LA HABANA, Cuba ― Escuché decir que, de entre muchos de los goces que en el mundo existen, se destaca la fruición que es resultado de inhalar y exhalar el humo de un cigarro. Fumar es un placer, decimos los que ponemos el cigarro entre los labios. Fumar y desatar las volutas del humo que arma figuras en el aire, en los espacios vacíos y hasta los llena lindamente.
Fumar y fumar y desatar las volutas de humo en el aire me permite contemplar los movimientos del humo que hasta me hacen pensar que son nubes por caer. El humo, la figura del humo, tiene hasta la apariencia de lo que es tierno y refinado y hasta elegante, sobre todo cuando asciende suave pretendiendo conquistar un poquito esas alturas.
Y ahí está quizá el placer de fumar, de inhalar y exhalar, quizá sin reconocer que son muchos los placeres que en el mundo existen. Y son tantos que se hacen incontables los regocijos, solo que muchas veces son dañinos, como sucede con el robo y el ladrón. Y es que en Cuba el número de ladrones y sus tropelías crece y crece sin el más mínimo recato, y muy bien lo sé yo, que lo he sufrido algunas veces y ahora vuelven, se enseñorean.
Yo sufrí las consecuencias de un robo que, aunque no es el primero, resulta más sentido, sin dudas porque soy un hombre más viejo que no sabe responder con la intrepidez de antes. Yo dormía, dormía a pierna suelta, después de tomar unas pastillas que recomendara el médico para las noches, y mucho más para las noches cubanas de gran calor e inmundos mosquitos que zumban en los oídos y pican en cualquier sitio del cuerpo.
Yo dormía y forzaron la puerta de entrada a mi casa. No faltaban mis llaves; no supe jamás si tenían una de esas ganzúas que se hacen muy útiles para quienes prefieren robar. No sé tampoco si alguien ayudó, quizá un policía que recibió la orden de hacer pasar un mal rato al “gusano”, al que no quiere comulgar con los comunistas.
Ellos me robaron todo cuanto pudieron, con la gracia y la ligereza de los expertos. Ellos hurgaron y encontraron el dinero que tenía desde el mediodía, lo que resulta curioso y mucho más que curioso. Ellos me dejaron pelado, sin un quilo partido por la mitad, y lo más curioso fue lo prolijo del trabajo; nada de regueros, nada de bullas. Ninguna alarma que pusiera en alerta al vecindario.
Si fue un policía, como sospecho, robar es para él un placer, porque le reconocerán el deber cumplido. Su empeño sobre todo en angustiar al disidente, al que escribe crónicas en el espacio digital, en CubaNet. Todos ellos se salieron con la suya y decidieron que otros bolsillos fueran los destinatarios de un dinero que no les pertenecía.
¿A dónde fue a parar? ¿Acaso a las arcas de los jefes? ¿Serviría de algo para sufragar un boleto de avión de algún jefe comunista? ¿Qué hicieron con mi dinero? Sin dudas para ellos robar es un placer, un goce que permitiría algunos, muy breves goces, a su gente; quizá un hijo, un nieto, cualquier desalmado comunista.









