El Pregonero de Cristo: entre convicciones de fe y luchas por las libertades religiosas

El pastor evangélico Rolando Fidel Pérez Lora relata su trayectoria de fe y las presiones que ha enfrentado por predicar en espacios públicos.
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Pregonero de Cristo. (Foto del autor)

LA HABANA, Cuba.- En los últimos meses, Rolando Fidel Pérez Lora, conocido como Pregonero de Cristo, se ha convertido en una de las voces religiosas más visibles de Cuba. El pastor evangélico predica en parques y espacios públicos, difunde sus mensajes en redes sociales y defiende que las iglesias deben acompañar el sufrimiento de las personas. Esa postura lo coloca bajo la vigilancia de las autoridades, que responden con citaciones, interrogatorios y detenciones.

El episodio más crítico en su contra ocurrió en un parque de Peñas Altas, en Matanzas, donde fue arrestado frente a su esposa e hijos cuando subía un video bíblico a su canal de YouTube. Las imágenes del momento —grabadas por su esposa y difundidas en redes sociales— se viralizaron rápidamente y generaron preocupación entre líderes religiosos y defensores de derechos humanos.

Su creciente visibilidad lo ha convertido en una de las figuras más reconocibles del emergente activismo religioso en la Isla. Según cuenta, el nombre con el que hoy se identifica nació de una experiencia espiritual. En una visión Dios lo habría llamado «Pregonero de Justicia», pero eligió darse a conocer como Pregonero de Cristo, convencido de que resumía mejor el centro de su mensaje.

«Tuve una visión muy real. Entendí que el Señor me llamaba ‘Pregonero de Justicia’, pero cuando abrí mi primera página en Facebook sentí que debía poner ‘Pregonero de Cristo’, porque Cristo es el centro del Evangelio», explica. Con el tiempo, esa identidad pasó a todas sus plataformas digitales, donde aspira a que otros creyentes reproduzcan el mismo modelo de evangelización dentro y fuera de Cuba.

El camino de regreso a la fe

Para comprender cómo llegó a convertirse en una figura pública es necesario remontarse a 1995, cuando, con apenas 15 años, abrazó la fe en pleno Período Especial. Era una época gris en la que, a raíz de la crisis, “muchos cubanos corrieron a los pies de Cristo”.

«Desde el primer día experimenté cosas muy espirituales», recuerda. Durante esos años sintió que en la Iglesia había encontrado un propósito de vida. Sin embargo, al trasladado a Las Tunas para estudiar deportes, en la universidad, con 17 años, se distanció de su congregación y la vida religiosa. «Admito que me portaba mal, pisoteaba el nombre de Cristo».

Ese camino lo condujo a situaciones que jamás imaginó y, finalmente, a prisión en 2012, acusado de un delito de sacrificio de ganado mayor que no había cometido. Antes de ser arrestado intentó escapar a los Estados Unidos para huir de un juicio que podría perjudicarle. Su relato de ese pasaje es una mezcla de tensión, supervivencia y fe.

La embarcación, con 36 migrantes a bordo, fue perseguida por guardafronteras cubanos que intentaron hundirla varias veces. Luego, tras escapar a aguas internacionales, fueron abandonados en Cayo Sal, una pequeña isla ubicada entre la Florida, Cuba y las Bahamas, donde sobrevivieron días en condiciones extremas hasta ser rescatados por marines estadounidenses.

«Recuerdo que se entregaron los últimos cuatro y yo seguía escondido debajo de la arena, no quería que me regresaran. Tuve que cazar cangrejos y comerlos crudos, trepar cocoteros para poder tomar agua; hasta que se agotaron mis fuerzas y decidí salir, hacer señas y dejarme atrapar», relató.

Estamos viviendo los tiempos más difíciles de la persecución religiosa en Cuba: Pregonero de Cristo

«No había pruebas del delito ni yo lo había hecho, pero no les interesó (a las autoridades). Me pusieron en instrucción», dice el pastor. Durante ese tiempo en prisión, un ayuno de siete días marcó su renacer espiritual: «Experimenté una intervención divina, se iluminó el lugar donde yo estaba y sentí que algo cambió», cuenta.

Desde entonces se dedicó a predicar dentro de la prisión provisional, y su influencia fue tal que lo nombraron jefe de disciplina del pasillo. Incluso, afirma, evitó un asesinato al conversar con un recluso que planeaba vengarse de una persona.

Poco después se reconoció su inocencia. Tras regresar con su familia, se preparó como misionero y fue ungido pastor de una iglesia en Chaparra (actualmente Jesús Menéndez), dando inicio a un ministerio centrado en las personas más vulnerables del barrio La Piedra, uno de los más pobres en la provincia de Las Tunas.

