septiembre 11, 2026

Encontró a su hijo tras tres meses desaparecido, pero no tiene cómo llevarlo a casa

Runeldis salió de su casa, en el reparto Altamira, hace aproximadamente tres meses. La familia no supo de su paradero hasta hace unas semanas.
Nuria y su hijo

SANTIAGO DE CUBA.- Nuria Silva lleva semanas intentando encontrar una solución para traer de regreso a su hijo Runeldis Tamayo Silva, diagnosticado con esquizofrenia paranoide y con tendencia crónica a deambular, quien se encuentra actualmente en el cuerpo de guardia del Hospital Provincial de Camagüey.

Runeldis salió de su casa, en el reparto Altamira, hace aproximadamente tres meses. La familia no supo de su paradero hasta hace unas semanas, cuando una trabajadora social les comunicó que había sido localizado en Camagüey.

Según relató su madre a CubaNet, Runeldis no ha sido ingresado oficialmente y permanece en el cuerpo de guardia. Debido a sus antecedentes, la situación mantiene a la familia en permanente preocupación ante la posibilidad de que vuelva a marcharse.

El problema, sin embargo, no terminó cuando lograron localizarlo. Ahora la familia necesita trasladarlo hasta Santiago de Cuba y, según denuncia Nuria, las instituciones a las que ha acudido le han comunicado que debe hacerlo por sus propios medios.

La madre asegura haber solicitado ayuda en la Segunda Unidad de la Policía, conocida como “El Palacete”; en el Puesto de Mando de Salud Mental; en Ciudadanía; y en la oficina de Atención a la Población de la gobernadora de Santiago de Cuba, Beatriz Johnson Urrutia. En todos esos lugares, afirma, recibió esencialmente la misma respuesta: el Gobierno provincial no dispone de recursos para trasladar a Runeldis y corresponde a la familia ir a buscarlo a Camagüey.

“Quieren que coja un transporte y me lance a la deriva, sin dinero y siendo una persona enferma”, denuncia la entrevistada.

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Un traslado que la familia no puede asumir

La situación se complica por las propias condiciones de salud de la madre. Nuria explica que padece una colecistopatía crónica y trastornos vertebrales que le provocan fuertes mareos. También asegura que no puede permanecer mucho tiempo sentada porque llega a presentar cianosis. A pesar de ello, se le está pidiendo que realice un viaje de larga distancia para buscar a su hijo.

La familia considera, además, que Runeldis necesita un traslado especializado. Por experiencias anteriores, sabe que durante los viajes intenta bajarse en las diferentes paradas del transporte, lo que dificulta considerablemente acompañarlo. Por esa razón, Nuria insiste en que la opción más segura sería una ambulancia que permitiera trasladarlo con la supervisión y los cuidados correspondientes.

El problema es que, según explica, no existe una oferta de transporte privado que cubra específicamente la ruta entre Santiago de Cuba y Camagüey. Los vehículos disponibles realizan el trayecto hasta La Habana, con precios que pueden superar los 20.000 pesos por persona, por lo que tendrían que pagar prácticamente el viaje completo aunque se bajaran antes. La alternativa de realizar varios transbordos tampoco resulta viable para trasladar a una persona en las condiciones de Runeldis.

Entre el viaje de ida y vuelta y los gastos asociados al traslado, Nuria calcula que necesitaría alrededor de 100.000 pesos. Tendría que viajar acompañada por su hijo menor, Ariel Silva, quien la ayudaría durante el trayecto con Runeldis.

“Quisiera tener a mi hijo de vuelta porque no sé la suerte que pueda correr. No sé si se está alimentando, si lo están atendiendo como es debido”, expresa la madre.

Su preocupación aumentó después de recibir una fotografía de Runeldis en la que, según cuenta, se observan lesiones en la piel. Al preguntar por su estado, la familia habría recibido como respuesta que el hospital no disponía de medicamentos para tratarlo y que debía conseguirlos por su cuenta.

Una familia sin recursos y con tres menores

La petición de esta madre ocurre en medio de una situación económica igualmente precaria. En el hogar viven actualmente seis personas, entre ellas tres menores de edad. Si Runeldis regresa, serían siete. La principal fuente de ingresos procede de los trabajos particulares que realiza su hijo Ariel.

La familia asegura que ha solicitado asistencia social, pero no ha recibido ayuda. Según explica Nuria, la respuesta fue que su hijo Ariel constituye un “familiar obligado” y que, al encontrarse en condiciones de trabajar —aunque también presenta problemas de salud—, le corresponde sostener económicamente a la familia.

Para la madre, resulta imposible que una sola persona pueda asumir esa responsabilidad cuando también tiene tres hijos menores que mantener.

A las dificultades económicas se suma el problema de la vivienda. La familia habita una casa pequeña en la que deben convivir seis personas y, cuando Runeldis se encuentra en Santiago de Cuba, también él. Las características de su enfermedad y su tendencia a deambular hacen especialmente difícil mantenerlo dentro del hogar, sobre todo por los problemas de higiene que, según su madre, presenta.

Como alternativa, habían construido para él un pequeño cuarto de madera en el patio, pero ese espacio quedó destruido durante un deslizamiento de tierra provocado por el huracán Melissa, en octubre de 2025. La tierra sepultó la cama y las pocas pertenencias que Runeldis tenía.

Desde entonces, Nuria intenta reconstruir el cuarto con los escasos recursos que encuentra. Sin dinero para comprar cemento o madera, recoge materiales que pueda reutilizar para acondicionar nuevamente el espacio.

No es la primera vez que Runeldis se pierde

La situación tampoco es nueva para esta familia. En ocasiones anteriores, Runeldis ha terminado en otros municipios de la región, entre ellos Contramaestre, y también en Holguín. Esta vez, sin embargo, llegó hasta Camagüey, a varios cientos de kilómetros de su hogar.

La preocupación de su madre está relacionada tanto con el estado actual de su hijo como con la posibilidad de que vuelva a marcharse antes de que pueda ser trasladado.

“He escuchado de casos de pacientes psiquiátricos que están muriendo en condiciones extrañas. No sé si por falta de alimentación o por sobredosis de medicamentos”, afirma, al explicar el temor con el que vive estos días.

Al mismo tiempo, rechaza que la imposibilidad de mantener a su hijo permanentemente dentro de la vivienda pueda interpretarse como falta de interés o abandono.

“Me han dicho hasta que soy mala madre, que no atiendo a mi hijo, pero aquí, con tres niños pequeños, no lo puedo tener. Eso no significa que no quiera a mi hijo”, lamenta.

Por ahora, Nuria continúa buscando una respuesta. También apela a la solidaridad de quienes puedan ayudarla a reunir el dinero necesario para viajar junto a Ariel y traer a Runeldis de regreso.

“Como madre, sufro mucho por no poder ir a buscar a mi hijo. Por eso les pido a las personas de buena voluntad que se sientan conmovidas por mi caso que me ayuden, ya que el Gobierno no quiere hacerlo”, pide.

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