Elías Amor: “En una democracia no tiene sentido que el ejército sea dueño de empresas”

El economista Elías Amor Bravo analiza el fracaso del modelo turístico cubano, cuestiona las inversiones hoteleras de GAESA y propone privatizar el sector y orientarlo al mercado de lujo en una futura transición democrática.
Elías Amor Bravo
Elías Amor Bravo (Foto: Wenceslao Cruz)

LA HABANA, Cuba ― Pese a que el país se encaminaba hacia un colapso sistémico, con la población sometida a apagones prolongados y servicios esenciales como la salud y la educación en total abandono, la construcción de hoteles de lujo en Cuba por parte del conglomerado de empresas militares GAESA no se detuvo. 

Sin embargo, el turismo en la Isla ―calificado por el discurso oficial como “motor impulsor” de la economía nacional― hoy atraviesa una de sus crisis más profundas: las más importantes cadenas hoteleras dejan el país y las aerolíneas cancelan sus rutas a La Habana y otros puntos turísticos de la Isla. 

Para comprender el fracaso de este modelo y, sobre todo, cómo reestructurar un sector clave en un escenario de cambio y reconstrucción democrática, CubaNet conversó con el economista Elías Amor Bravo. 

Radicado en España, donde ha desarrollado una prolífica carrera académica y de consultoría tras licenciarse en la Universidad de Valencia, Amor Bravo es uno de los analistas más lúcidos y rigurosos de la realidad cubana, la cual examina a diario en su blog Cubaeconomía

🚨 Cómo reconstruir el turismo en Cuba tras el fracaso de GAESA

―Mientras sectores vitales como la agricultura, la salud y la educación colapsan por falta de presupuesto, GAESA ha continuado construyendo hoteles de lujo que permanecen vacíos o con tasas de ocupación bajísimas. ¿Cómo se explica o justifica esta lógica inversionista del régimen?

―No es una lógica inversionista; es una política que parte de la idea de que en Cuba se va a producir un crecimiento del turismo, fundamentalmente del turismo de sol y playa masivo, similar al que se produce en España en las zonas de Benidorm, Mallorca, Menorca; pero esto realmente es una falacia, porque los datos confirman que el modelo elegido desde los años 90, cuando se abrió Cuba el turismo, ha sido un fracaso.

No crecen las cifras de manera exponencial, como ocurre en otros mercados del Caribe. República Dominicana y Cancún están experimentando crecimientos espectaculares mientras que Cuba, en cambio, se estanca. Esto significa que este modelo no vale para Cuba. Simplemente es inútil, ineficiente, y lo que está haciendo GAESA es derrochar dinero en la construcción de hoteles que luego se quedan con ocupaciones de un 10% en promedio, lo que no justifica, ni de lejos, la inversión realizada. Es otro de los ejemplos de los fracasos de las políticas económicas del régimen.

El modelo de sol y playa de turismo está agotado y tiene en el Caribe plazas fuertes con mucha experiencia; así que el turismo de Cuba tiene que ir por otro camino. ¿Cuál? Ya se verá. Hay algunas posiciones que hablan de que tiene que apostarse por el turismo de lujo. Yo estoy de acuerdo.

Creo que hay que posicionar el turismo de Cuba en un segmento en el que otras plazas del Caribe no lo estén, y no hay que esperar que el turismo llegue en los aviones repletos de Italia o de España; el turismo a Cuba debería llegar en yates de lujo que atracarían en marinas de lujo situadas en puntos del territorio; pero esto es una política de cara al futuro, no para ahora.

Lo que está claro es que hay un fracaso total y absoluto de las inversiones hoteleras y nadie asume ninguna responsabilidad, es decir, se ha invertido en hoteles, que están ahí gestionados por los hoteleros españoles, y los resultados son un auténtico desastre. Ese es el ejemplo clarísimo de cómo es la política económica que rige Cuba.

―Cuba ha quedado rezagada en la recuperación del turismo pospandemia en comparación con destinos vecinos como República Dominicana o Cancún. Más allá de la propaganda oficial que culpa exclusivamente al embargo, ¿cuáles son las causas estructurales internas que han destruido la competitividad del turismo cubano? ¿Cómo afecta la crisis sistémica actual a la calidad del producto turístico y a la reputación del destino Cuba a nivel internacional?

―El primer problema fundamental que tiene el turismo cubano es que no puede competir con plazas fuertes que hay en el Caribe, como son República Dominicana y Cancún.

El modelo de turismo de Cancún y de República Dominicana, y ahora Costa Rica ―que se está incorporando también― parte de la idea de ofrecerle al turista espacios de complemento que van más allá del mero sol y playa, más cosas, más actividades recreativas, más actividades lúdicas, casi siempre a cargo de una iniciativa privada que, en el caso de Cuba, no existe. Por lo tanto, ahí habría un primer elemento diferencial muy importante.

