El régimen cubano se desmiente y un informe interno expone su baja capacidad militar

Ni siquiera pueden ponerse de acuerdo a la hora de mentir. Y como mienten todo el tiempo, se trataría de un desacuerdo a perpetuidad.
Jerarcas del régimen cubano
Jerarcas del régimen cubano (Foto: Estudios Revolución)

LA HABANA.- Primero intentan desmentir a The New York Times, The Wall Street Journal, Axios, a la prensa extranjera en total, a los medios y periodistas independientes, tachándolos de mentirosos pero, un par de «doritos más tarde», se muerden la lengua ysacan en Granma a un subalterno de otro subalterno del MINREX a hacer el ridículo, desmintiéndose ellos mismos y confirmando que son tan mentirosos como solo el castrismo puede serlo.

No es la primera vez que lo hacen. Como tampoco será la última, porque por el camino de esas negociaciones vienen más cosas que negar, más complejas y graves, aunque cada vez les será más difícil hacerlo. Y con cada ridículo que hagan, menos credibilidad tendrán, y esa cuenta está más en rojo que el valor del peso cubano frente al dólar, y que las deudas por pagar que han acumulado.

Los comunistas cubanos insisten infructuosamente en monopolizar y tergiversar la información en una época donde es imposible hacerlo, y en un momento crítico donde les haría mucho bien si comenzaran por corregir esa “distorsión”, más cuando una acción militar está sobre la mesa, y ya no solo como amenaza verbal.

Aún más cuando comenzar por desmontar el aparato de control ideológico del PCC, y copiar un poquito las reformas de Delcy Rodríguez en Venezuela —y no la bravuconería inútil de Nicolás Maduro—, les ayudaría a unos cuantos a conservar la cabeza sobre los hombros. No tanto porque la Casa Blanca decida repetir en La Habana lo que hizo en Caracas en enero, sino porque, del lado de acá, son mayoría los que han rebasado hace tiempo los límites de sus “fidelidades”, y aunque hoy estampen su “firma por la Patria”, mañana estarán listos para darle el tiro de gracia sino a la dictadura, al menos a ese que designen como mejor candidato a acompañar a Maduro en Nueva York o al Ayatola en el infierno. Les da lo mismo.

Las cosas andan tan turbias y desconectadas por allá arriba, como consecuencia de improvisar sobre la marcha, que en torpezas e incoherencias, aunque típicas del castrismo en todas las época, hoy van más que sobrados.

Que una página como Razones de Cuba, manejada desde el Ministerio del Interior y el aparato de propaganda del PCC, niegue rotundamente las conversaciones entre Washington y La Habana, el encuentro ocurrido entre funcionarios del Departamento de Estado y del MINREX y que, en menos de 24 horas, sea desmentida por quienes dominan la escena desde lo más alto de la “cadena alimenticia” del régimen, está gritando alto y claro que existe una profunda fractura al interior de un “gobierno”. Ni siquiera pueden ponerse de acuerdo a la hora de mentir. Y como mienten todo el tiempo, se trataría de un desacuerdo a perpetuidad.

En alguna de sus partes el “canal interno” de comunicación del régimen se ha roto o ha sido desconectado, a propósito. Las alarmas no dejan de sonar, probablemente hasta el aturdimiento, porque la situación es más crítica que lo imaginado, cuando los que más saben sobre el “poder defensivo” del ejercito cubano han expresado sus reservas sobre la posibilidad real de enfrentar una invasión. Y cuando las probabilidades de bajas, en el cálculo más optimista, sobrepasa ampliamente el millar de efectivos, solo en La Habana y en la primera hora de una operación “quirúrgica” similar a la ejecutada en Caracas a inicios de enero.

Lo anterior no es un pronóstico propio ni lo ha planteado un analista externo. Es parte del resultado al que llegara una comisión de expertos militares, a la que el Consejo de Defensa Nacional hubo de encargar un análisis sobre la capacidad real de respuesta de las tropas cubanas, según informó una persona que estuvo presente a Cubanet.

De acuerdo con la escueta información ofrecida al respecto —aún no sé si de modo casual o intencional— por uno de los presentes en la reunión, el informe habría sido expuesto un par de semanas atrás en presencia de Miguel Díaz-Canel y demás miembros de su equipo de gobierno. De los debates suscitados —y acalorados— fue que nació la idea de terminar de implementar con urgencia reformas políticas y económicas que hagan desistir al “enemigo” de un ataque, así como rebajar el tono confrontacional y enviar al mismo tiempo, al interlocutor en Washington, mensajes de receptividad en forma de “gestos”.

La información —devastadora para los que aún guardaban alguna esperanza en el “buen uso” del arsenal obsoleto y la efectividad de la “guerra de todo el pueblo”— no ha llegado a los “dirigentes de base» tal cual, y en los “medios oficiales” nos la ofrecieron a medias, como si los “cambios” anunciados se trataran de iniciativas, y no fueran en realidad fruto de la presión externa, que es el lenguaje que mejor entienden los comunistas cubanos, aunque ya como que comienzan a interpretar mejor las presiones internas.  

En tal sentido, lo que intentan pasar por “discreción”, para simular que sus silencios, la desinformación y la mentira —mas en cuanto a las conversaciones con los Estados Unidos— son “estrategias”, es en realidad manifestación clara de, al menos, un par de cosas: que el “gobierno” de Miguel Díaz-Canel nunca ha tenido poder real (ni visión realista del asunto), y por tanto tampoco ningún control de la situación actual; que ese poder —que es real pero ya no es total— continúa en manos de los Castro; y que el contenido profundo de las conversaciones con Washington es tan delicado, y los resultados tan inciertos, que ese “poder” tiene más miedo que antes a decir la verdad, a que la conozcamos, y por tanto la demora en determinar qué, cuándo y cómo lo dicen.

No tanto por nosotros sino evitando disparar las alarmas al interior del régimen, y sin que el gobierno “de mentiritas” de Díaz-Canel et al. se sienta peligrosamente ofendido o, más bien, “acomplejado”.

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