La obra social que levantó recelo

En Chaparra encontró una realidad chocante: niños descalzos y hambrientos, ancianos desnutridos y familias enteras expuestas a condiciones de pobreza extrema. «Cuando llegamos a presentarles a Jesús, decidimos que debíamos acompañarles con más que palabras», acotó. La ayuda a la comunidad se tradujo en alimentos, ropa, zapatos, enseres, luces, medicinas e incluso pintura para las fachadas de viviendas y locales estatales.

«Pintamos casi todas las casas, la escuela, la bodega del barrio; a los niños se les dieron materiales escolares, confituras. Esto tuvo un impacto, por lo cual me llevan por primera vez delante de las autoridades», ilustra Pérez Lora.

Los problemas comenzaron cuando las autoridades descubren que la labor social de la iglesia superaba las posibilidades del gobierno local. Según las amenazas de la Seguridad del Estado, la asistencia que prestaba el clérigo constituía un delito que podía llevarlo a prisión si no canalizaba a través del gobierno toda la ayuda gratuita que distribuía en La Piedra.

«El apoyo que recibíamos debíamos entregarlo para que ellos lo hicieran llegar a la gente. No estuve de acuerdo, les dije que no confiábamos en ellos. Como está la corrupción, sabíamos que a las manos de las personas llegaría un cincuenta por ciento, o menos», aseveró.

A partir de entonces, denuncia, aumentaron las presiones contra su ministerio. Entre ellas estuvo el intento de impedir la ayuda que la iglesia brindaba al asilo municipal, donde los ancianos vivían en condiciones de hacinamiento, con signos de desnutrición, falta de higiene y sin una atención médica y emocional adecuada.

«Decidimos estar con los ancianos, aunque lo prohibieran. Entrábamos y, cuando nos descubrían, salíamos. Eso nos fue abriendo las puertas del lugar y pudimos ayudar a los ancianos», recuerda con emoción.

La difusión en redes sociales de estas actividades también generó tensiones, puesto que las autoridades no querían que se mostraran las pésimas condiciones de vida en que se encontraban los ancianos del asilo.

Más tarde, su apoyo a los pastores de la Isla de la Juventud, Luis Guillermo Borjas Navarro y Roxana Rojas Betancourt, provocó nuevas citaciones. Ambos habían sido detenidos por intervenir en un juicio militar contra su hijo, acusado de querer evadir el Servicio Militar Obligatorio.

«Publicamos en redes sociales que no podíamos dejar a esos pastores abandonados. Al otro día ya me habían citado, porque usé la frase: ¿hasta cuándo el silencio? Costó que quisieran silenciarme», destacó el Pregonero de Cristo.

Pese a la vigilancia, la iglesia continuó expandiendo la misión de ayuda a la comunidad. «Dimos cenas de Fin de Año para todas las familias del municipio, regalábamos cientos de cakes a las madres en su día», añadió.

Mientras tanto, las caminatas de oración organizadas por la congregación comenzaron a ser vigiladas por policías y funcionarios locales. Las citaciones se hicieron cada vez más frecuentes y, con el tiempo, las presiones se extendieron a otros miembros de la iglesia.

Publicaciones difamatorias y actos de hostigamiento terminaron creando una situación insostenible. Tras consultar con la dirección nacional de su organización religiosa, Pérez Lora decidió abandonar Chaparra y dejar la congregación en manos de nuevos pastores. La iglesia atravesaba un buen momento, pero había llegado el momento de comenzar una nueva etapa.

El renacer en Matanzas no tardó en levantar ronchas

La familia se trasladó a Matanzas, donde colaboró con varias congregaciones en campañas evangelísticas y trabajo con jóvenes. Sin embargo, pronto sintieron la necesidad de desarrollar un ministerio propio que reflejara su visión pastoral.

Retomaron entonces las prédicas en parques y espacios públicos, transmitidas en vivo a través de internet. La apertura de un canal de YouTube amplió rápidamente su alcance y atrajo a miles de seguidores. Al término de cada transmisión, decenas de personas acudían para recibir oración o pedir intercesión por familiares enfermos.

A medida que crecía la audiencia, también aumentaba la vigilancia sobre sus actividades. El punto de inflexión llegó el 15 de marzo de 2026, cuando fue arrestado en Peñas Altas. Según relata, una denuncia alertó a la policía de que la reunión religiosa tenía un carácter político.

