SANTA CLARA, Cuba ― Hasta hace 15 días, en casi todos los puestos de venta de Santa Clara se hallaban pequeños paquetes de refresco instantáneo, con un rendimiento aproximado de dos litros, a precios que oscilaban entre los 50 y los 60 pesos. Casi en coincidencia con la primera semana del curso escolar, desaparecieron de las mipymes mayoristas y, por consiguiente, de las cafeterías y los negocios privados.
“No sé cuántas personas vienen a diario y preguntan por los refrescos”, cuenta Liset Pérez, dependienta de un establecimiento situado en la carretera a Sagua donde antes los vendían en más de seis sabores. “Los compraba al por mayor y se le sacaba a cada caja de 24 unidades una ganancia de doscientos pesos, pero se perdieron, así como así”.
La escasez de refresco en polvo no se limita a Villa Clara. “Mi sobrino fue el fin de semana pasado a La Cuevita a buscar mercancía y ni allí pudo encontrar”, continúa Pérez, en referencia al mayor mercado informal de La Habana, en San Miguel del Padrón. En Santa Clara, los dependientes de un puesto de la calle Martí, antes concurrido porque los comercializaba por cantidad, aseguran que sus proveedores habituales tampoco han logrado surtirse de refrescos instantáneos, aunque desconocen la causa del desabastecimiento.
Esta semana, la usuaria Odalgis Rojas Parra compartió en Facebook imágenes de una cola multitudinaria en Holguín, frente a un punto de venta donde, según su publicación, habían sacado el producto. “Qué tristeza, Dios mío”, escribió junto a las fotografías. Varios holguineros que comentaron el mensaje precisaron que el paquete se vendía a 180 pesos. “Nada peor que tener hambre y esos refresquitos resuelven, son la base de todo”, escribió Lisbel Céspedes.
La desaparición repentina de los refrescos en polvo ha golpeado sobre todo a las familias que los utilizaban en las meriendas escolares, a pesar de que muchos padres son conscientes de que no constituyen una opción saludable ni recomendada por médicos y nutricionistas, por su alto contenido de azúcares y aditivos artificiales.
“Daño hace pasar hambre. Yo crecí con los refrescos Toki y nunca me pasó nada”, asegura Amanda Martínez, madre de dos niños en la enseñanza primaria. “La libra de guayaba, lo único que se encuentra de fruta, está a más de 100 pesos y súmale el azúcar a 600 la libra. Imposible para un salario, aparte de que casi nunca hay corriente para batir nada”. Martínez agrega que los refrescos instantáneos tienen la ventaja de que “puedes congelar el agua en las pocas horas con electricidad y después echarles el polvito y así se mantienen más tiempo fríos”.
Hasta hace poco, Luminy era la marca más común en los establecimientos por cuenta propia; incluso se vendían paquetes vencidos desde hacía meses, con un contenido difícil de diluir en agua. La marca pertenece a la empresa turca Beşem Gıda, según el catálogo de productos de la compañía, aunque varios vendedores afirman que los paquetes llegaban a la Isla desde República Dominicana.
“En el Mariel tampoco hay refrescos en polvo”, asegura Tania Díaz, propietaria de un establecimiento cerca del centro de Santa Clara. “Allá me enteré que, como Dominicana había roto relaciones con Cuba, ya no iba a entrar más mercancía y eso incluye a los Luminy. Supongo que es lo mismo que pasó con los Zuko, que también se perdieron y que venían por la misma vía”, especula la cuentapropista.
República Dominicana, sin embargo, no ha roto relaciones diplomáticas con Cuba. El 13 de agosto el Gobierno dominicano ordenó la salida del país de nueve funcionarios de la embajada cubana y sus familiares —10, según La Habana—, una decisión que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba calificó de “acto de subordinación” a Estados Unidos. Ambos países mantienen vínculos formales y no se ha informado de una interrupción del comercio entre ellos.
Mientras las familias cubanas ni siquiera tienen la posibilidad de adquirir un producto tan económico en gran parte del mundo como el refresco instantáneo, en las tiendas en divisa se comercializa a más de dos dólares la marca cubana Piñata, producida por Coracán S.A. Los sobres de 200 gramos se venden actualmente en el mercado informal a 1.200 pesos cada uno y alcanzan solo para ocho litros.









