LA HABANA.- A las doce del día termina las clases, va a casa y se quita el uniforme escolar. Vive en Centro Habana con su madre y su hermanita, allí almuerza lo que su mamá haya podido cocinar entre tantos apagones y escasez de alimentos, y casi de inmediato él sale a buscar pasajeros por las calles de La Habana. Leandro tiene14 años, cursa el octavo grado y conduce un bicitaxi para ayudar a mantener a su familia.
“Con lo que hago compro arroz, pollo, panes para la noche y para el otro día merendar en la escuela. Ayudo a la pura en cosas de la casa. Esto está malo, trabajo para apoyar a mi mamá”, cuenta mientras acomoda el asiento del bicitaxi.
Habla rápido, con la mezcla extraña de inocencia y madurez que tienen muchos niños cubanos obligados a crecer antes de tiempo. Dice que el dinero nunca alcanza. Que hay que pensar en la comida, en la ropa, en los zapatos. Que el mes que viene es el cumpleaños de su madre y quisiera poder regalarle algo.
En medio de todo, todavía guarda un sueño intacto: el boxeo.
“Soy boxeador, entreno en la Ciudad Deportiva. El pasaje me cuesta mil pesos al día”, explica. A veces el dinero que gana apenas alcanza para cubrir el transporte hasta los entrenamientos. Pero insiste. No quiere dejar el deporte. Siente que ahí puede estar la salida. Leandro cree que si entrena duro, que si estudia duro, que si hace todo bien podrá aspirar a una mejor vida.
Vive en un barrio “de mucho ambiente”. Así describe un entorno de violencia, drogas, problemas y malas compañías. Pero enseguida aclara: “No estoy metido en nada de eso. Estoy enfocado en estudiar, mi trabajo y el deporte. Mi mamá me lleva por el buen camino”.
Mientras habla, caminan a su lado muchos cubanos tan metidos en sus propios problemas que no reparan en que es un niño quien conduce el vehículo. La Habana alrededor parece moverse despacio, apenas hay autos en la calle y el sol es muy fuerte. Nada mejora. Él, en cambio, habla de un futuro mejor, convencido de que es posible alcanzarlo.
“Quisiera ayudar más a mi mamá y salir adelante para que estemos mejor”, dice.“Yo soy pobre, vivo humildemente, pero feliz. Mi mamá me da amor”.
Nota del editor: El nombre del adolescente fue cambiado para proteger su identidad










