LA HABANA, Cuba ― “Las cazuelas [cacerolazos] se han convertido en un símbolo de libertad, de reclamo por los derechos y por la dignidad humana, en un símbolo de ansias de justicia social”, dice a un vecino del barrio El Sevillano, que pidió proteger su identidad para evitar represalias.
El hombre, que reside a pocos metros de Villa Marista, cuartel general de la Seguridad del Estado, aseguró que desde comienzos de mayo su barrio ha estado protestando contra las autoridades como nunca antes. Desde entonces, todas las noches suenan las cazuelas como símbolo de descontento popular.
“Este era un barrio que siempre se mantuvo callado. La gente no salía, no protestaba, pero parece que la desesperación por la falta de electricidad, que pasa de las 20 horas diarias, más el hambre, la miseria y la falta de agua empujaron a la gente a la calle”, contó el entrevistado.
Según recuerda, la primera protesta empezó con un toque de cazuelas que terminó en una enorme protesta en la calzada de Diez de Octubre y Acosta, donde se unieron residentes de diferentes zonas que incendiaron e interrumpieron el tráfico.
“Ese día se unieron todos en una sola voz y la calzada de Diez de Octubre se iluminó con candela. La gente quemó gomas y tanques de basura. Todo estuvo protagonizado por los jóvenes, que gritaron consignas”, recuerda.
Además, agregó que los manifestantes fueron reprimidos “muy fuerte” por agentes de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), que incluso sacaron sus armas de fuego para intentar dispersar a la multitud.
“Los policías sacaron las pistolas y amenazaron a la gente. Al poco rato pusieron la luz. Para mí, eso no fue una victoria, pero sí el comienzo de algo. Y así sucesivamente todas las noches se protesta en El Sevillano”, precisó.
El entrevistado también indicó que las autoridades locales han intentado infructuosamente convocar a miembros del Partido Comunista de Cuba (PCC) de la zona para contrarrestar los toques de cazuelas y las protestas. Sin embargo, “solo tres o cuatro personas” han respondido a la convocatoria.
“De los más de 120 miembros del Partido que hay por esta zona, solo han asistido tres o cuatro. Hasta ellos están cansados del infierno que estamos viviendo los cubanos”, lamentó.
Por otro lado, asegura: “Yo vi hasta los niños tocando cazuelas, pidiendo luz, pidiendo agua, pidiendo pan. Duele ver una Cuba así, pero la esperanza no se puede perder”, insistió.
En medio de cortes eléctricos superiores a las 20 horas y la escasez de agua potable y alimentos, cada vez más cubanos recurren a la protesta para exigir un cambio al régimen y salir de la agonía en que se encuentran. “En cada casa se comenta la situación que está viviendo el país, la desesperación con que se está viviendo, y la gente quiere cambio. Muchos niños se acuestan sin comer y se levantan sin desayunar. Muchos ancianos se están muriendo de hambre, hay mucha pobreza y la gente no da para más es mucha la tristeza”, concluyó el entrevistado.