«Era falso, porque la grabación de todo lo que había dicho estaba en YouTube. Era fácil comprobarlo”, asegura. Para el pastor, la reacción de las autoridades evidenció que el problema trascendía aquella predicación y estaba relacionado con la creciente visibilidad de su ministerio.

El hostigamiento continuó escalando. Pérez Lora afirma que la Seguridad del Estado comenzó a presionar al pastor que les facilitaba alojamiento, hasta dejarlos sin vivienda. Ante esa situación, la familia decidió abandonar Matanzas y establecerse en La Habana.

«Tuvimos que abandonar aquella casa. Gracias a Dios y al apoyo de algunos hermanos, compramos un pequeño apartamento en Alamar», dio a conocer.

La utopía de las libertades religiosas en Cuba

Cuba se define constitucionalmente como un Estado laico que reconoce la libertad religiosa y prohíbe la discriminación por motivos de creencias. En la práctica, la relación entre las instituciones religiosas y el Estado sigue siendo motivo de debate entre líderes de fe, especialmente entre aquellos que ejercen su ministerio fuera de las estructuras oficialmente reconocidas.

En ese entramado desempeña un papel central la Oficina de Asuntos Religiosos, encargada de gestionar los vínculos entre el gobierno y las organizaciones religiosas, así como los procesos relacionados con el reconocimiento legal de asociaciones y espacios de culto.

Para Pérez Lora, el reconocimiento legal tiene ventajas evidentes, pero también límites. “El problema es que cuando ellos te reconocen como una iglesia legal, sienten que tienen el derecho de limitarte en las cosas que quieras hacer”, sostiene.

Muchos líderes optan por permanecer dentro de las estructuras reconocidas para garantizar estabilidad a sus congregaciones y proteger sus espacios de culto. Sin embargo, otros prefieren asumir los riesgos de la independencia para evitar una supervisión que controla la misión pastoral. Esa fue una de las razones que lo llevaron a abandonar la Liga Evangélica de Cuba.

«Sentí algo muy lindo, experimenté la libertad de no estar en una estructura que la Oficina de Asuntos Religiosos pudiera manipular», apuntó.

No obstante, el divorcio con la institucionalidad genera consecuencias. En los últimos años la represión contra las iglesias independientes se ha intensificado.

«Estamos viviendo los tiempos más difíciles. Desde 2025, más de 500 pastores y líderes religiosos han sido citados o detenidos por la Seguridad del Estado», asegura. Tan solo en junio de 2026, organizaciones independientes como el Observatorio de Libertades Religiosas Defensa CD, registraron 87 incidentes contra las libertades religiosas.

Pérez Lora sostiene que estos casos permanecen fuera de la cobertura de los medios oficiales. “Es algo que se está tratando de ocultar. Forma parte de una estrategia del Estado para debilitar a la iglesia que vive en libertad, que no se somete a un sistema contrario a sus convicciones”, afirma.

En ese escenario, considera que las redes sociales se han convertido en una herramienta decisiva para las iglesias independientes, a la hora de denunciar abusos, visibilizar sus actividades y amplificar una voz que, de otro modo, tendría pocas posibilidades de llegar a la esfera pública.

Religión y política, un debate que crece

El papel de los cristianos en la vida política sigue siendo uno de los temas más controvertidos dentro de las iglesias. Mientras algunos defienden que la fe debe mantenerse al margen de los asuntos públicos, otros consideran que el silencio ante determinadas realidades sociales implica renunciar a una dimensión esencial del compromiso cristiano.

Para nuestro entrevistado, la fe cristiana tiene implicaciones directas en la vida pública y en la evaluación de las políticas gubernamentales. «Hay pastores que dicen que los cristianos no deben meterse en política. Yo creo que eso demuestra que no han entendido el reino de Dios», afirma.

Para el pastor, la política trasciende las estructuras partidistas o estatales y está relacionada con la forma en que se gobierna una sociedad y se protege el bienestar de las personas. «La política es el arte de gobernar para que las personas vivan mejor. Si vemos algo que va en contra de eso y callamos, estaríamos siendo copartícipes», sostiene.

Desde esa perspectiva, considera que las iglesias tienen la responsabilidad de pronunciarse cuando las decisiones públicas afectan a sus comunidades. Además, resalta que si la Iglesia se mantiene al margen de la política, la política acabará destruyendo a los miembros de la Iglesia.

También cuestiona la utilización de argumentos religiosos y textos bíblicos para justificar la obediencia incondicional a sistemas que considera injustos. «Jamás Dios nos mandará a orar por un sistema político satánico», concluye.

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