LA HABANA, Cuba.- Existen varias confusiones sobre la muerte del estudiante Rafael Trejo a consecuencia de un balazo recibido el 30 de septiembre de 1930, durante una manifestación de los universitarios contra el gobierno de Gerardo Machado que derivó en un choque con la policía.
Trejo no fue la primera víctima mortal de la represión machadista, como suele afirmarse. El primero fue el periodista Armando André Alvarado, que el 20 de agosto de 1925, a solo tres meses de llegar Machado a la presidencia, fue acribillado a balazos, mientras viajaba en su auto, por matones a sueldo del régimen.
André, que en 1896 atentó contra la vida de Valeriano Weyler al poner una bomba en el Palacio de los Capitanes Generales, alcanzó el grado de comandante del Ejército Libertador.
Pero Machado no atendió a los méritos patrióticos de André y, según diversas fuentes, ordenó asesinarlo en venganza por las fuertes críticas a su gobierno y los intentos de ridiculizarlo mediante versos y caricaturas desde las páginas del periódico El Día, del cual André era el director.
Tres años después, en 1928, fueron asesinados dos líderes sindicales, cuyos cadáveres, descompuestos y semidevorados por los tiburones, aparecieron en el mar.
Y de aceptar la versión que asegura que los que mataron a Julio Antonio Mella fueron sicarios al servicio de Machado y no del Partido Comunista mexicano en castigo por sus vínculos con los trotskistas, como afirman otras versiones, entonces Mella, asesinado el 10 de enero de 1929 en Ciudad de México, sería la cuarta de las primeras víctimas mortales del régimen machadista.
Entonces, Rafael Trejo vendría a ser la quinta víctima del régimen de Machado. Pero a diferencia de los otros, no fue asesinado a mansalva ni había orden de matarlo, sino que murió a consecuencia de un tiro que se le escapó a un policía con el que forcejeaba.
Trejo, que tenía 20 años y estudiaba Derecho, y los demás manifestantes convocados por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) se proponían marchar hasta la casa del profesor Enrique José Varona para apoyar su rechazo a la Prórroga de Poderes que impuso Machado violando la Constitución.
Cuando iban por la calle San Lázaro, a unos pocos cientos de metros de la escalinata de la Universidad, la policía intentó dispersar la manifestación y se desató la violencia.
Trejo resultó mortalmente herido de bala cuando, junto con otro estudiante, forcejeaba con un policía para arrebatarle su revólver de reglamento (hay una foto de la prensa de la época que muestra la pelea entre los dos estudiantes y el policía).
Conducido al cercano Hospital de Emergencias, Trejo falleció a consecuencia de una incontrolable hemorragia interna. Pero no fue el 30 de septiembre, sino en la noche del primero de octubre.
Rafael Trejo sería incorporado al martirologio de la historiografía castrista que considera que, en Cuba, desde 1868 y hasta Fidel Castro, solo hubo una misma revolución. Pero la madre de Trejo, Adela González, que falleció en 1964, no recibió el tratamiento que se supone merecería la madre de “un mártir de la revolución”. Por el contrario, en 1962, debido a su amistad con Polita Grau, se hizo sospechosa de estar involucrada en “actividades contrarrevolucionarias”, fue fichada, vigilada y su casa minuciosamente registrada por agentes de la Seguridad del Estado que probablemente no supieran que el hijo de aquella anciana sospechosa fue “un mártir de la revolución”.









