MADRID, España.- El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel volvió a afirmar en su más reciente discurso que, pese a la profunda crisis económica y social que atraviesa Cuba, el régimen no contempla cambios en su estructura política ni una apertura al pluralismo.
Durante la clausura del XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros, celebrado en el Palacio de Convenciones de La Habana, el mandatario reivindicó expresamente el “rol de Partido único” del Partido Comunista de Cuba (PCC) y ratificó su posición como máxima autoridad política del país.
Díaz-Canel definió al PCC como la “fuerza dirigente superior del Estado y la sociedad” y afirmó que continuará siendo el principal responsable de la “conducción, coordinación y control” del sistema cubano.
Aunque aseguró que la condición de partido único obliga al PCC a ser “más democrático y representativo”, no mencionó la posibilidad de permitir otras organizaciones políticas ni mecanismos de competencia electoral por el poder.
El mensaje supone una reafirmación del modelo establecido durante décadas en Cuba, donde el Partido Comunista conserva constitucionalmente una posición dominante sobre las instituciones del Estado.
Díaz-Canel también rechazó que las transformaciones económicas emprendidas por el Gobierno puedan conducir hacia un cambio de sistema. Insistió en que Cuba no transita hacia el capitalismo y aseguró que los principales medios de producción permanecerán bajo control estatal.
La defensa del modelo político ocupó una parte importante de un discurso en el que el gobernante reconoció también la magnitud de la crisis que afecta a la Isla.
Admitió apagones de hasta 20 horas o más, una disponibilidad de apenas el 30% del cuadro básico de medicamentos y graves dificultades en el sistema sanitario. También reconoció que unos 1.400 megavatios de generación distribuida permanecen fuera de servicio por falta de combustible.
Sin embargo, Díaz-Canel volvió a atribuir buena parte del deterioro económico a las sanciones de Estados Unidos y presentó la continuidad del socialismo como la respuesta frente a la crisis.
Ante los representantes de partidos comunistas extranjeros, llamó además a fortalecer el trabajo político y a “ganar las calles, los barrios, las fábricas, las escuelas”.
El discurso dejó así una conclusión política clara: mientras el Gobierno no contempla que la crisis abra espacio a cambios en el sistema de poder, pese a la miseria en que su mala gestión tiene sumido al pueblo.
Por el contrario, Díaz-Canel volvió a garantizar la continuidad de un modelo en el que un solo partido dirige el Estado, supervisa sus instituciones y mantiene fuera de discusión cualquier alternativa política.









