1.200 niños con cáncer que, de acuerdo con Díaz-Canel, no disponen de los tratamientos primarios adecuados y deben recurrir a terapias de segunda o tercera línea.

Otros 16.000 pacientes presentan dificultades para acceder a servicios de radioterapia, 12.400 a quimioterapia y aproximadamente 3.000 a hemodiálisis.

“Solo el 30% del cuadro básico de medicamentos está disponible”, reconoció Díaz-Canel. También situó en apenas 22% el coeficiente de disponibilidad técnica de las ambulancias, debido —según alegó— a la falta de piezas de repuesto.

El gobernante sostuvo asimismo que Cuba no puede comprar fuentes de cobalto 60, utilizadas en tratamientos contra el cáncer, y denunció demoras en las licencias para liberar mercancías médicas y negativas de navieras internacionales a transportar suministros hacia la Isla.

La crisis sanitaria coincide con un acusado retroceso de la mortalidad infantil. Díaz-Canel situó el indicador por encima de 9,8 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos. La cifra definitiva publicada en julio por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) fue de 9,9 durante 2025, frente a 7,1 en 2024: un incremento cercano al 40% en un año.

Los registros de la ONEI muestran que en 2025 murieron 674 menores de un año, 166 más que durante 2024, pese a que los nacimientos descendieron de 71.358 a 68.064. En 2019, antes de la pandemia de COVID-19, Cuba reportaba una tasa de mortalidad infantil de 5,0.

El viceministro de Salud Pública Julio Guerra Izquierdo había reconocido en julio que la lista de espera quirúrgica superaba los 100.000 pacientes y que la supervivencia general de los niños con cáncer había disminuido del 85% al 65%, según una edición impresa de Granma.

Díaz-Canel extendió su reconocimiento de la crisis al Sistema Eléctrico Nacional. Aseguró que más de 1.400 megavatios (MW) recuperados para la generación distribuida permanecen fuera de servicio por falta de diésel y fueloil.

Según el gobernante, si esa capacidad pudiera utilizarse diariamente, los apagones durarían alrededor de tres horas y no “20 o más horas como hoy”.

“La tormenta es real, nuestro pueblo la vive cada día: en los apagones que interrumpen la vida familiar, la jornada laboral, el aprendizaje de nuestros niños y jóvenes; en la inflación que erosiona el poder adquisitivo del salario; en la escasez de combustible que paraliza la economía y el transporte; en las dificultades para completar la canasta básica; en la emigración que nos arranca a los jóvenes”, reconoció.

Díaz-Canel presentó el panorama como consecuencia directa del embargo estadounidense y calificó las actuales circunstancias como “uno de los momentos más difíciles que ha vivido la Revolución”. No abordó en su intervención responsabilidades internas por el deterioro de los servicios públicos.

Un grupo de expertos independientes de los procedimientos especiales de Naciones Unidas advirtió el 6 de agosto que las sanciones secundarias, las restricciones financieras y el aislamiento económico agravan la crisis humanitaria cubana y afectan el acceso a alimentos, medicinas, electricidad y agua.

Washington, por su parte, sostiene que las medidas adoptadas bajo la Orden ejecutiva 14404 no buscan interrumpir la entrega de alimentos, medicamentos o equipos médicos. La Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro asegura que no pretende sancionar a personas extranjeras por operaciones humanitarias destinadas a Cuba, aunque se mantienen requisitos de autorización, restricciones financieras y controles sobre las transacciones con entidades estatales sancionadas.

El coloquio, organizado por el Centro Fidel Castro Ruz y el Palacio de Convenciones, se desarrolla del 10 al 13 de agosto, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Castro. La Presidencia cubana cifró la asistencia en más de 1.500 delegados.

Frente a los indicadores expuestos, Díaz-Canel no anunció medidas sanitarias concretas ni plazos para reducir las listas de espera, recuperar ambulancias o restablecer la producción de medicamentos. Se limitó a afirmar que el Gobierno implementa un conjunto de “transformaciones económicas y sociales”, con participación de empresas estatales y privadas, pero reiteró que el proceso no conducirá a una privatización generalizada y que los principales medios de producción permanecerán bajo control estatal.

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