LA HABANA, Cuba.- Cuando conocí a Toni ya llevaba varios años dando pedales en su bicitaxi. Nos conocimos en casa de “Compota”, un amigo en común. Confieso que al verlo me costó mucho trabajo creer que con 63 años daba pedales como un mulo ocho horas diarias de lunes a domingo; una historia de vida que merecía ser contada.
Su nombre es Antonio Ramón Font Carreño, y casi todo el mundo en la Habana Vieja lo conoce como Toni. Es un hombre delgado, de piernas flacas pero fuertes, que, a pesar de su edad, le permiten trasladar a sus clientes de un lado a otro de la ciudad.
Su jornada laboral comienza alrededor de las 7:00 de la mañana. Luego de tomar su taza de café, algo que según confiesa es religioso para él, baja los siete pisos del edificio donde reside, en Centro Habana, y luego camina cerca de tres cuadras hasta el parqueo donde está guardado el bicitaxi.
Font Carreño es natural de Holguín. Llegó a La Habana en 1995 cargado de sueños y ganas de prosperar. Necesitaba ayudar a su familia que había quedado en el oriente del país.
“Soy graduado de contabilidad y además soy auditor. Allá en Holguín trabajé en un banco, pero el salario nunca me alcanzó para nada. Vine para La Habana con el propósito de abrirme camino porque siempre la capital ha estado mejor que todas las demás provincias del país. Los primeros tiempos me fueron muy mal, era como si hubiera llegado a otro país, pero a pesar de todo seguí adelante”, confesó.
Al llegar a la capital incursionó en la cerrajería, actividad privada que poco tiempo después tuvo que abandonar ante la dificultad para conseguir las materias primas que necesitaba.
“Me iba bien con ese negocio, pero los materiales escaseaban mucho. Gracias a un amigo llegué al mundo de los bicitaxis. Él tenía uno y me lo prestaba por las tardes-noches para trabajar. En esos tiempos trabajaba hasta tarde en la noche, aunque claro, cuando aquello no existían los peligros que existen hoy y no había tanta violencia”, precisó.
Ahorrando y ahorrando, asegura, alrededor de dos años después se compró su bicitaxi. “Pagaba mi alquiler, porque estuve cerca de nueve años alquilado, y con lo que me quedaba compraba lo necesario para sobrevivir, lo otro lo guardaba”, confesó.
“Desde 1997 estoy dando pedales y me siento bien gracias al Señor a pesar de mi edad y lo mejor, soy libre, no tengo jefe. Si me da la gana trabajo y si no quiero no lo hago, aunque confieso que soy adicto al trabajo”, aseguró.
Font Carreño sale de su casa todos los días muy temprano en la mañana y regresa alrededor de las 3:00 de la tarde. Abarca todo lo que es Habana Vieja y Centro Habana y, «dependiendo de lo que paguen”, va a otros municipios también.
“En este trabajo lo que más me golpea es el calor, pero por lo demás no tengo problemas. Cuando llego a la casa trato de descansar, dentro de lo posible, porque con estos apagones a veces es difícil”, detalló.
El hombre señaló que gracias a su trabajo en el bicitaxi pudo ayudar económicamente a su hermana y a sus padres: “desde aquí pude sufragar los gastos que generaron las enfermedades de mis padres”.
“Para mí esta es la etapa más difícil que he vivido en el bicitaxi porque antes se ganaba menos dinero, pero todo era más barato y el dinero alcanzaba. Ahora tú te buscas entre 5.000 y 6.000 pesos diarios y no llevas casi nada para la casa. El dinero no tiene valor”, aseguró.
Entre sus mayores placeres está degustar un buen café al concluir su jornada laboral y luego visitar de vez en cuando a algún que otro amigo para echar un buen partido de dominó.
“Qué otra opción existe para despejar, si sales de la casa con apagón y llegas con apagón. Ahora está faltando el agua en mi zona, algo que nunca había pasado y es otro problema que se suma a la lista interminable que tenemos los cubanos. La verdad es que las personas de la tercera edad aquí no tienen vida”, concluyó.









