abril 1, 2026

“Falta compromiso y respeto por la vida”: Los riesgos de dar a luz en Santiago de Cuba

"Las negligencias aquí no parecen deberse al desconocimiento, sino a la falta de compromiso y respeto por la vida del paciente", lamentó una joven médica.
Dos embarazadas n Santiago de Cuba
Dos embarazadas n Santiago de Cuba (Foto: CubaNet)

SANTIAGO DE CUBA ― El Hospital Clínico Quirúrgico “Dr. Juan Bruno Zayas Alfonso”, de Santiago de Cuba, enfrenta hoy una presión que supera su capacidad. Con el Hospital Materno Norte y la Clínica de los Ángeles sin operar debido a reparaciones, todas las embarazadas que requieren hospitalización deben ser internadas aquí. La consecuencia es un colapso que ya ha cobrado vidas.

La información fue proporcionada a CubaNet por una interna de Medicina y confirmada por varias embarazadas ingresadas. Todas pidieron mantener su identidad en anonimato, por miedo a represalias que podrían afectar su seguridad o su carrera.

Cuando la espera se vuelve mortal

En las últimas semanas, al menos tres muertes neonatales se han registrado en el hospital, vinculadas a retrasos en cesáreas o inducciones de parto en mujeres que superaban las 41 semanas de gestación. Los casos más graves involucraron el llamado síndrome de aspiración de meconio, una complicación que requiere acción inmediata: vigilancia fetal constante y, de ser necesario, parto rápido para salvar la vida del bebé.

“Vi cómo una doctora intentaba tranquilizar a una madre que pedía cesárea urgente porque su bebé había hecho meconio horas atrás. Le dijo que su miedo era injustificado”, contó la interna.

El riesgo no es solo para los bebés: cuando se retrasa un parto postérmino con presencia de meconio, aumentan las probabilidades de infecciones dentro del útero, como la corioamnionitis, que en los casos más graves puede derivar en sepsis materna, una condición potencialmente mortal.

Preeclamsia y embarazos críticos

Perinatología ya no es la sala de cuidados especializados que era: hoy no atiende urgencias, sino que las retrasa. Solo la semana pasada, siete mujeres diagnosticadas con preeclampsia aguardaban por una oportunidad de inducción o cesárea. No importaba que en estos casos la acción rápida sea determinante, pues la enfermedad puede desencadenar crisis hipertensivas, desprendimiento de placenta, daño renal, sufrimiento fetal e incluso muerte materna o neonatal. En algunos casos la preeclampsia avanza a eclampsia, con convulsiones que ponen en riesgo inmediato la vida de la madre y el feto. Aun así, las pacientes deben esperar turnos que se posponen constantemente.

Una gestante de 31 años, con su bebé considerado de Crecimiento Intrauterino Retardado (CIUR), relató a CubaNet: “Me han dicho que debo conseguir lo necesario para la cesárea porque aquí no hay. Solo logré conseguir suturas y antibióticos del postoperatorio. Que sea lo que Dios determine; nos pongo en sus manos”. La joven enfrenta riesgos de bajo peso al nacer, sufrimiento fetal y complicaciones respiratorias y neurológicas, agravadas por factores como anemia y malnutrición materna.

La demora no solo se limita a la programación: también pone en riesgo a los casos más urgentes. Durante su guardia, en la madrugada del martes 16 de marzo, la interna consultada fue testigo de un episodio que evidencia la precariedad del sistema: una joven de 22 años, proveniente de Songo La Maya, llegó en ambulancia con un embarazo ectópico que había estallado. La demora en la llegada del apoyo, relacionado últimamente con la falta de cobertura telefónica en el municipio, impidió que recibiera atención a tiempo. Al llegar al Clínico, la paciente sufrió un paro cardíaco y falleció. Según la fuente, la muchacha podría haber sobrevivido si hubiese sido trasladada y operada de urgencia, tal y como dicta el protocolo médico.  

“Las negligencias aquí no parecen deberse al desconocimiento, sino a la falta de compromiso y respeto por la vida del paciente”, lamentó la joven médica.

Falta de insumos y precariedad hospitalaria

La crisis trasciende la atención inmediata. La falta de anestésicos y material quirúrgico también retrasa las intervenciones. Los hospitales tampoco disponen de medicamentos esenciales para el cuidado postoperatorio. Ni siquiera hay guantes o jeringas y, mucho menos, suturas, sondas o trócares; lo que obliga a muchas mujeres a recurrir al mercado informal, donde un antibiótico puede costar hasta 1.000 pesos, y un kit de cesárea más de 10.000.

Por otro lado, las condiciones sanitarias agravan más la situación. Las salas están saturadas, hay cucarachas por doquier y la higiene en áreas sensibles es mínima, lo que hace frecuente que las mujeres operadas contraigan infecciones intrahospitalarias, a veces graves. En Preparto, muchas pacientes permanecen horas en estas condiciones junto a sus recién nacidos, sin poder asearse, acostadas sobre sábanas manchadas y fétidas, esperando que se libere una cama en algún servicio de puerperio.   

Según el Ministerio de Salud Pública, la tasa de mortalidad infantil en menores de un año subió de 7,1 en 2024 a 9,9 por 1.000 nacidos vivos, y la tasa de mortalidad materna pasó de 40,6 a 44,1 por 100.000. Sin embargo, los reportes omiten las principales causas de muerte.  

Aun cuando las cifras oficiales no reflejan la realidad, las demoras, el desabastecimiento y las negligencias médicas continúan cobrando vidas, que pudieron haberse salvado en condiciones normales.

Biografía del autor:

Sigue nuestro canal de WhatsApp. Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de Telegram.

ETIQUETAS: