LA HABANA.- En el año recién concluido la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, SA (ETECSA) llevó a cabo una serie de “mantenimientos técnicos”, supuestas mejoras encaminadas, en teoría, a optimizar la calidad de los servicios. Uno de ellos, ejecutado en mayo, sirvió como antesala para una impopular modificación en los precios y ofertas de datos móviles. Para justificar las criticadas –y restrictivas– transformaciones, gobernantes y voceros del emporio de telecomunicaciones argumentaron la necesidad de incrementar los ingresos imprescindibles para garantizar sus servicios. Sin embargo, meses después de aquel controvertido episodio la calidad de las telecomunicaciones en Cuba continúa mermando a ojos vista, y no solo en el ámbito de la telefonía móvil.
Según las reglas del monopolio estatal, cada cliente tiene derecho a una única reposición de terminal en moneda nacional por el precio de 60 pesos –al menos en teoría, pues en la práctica no hay disponibilidad–. Ahora bien, como es natural, debido al tiempo y al uso los equipos se van deteriorando y averiando irremediablemente a través de los años, hasta quedar muchas veces inservibles. En esos casos los técnicos –cuando por fin aparecen– son incapaces de repararlos, principalmente por no contar con las imprescindibles piezas de repuesto (por inverosímil que resulte, dados los millonarios ingresos de la empresa). Ello deja al cliente sin otra opción que comprar un nuevo equipo, lo cual, para quienes ya consumieron su oportunidad en pesos cubanos (a estas alturas la mayoría, si no la totalidad de los abonados), significa pagar en moneda dura alguno de los teléfonos disponibles en las oficinas comerciales, que no son nada baratos, por cierto.
Como resultado, no son pocos los que se ven privados de hacer uso del servicio durante meses (en el mejor de los casos) por no disponer de dólares para adquirir los terminales disponibles, o en su defecto FE (familiares en el extranjero) que le hagan la compra desde sus países de residencia. Quien navegue las páginas oficiales del único proveedor de telefonía de la isla podrá comprobar que están inundadas de ofertas dirigidas al público del patio, pero a pagar desde ultramar. No hay por qué extrañarse, esta no es más que una de las tantas maneras en que el gobierno de la mayor de las Antillas lucra con las necesidades insatisfechas de sus ciudadanos.
No obstante, a pesar de no tener servicio muchos usuarios se ven obligados a seguir pagando para no perder el contrato de manera permanente, y con la esperanza de poder recuperar la comunicación algún día. Y es que en un contexto en el que el vandalismo y la desidia gubernamental tiempo ha que dieron cuenta de los teléfonos públicos, la telefonía fija es vital para todo aquel que no dispone de un celular, especialmente ancianos, personas de bajos ingresos y cualquiera que se encuentre en situación de vulnerabilidad. Por otra parte, este servicio adquiere especial importancia en establecimientos administrativos y comerciales –principalmente desde que el transporte público quedó virtualmente colapsado– pues antes de dar el viaje en vano es conveniente verificar ciertas informaciones como horarios de apertura, disponibilidad y precio de determinados artículos, etcétera.
Aunque, paradójicamente, en tiendas, instituciones estatales y otros centros de trabajo dedicados a la atención a la población o relacionados de algún modo con la recepción de clientes la última moda desde hace un tiempo es no responder al teléfono fijo. Este fenómeno ha ganado fuerza a medida que los empleados se han equipado con teléfonos móviles, de manera que las llamadas que les interesan les llegan directamente sin pasar por la pizarra del centro de trabajo. Para el cliente necesitado ello se traduce en horas y horas de marcación inútil más incontables timbrazos que nadie responde, hasta que finalmente no queda más remedio que arriesgarse a acudir personalmente, con el gasto que ello representa en términos de tiempo, dinero y energía. Al mencionar el asunto, los empleados por lo general se limitan a encogerse de hombros y alegar que el teléfono “está roto”.
Desafortunadamente, no son estas, ni mucho menos, las únicas fallas que enturbian la reputación de ETECSA Supuestas modernizaciones de infraestructura que no se notan en la práctica, saldo que desaparece, servicios congelados durante los apagones, demoras excesivas en las reparaciones, son solo algunas de las principales quejas de los clientes. Cada año tanto la red fija como la móvil acusan mayor deterioro, para una creciente insatisfacción de los usuarios de una y otra. “En la guerra como en la paz, mantendremos las comunicaciones”, reza la consigna tradicional del respectivo gabinete en tiempos de los Castros. “Si no llueve y hay corriente”, apostillan los bromistas.








