LA HABANA, Cuba ― El régimen cubano niega que esté negociando con Estados Unidos, pero Washington dice que sí, que aún mantiene un intercambio con “alguien” o con cierto grupo de interlocutores del que ninguna de las partes revela identidades, aunque suponemos quiénes pudieran ser los protagonistas entre la élite militar que dirige el país, aunque estén o no entre los sancionados.
Porque si no es con esta élite, que tiene a Raúl Castro a la cabeza a pesar de su evidente deterioro físico, entonces nada de lo que pudiera estar ocurriendo en asuntos de diálogos pudiera ser considerado como una negociación, puesto que para negociar hay que comenzar con una simple condición: que quienes lo hagan tengan la capacidad y la autoridad para hacerlo.
Se han barajado nombres como los de Raúl Guillermo Rodríguez Castro y Lázaro Alberto Álvarez Casas, pero lo que ha ocurrido después con sus actitudes y declaraciones tiene más lógica si se interpreta como evidencia de que ninguno de los dos, en asuntos de diálogo, ha ido más allá de la disposición a actuar como interlocutor si “alguien” se lo pidiera, y lo ocurrido cuando la brevísima visita del director de la CIA a La Habana, que en realidad se trató de un intercambio y no de una negociación.
En tal sentido, por el tono de sus notas oficiales al respecto, el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) de la Isla considera lo que ha sucedido hasta el momento como “intercambios”. Más allá de la tendencia a negar persistentemente cualquier asunto complejo hasta que les explota en la cara, en realidad es hasta ese punto que se ha llegado, teniendo en cuenta las capacidades limitadas de negociar que tendrían esos primeros intermediarios, por lo que, siempre a la espera de nuevas instrucciones, solo se pueden permitir “intercambiar” mensajes.
Es lo que sucedió en las etapas previas al anuncio oficial del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba durante el mandato de Barack Obama. Los intercambios, dirigidos en todos sus aspectos por Alejandro Castro Espín, se extendieron por más de dos años antes de que finalmente el 17 de diciembre de 2014 se anunciara públicamente lo finalmente acordado.
El actual coordinador del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional —un organismo unipersonal creado por Raúl Castro especialmente para su hijo, y desde el cual tiene todas las potestades no solo para trazar las líneas y estrategias de diálogo con quien sea, sino para nombrar a los intermediarios por encima del jefe de la Cancillería y hasta del presidente— tuvo a su cargo aquellos primeros intercambios que, habiendo involucrado primero a funcionarios del MINREX, solo unos meses después se convirtieron en negociaciones con la presencia del mismísimo Alejandro Castro Espín, pero solo habiendo superado la fase “de tanteo”, tal como nos la describiera una fuente del propio MINREX involucrada en esos primerísimos contactos, y con la cual conversamos sobre cuáles pudieran ser los protagonistas de los actuales intercambios.
En aquel momento no solo se usaron funcionarios del MINREX de poco y casi nulo relieve público sino que los encuentros no se hicieron en territorio estadounidense sino en terceros países a donde viajaban los enviados cubanos como turistas, usando pasaportes ordinarios y bajo diferentes fachadas, como la desplegada más de una vez en Canadá, donde ambas delegaciones se alojaron en un hotel gay-friendly y hasta se comportaron como un grupo de parejas.
Así fue la teatralidad de aquellos primeros intercambios dirigidos absolutamente por Castro Espín, y así de exitosos culminaron en 2014, por lo que no tendría sentido que el mismo que le confirió una vez todas las potestades para negociar, ahora decida reemplazarlo por su sobrino.
Raúl Guillermo Rodríguez Castro tendría mucha disposición a “intercambiar” pero cero capacidad de “negociar”, de modo que si alguna función cumple en esos intercambios previos, que sin dudas tienen lugar, quizás no de modo regular —tampoco fueron regulares cuando Barack Obama—, es solo como decoración o fachada de su propio padre, que desde su posición continúa manejando el proceso como la operación de inteligencia que es, y donde el Cangrejo solo mantendría el protagonismo que la opinión pública, la prensa y la especulación le han otorgado, pero no su padre ni su abuelo.
De acuerdo con la fuente del MINREX, e igual teniendo en cuenta las opiniones de otros funcionarios y exfuncionarios del régimen, no tiene ningún sentido adoptar con los Estados Unidos otra estrategia de acercamiento que no sea la trazada anteriormente, aun cuando las condiciones son muy diferentes. Pero solo la complejidad del terreno impondrá las variaciones y eso no implicaría sustituir a quien ya tiene la experiencia anterior y, sobre todo, el poder de decisión.
En la certeza de un intercambio entre Washington y el castrismo no nos equivocamos a pesar de las declaraciones del lado de acá. Lo que ocurre es que cada parte describe ese intercambio del modo que más le conviene proyectarlo ante el mundo.
Teniendo en cuenta la experiencia anterior, es muy probable que ese intercambio aún esté en ciernes, a nivel de intermediarios de poco calibre, en tanto quien dirige esa “operación” de acercamiento todavía no decide mostrar la cara. No hasta que avance al diálogo y posteriormente a la negociación. Pero, ¿cuán cerca se está de lo último?
Del lado de allá es evidente que se trabaja un tanto a ciegas cuando aún se están haciendo preguntas que ya hace tiempo deberían estar respondidas, por ejemplo, sobre el funcionamiento de GAESA o la verdadera dimensión del poder de ese crustáceo que suponen el heredero absoluto de los Castro pero solo porque, en cierta medida, es lo que, del lado de acá, les ha convenido proyectar en lo que sería esa fase “de tanteo”. Ahora, lo que probablemente sea muy seguro es que quien tuvo éxito una primera vez (porque sin dudas lo tuvo), se aventure una vez más en un terreno que ya no le es ajeno.










