septiembre 1, 2026

¿Por qué el castrismo condena a Estrada Palma y perdona a José Miguel Gómez?

Hombre de confianza de Martí, Estrada Palma defendió una República de partidos, no de partido único.
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Lugar donde estaba el monumento a Estrada Palma, derrumbado por el castrismo. (Foto: Cubaconecta)

LA HABANA, Cuba.- Hace 120 años, en 1906, estalló la llamada Guerrita de Agosto, el primero de los conflictos armados entre partidos políticos que hubo en Cuba durante la República —todos menos cruentos que los muchos ocurridos en Latinoamérica— y que terminó con una intervención militar norteamericana que duró dos años, hasta 1908.

La Guerrita de Agosto la originó el intento de reelegirse del presidente Tomás Estrada Palma. Sus oponentes del Partido Liberal no lo aceptaron y encabezados por su líder, el exgeneral del Ejército Libertador José Miguel Gómez, se alzaron en armas.

Por su buen desempeño al frente del gobierno, Estrada Palma se creyó insustituible y quiso legalizar a la brava su reelección mediante la creación de un llamado “Gabinete de Combate”, inaugurando esa manía nacional que todavía dura de utilizar tremebundos vocablos bélicos en la vida política, social y económica.

Estrada Palma no pudo sofocar la insurrección y, en septiembre de 1906, ante el avance de los alzados, quería evitar más derramamiento de sangre, pero negado a negociar la paz con los insurgentes, prefirió apelar a la Enmienda Platt y solicitar la intervención de los Estados Unidos.

Puede que Estrada Palma tuviese razón en sus aprensiones respecto a una presidencia de José Miguel Gómez. Su gobierno, de1908 a 1912, a diferencia del muy honesto gobierno de Estrada Palma, fue tan corrupto que le ganó la fama a Gómez de ser un tiburón “que se bañaba, pero salpicaba” a sus allegados.

En 1912, Gómez, como presidente, ordenó la represión de la sublevación de los Independientes de Color, que cobró las vidas de miles de negros y mulatos. Y en 1917 protagonizó otro alzamiento de los liberales. En esa ocasión en contra de la reelección del presidente Mario García Menocal —la llamada Guerrita de la Chambelona—, que también fue aplacado por los norteamericanos.  

Sin embargo, Tomás Estrada Palma ha sido más severamente juzgado que José Miguel Gómez por la historiografía castrista. El primer presidente que tuvo la República de Cuba —que el castrismo califica como “mediatizada” y “neocolonial”— ha sido constantemente denigrado por los historiadores castristas, que lo acusan de proyanqui y de haber ganado las elecciones de 1901 de modo fraudulento y con el apoyo norteamericano.

Una muestra de la vileza del ensañamiento castrista contra Estrada Palma es el artículo “Comenzó como un arriendo y Estados Unidos lo convirtió en una usurpación”, de Delfín Xiques Cutiño, aparecido en el periódico Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista, en febrero de 2022, acerca del Convenio de Arrendamiento de Estaciones Navales y Carboneras de 1903 que permitió a Estados Unidos instalar una base naval en la bahía de Guantánamo.

En aquel ponzoñoso artículo, Xiques, para enlodar el desempeño de Estrada Palma al frente del Partido Revolucionario Cubano tras la muerte de José Martí, aseguraba que “ocultó su falta de fe en el pueblo cubano, su recelo en que el Ejército Libertador pudiera obtener la victoria contra España y su exceso de confianza en el gobierno de Estados Unidos, tanto que lo acercaba al anexionismo”.

Y aseguraba: “Como delegado de Cuba en el exterior actuó de manera entreguista con el Gobierno estadounidense y prepotente con el cubano. Estrada Palma se arrogaba constantemente el derecho de tomar decisiones que únicamente correspondían al Consejo de Gobierno, al cual desinformaba. Además, ignoraba a Máximo Gómez como General en Jefe del Ejército Libertador, entre otras violaciones”.

La realidad que omiten los castristas es que si Estrada Palma sustituyó a José Martí al frente del Partido Revolucionario Cubano fue debido a sus méritos patrióticos —había sido presidente de la República en Armas entre 1876 y 1877— y porque era el segundo de Martí, el hombre de toda su confianza al que en sus cartas llamaba “querido hermano”.

Afirmaba Xiques en su artículo que, tras el fin de la guerra, en 1898, Estrada Palma disolvió al Partido Revolucionario Cubano “de forma unilateral, irresponsable e inconsulta”. Una afirmación totalmente falsa porque Martí siempre dejó claro que el objetivo del Partido Revolucionario Cubano era preparar y dirigir la guerra por la independencia. Una vez concluida la contienda, la existencia del PRC no tenía sentido, porque se constituirían otros partidos políticos que competirían por la presidencia de la República. Pero eso choca con los intentos del castrismo de hacer ver que el PRC de Martí fue el referente para el partido único de Fidel Castro.

Los castristas no le reconocen mérito alguno a Estrada Palma. Ni siquiera el de haber sido el presidente más austero y honesto en el manejo de los fondos públicos que tuvo la República. En los primeros años del régimen castrista fue retirada la estatua de Estrada Palma de la Avenida de los Presidentes. De ella sólo quedaron los zapatones de bronce prendidos al pedestal. Sin embargo, en la misma avenida se yergue el monumento a José Miguel Gómez.

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