La actividad turística en Cuba es ir a un hotel, sentarse en el resort, estar allí tomando el sol y hacer algo más. No hay más. No hay una oferta privada competitiva que permita a esos turistas participar en miles de actividades a lo largo de su estancia, incluyendo festivales de música, actuaciones, etcétera. Eso no está debidamente desarrollado.

Por supuesto que los apagones y las condiciones inhumanas en las que viven los cubanos también influyen en el turismo, pero los turistas están acostumbrados a viajar a Cuba y no insertarse en la realidad, sino a disfrutar de los recursos, disfrutar del paraíso natural, de los aspectos también culturales, etcétera, y no a ver a la gente cómo está.

Y luego, en tercer lugar, yo creo que el problema es fundamentalmente también coyuntural. Los aviones no vuelan a Cuba porque no hay combustible, se suspenden líneas aéreas, dejan de llegar turistas… Esto es como una especie de serpiente que se come a sí misma.

Si no llegan los turistas, los hoteles no se ocupan; si los hoteles no se ocupan, no hay rentabilidad; y, si no hay rentabilidad, los gastos se comen a los ingresos y, por tanto, las empresas hacen lo que están haciendo las cadenas hoteleras españolas: levantar sus operaciones en Cuba y volverse a sus países de origen en silencio y sin armar mucha bulla para que GAESA tampoco se vea especialmente afectada. Es, insisto de nuevo, el fracaso de un modelo.

―En un escenario de transición, una de las tareas más complejas será la auditoría y el desmantelamiento de GAESA. ¿Cómo debería gestionarse la transición de estos activos hoteleros para evitar el caos económico o la privatización mafiosa?

―Gaviota es el grupo turístico vinculado a GAESA más importante; por tanto, es un subconjunto de GAESA. Si se quiere influir en el sector turístico, yo creo que más que GAESA, hay que ir primero a Gaviota y, sobre todo, a las distintas empresas más pequeñas que están vinculadas al negocio de Gaviota. A esas empresas que, en su mayoría, están dirigidas también por militares y por personas que representan al régimen, habría que cambiarles los accionariados.

Luego hay que conocer quiénes son los accionistas, porque la falta de información es de tal nivel que de estas empresas no se sabe ni quiénes son los dueños, no están ni siquiera registradas en un registro mercantil o en un registro societario. Por lo tanto, lo primero será investigar. Evidentemente, habrá que desmantelar el complejo vinculado a las fuerzas militares, porque en una democracia no tiene sentido que el ejército sea dueño de empresas de esta manera.

Por supuesto que puede haber intereses económicos de militares en empresas. Eso es inevitable y es una de las leyes fundamentales de la economía de mercado. En todo caso, si lo que no se quiere es tener a militares en esas empresas, lo que hay que hacer es ofertarles una cantidad de dinero por su participación para que dejen esas empresas y se marchen.

Pero lo que no puede hacer un régimen democrático en Cuba es volver a la eterna política de las expropiaciones, porque eso sería un punto de partida muy negativo para el futuro. Nosotros tenemos que actuar de una manera completamente distinta a como actúan los comunistas.

Los derechos de propiedad, aunque hayan sido obtenidos de forma fraudulenta, son derechos de propiedad. Y la única solución es llevarlos a los tribunales independientes cuando en Cuba se cree el poder judicial independiente, y que sean estos los que decidan qué es lo que se hace finalmente con esas participaciones. 

Esto va a ser un proceso largo en el tiempo, complejo, pero no podemos saltar fases porque significaría que nosotros mismos estaríamos destruyendo el sistema de economía de mercado que queremos instalar.

―Actualmente, el sector privado participa de la industria del turismo (hostales, restaurantes). En una economía en transición hacia el libre mercado, ¿qué peso real debería tener la iniciativa privada en el desarrollo del turismo y cómo se dinamizaría el empleo local?

―El sector turístico en todos los países del mundo, excepto en Cuba, es privado.

No hay sector público que posea hoteles o que gestione el turismo, porque el turismo es, fundamentalmente, limpiar habitaciones de hoteles, preparar comidas para los turistas, preparar cenas, lavar las sábanas de los hoteles, organizar fiestas para que la gente se divierta. Esas son actividades que no debe desarrollar un Estado. Un Estado está para la salud, la educación y los servicios sociales, no para este tipo de cosas.

Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es eliminar completamente la vinculación del Estado al sector turístico, y eso sí cabe en el proceso de transición económica y política que habrá que hacer en Cuba de manera coordinada.

