LA HABANA, Cuba ― En días pasados se celebró una reunión del Consejo de Defensa del poblado habanero de Santiago de las Vegas. El cónclave contó con la presencia de las autoridades del territorio, además del primer ministro, Manuel Marrero Cruz, y el vicepresidente de la República Salvador Valdés Mesa.
En la cita se trataron aspectos relacionados con cuestiones militares y de movilización de los partidarios del régimen, pero también problemas que tienen que ver con la caótica situación que afrontan los vecinos de la localidad por las deficiencias en los servicios que reciben de las autoridades.
Pero, como por arte de magia, esa noche los vecinos del reparto de La Catalina, en las afueras de Santiago, pudieron dormir con corriente eléctrica, después de casi cuatro meses en que no podían disfrutar de ese servicio durante las noches y madrugadas.
También las cisternas de las viviendas volvieron a recibir agua, tras infinidad de jornadas en las que faltó el preciado líquido. En ese lapso los pobladores debieron pagar hasta 15.000 pesos por el alquiler de una pipa de agua, en muchas ocasiones turbia.
Como colofón de las repercusiones de la visita de esos altos funcionarios, los ancianos y vulnerables que acuden al local donde funciona el Sistema de Atención a la Familia (SAF) recibieron la sorpresa de encontrar arroz con pollo en el menú, después de estar comiendo durante muchos meses arroz con calabaza y caldosa, sin plato fuerte ni una vianda siquiera.
Desde hace tiempo varios funcionarios del régimen, entre ellos el propio Marrero Cruz, han estado insistiendo en la necesidad de que los territorios se esfuercen por reforzar la alimentación de los SAF, teniendo en cuenta que es la única opción con que cuentan los más desprotegidos ante el desabastecimiento y la galopante inflación que padece el país.
Pero una cosa piensan y dicen los mandamases en los altos niveles de dirección y otra bien distinta sucede a nivel de base.
Después de concluido el Consejo de Defensa y haberse marchado los jefazos sucedió lo inevitable, todo ha vuelto a la anormalidad de siempre. El SAF volvió a estar desabastecido y la llegada de agua a las viviendas nuevamente ha sido esporádica. Los vecinos que cuentan con los denominados “ladrones de agua” acaparan el líquido, mientras que el resto sobrevive con cisternas vacías, con la única opción de una pipa depredadora de sus bolsillos. La corriente eléctrica, por su parte, la mayoría de las veces brilla por su ausencia.
Claro, lo que no vieron Marrero Cruz ni Valdés Mesa fueron los enormes basureros que abundan en este poblado. Ya las autoridades se han dado por vencidas en la batalla contra la basura en las calles. Ni el primer ministro ni el vicepresidente salieron de las oficinas donde sesionó el Consejo de Defensa. Pero no sabemos cómo habrían explicado las autoridades del territorio los grandes vertederos de basura que abundan en las calles si Marrero Cruz y Valdés Mesa hubieran decidido recorrer el poblado.