¿Cómo? Pues los contratos hoteleros habrá que revisarlos en profundidad y, desde luego, avanzar hacia una política de venta de los hoteles que en este momento son del Estado, porque lo que no tiene sentido es que el Estado cubano sea un alquilador de hoteles.

Entonces, con la venta de los hoteles a las cadenas que los quieran comprar, aparecen actores nuevos en el marco político y económico de la Isla que van a jugar con unas reglas completamente distintas a las del Estado. Ese sería, por tanto, uno de los pasos fundamentales a realizar en ese proceso de transición, una política no solo de privatización de los hoteles sino de privatización de las 2.700 empresas estatales (si es que tienen compradores).

No tiene sentido que el Estado tenga una sola empresa pública, salvo que su existencia esté previamente justificada por tratarse de un monopolio natural. Si eso no es así, el Estado no debe dedicarse a la actividad económica, que solo debe ser realizada por privados.

―En muchos países, los impuestos que genera el turismo se quedan en las comunidades para mejorar sus calles, parques y servicios. ¿Cómo visualiza una ley que descentralice los ingresos y empodere a los municipios turísticos?

―Sí, la tasa turística es un impuesto que se aplica, por ejemplo, en Atenas. En Atenas te cobran 10 € la noche por pareja o por habitación, como una tasa turística que luego se destina al arreglo de los monumentos de la Acrópolis y cosas así. Bueno, esto es un error. Yo creo que a Cuba lo que le interesa es que el precio que paga el turista que va a venir en el futuro, sea un precio alto que reporte beneficios a quien lo oferta, no al Estado. El Estado no tiene que recaudar tasas turísticas, tiene que recaudar el impuesto sobre la renta, el IVA y poco más, no tiene que estar en otras estructuras impositivas que no conducen a nada, solo al malestar de los turistas y los viajeros.

Si apostamos por un turismo de lujo, que yo creo que es el futuro del turismo en Cuba, lo que hay que intentar es que los precios se correspondan con los servicios y que las expectativas de esos turistas de lujo que van a llegar a Cuba en yates o en jets privados, se correspondan con las realizaciones. En el momento en que la percepción sea inferior a la expectativa, ese turista ya no volverá más y, además, hablará mal del turismo de lujo de Cuba.

Por lo tanto, hay que ser muy sensatos en la política de turismo que se va a desarrollar en Cuba en los próximos años. Yo propongo que no haya, absolutamente, ningún tipo de impuesto adicional sobre las llegadas, las habitaciones o la actividad turística, porque con eso ni se recauda dinero para resolver los problemas ni se mejora la competitividad turística de Cuba.

―El turismo global hoy se mueve a través de plataformas digitales y pagos electrónicos. En Cuba, el turista extranjero sufre con frecuencia la falta de acceso estable a internet, además de un sistema bancario disfuncional. En un escenario de reforma económica y de transición, ¿qué tan urgente es la digitalización financiera y de servicios en el turismo? ¿Cómo podrían las nuevas tecnologías ayudar a eliminar la burocracia y agilizar los procesos de reservas y pagos?

―Yo creo que todo aquello que permita al turista pagar con su tarjeta cualquier servicio es una ventaja lógicamente competitiva muy importante. Si los turistas tienen que estar sacando dinero de los bancos para ir pagando los servicios que luego van a contratar, pues muchos ni lo harán porque la gente que viaja a Cuba como turista está acostumbrada al uso de los medios de pago electrónicos, las tarjetas, etcétera. 

Esto dependerá, claro, del grado de bancarización que se produzca en la economía cubana. De momento, el régimen dirige las estrategias de bancarización fundamentalmente a los ciudadanos cubanos. No las plantea para el desarrollo del turismo. 

Por tanto, ahí hay un punto que hay que debatir y que analizar y ver si, efectivamente, tiene sentido que esas estrategias de bancarización se dirijan al pueblo cubano cuando este es el que menos necesita que los bancos le resuelvan los problemas. El cubano maneja el dinero. Una buena prueba de ello es que Cuba es uno de los países del mundo con mayor volumen de efectivo en manos de la gente en relación con el PIB.

El turista no es así. El turista viene de países en los que las transacciones son electrónicas, con tarjeta o con otros medios como los teléfonos móviles. Por tanto, el sector turístico cubano se tiene que adaptar a esa estructura de pagos porque, si no, habrá un malestar por parte de los turistas.

Y eso requerirá, lógicamente, también inversiones en aplicaciones informáticas. Es decir, que la bancarización debería desarrollarse, pero más orientada a actividades como el turismo.

Nota: Esta entrevista se realizó como parte de una colaboración con el proyecto de Cuba Siglo 21 «Cuba:
reconstruir y reinventar».

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