MIAMI, Estados Unidos ― El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel acusó a Estados Unidos de cometer un “genocidio” contra la población de la Isla e insistió que una eventual guerra entre ambos países sería un “baño de sangre”, durante una entrevista con el medio ruso de propaganda RT.
“[Las autoridades de Estados Unidos] Están aplicando un castigo colectivo contra la población cubana. Es una expresión de genocidio y de crimen. Y yo creo que en algún momento los que han sido artífices de esta política contra Cuba tendrán que responder a nivel internacional por el crimen y el genocidio que han orquestado contra Cuba”, declaró Díaz-Canel al corresponsal de RT en Cuba, el vocero oficialista Oliver Zamora Oria.
El dirigente sostuvo que Cuba enfrenta actualmente la acumulación del embargo tradicional, las restricciones impuestas durante el primer mandato de Donald Trump y un nuevo “bloqueo energético”. “Es una política de máxima asfixia, de máxima presión, solo con el objetivo de quebrar la voluntad del Estado”, aseguró.
“Hace seis meses que no llega un barco de combustible, solo llegó un barco ruso por ayuda humanitaria”, aseguró el gobernante. También dijo que Washington ejerció tanta presión sobre las empresas extranjeras que “una parte importante” se retiró de Cuba. “Hoy nuestros procesos económicos, productivos, de servicio, tienen mucho deterioro como parte de este castigo colectivo”, añadió.
Pese a sus acusaciones, Díaz-Canel defendió la continuidad de los contactos con Washington y afirmó que ambos países podrían establecer “una relación civilizada entre vecinos”. Puso, sin embargo, límites expresos a cualquier negociación: “Tiene que ser sobre la base de respeto, de igualdad, donde no se condicione nada, y donde por supuesto los temas de nuestro sistema político, de nuestra autodeterminación, de nuestra independencia, de nuestra soberanía, no están a debate”.
El gobernante acusó a Estados Unidos de mantener “un alto nivel de retórica amenazante” y de emplear “prácticas muy perversas para seguir apretando ese castigo colectivo y ese cerco”. También rechazó el señalamiento de que La Habana financia y construye “una plataforma de terrorismo político de izquierda”, que calificó como otro pretexto para justificar las presiones contra la Isla.
Díaz-Canel aseguró que La Habana no quiere un enfrentamiento armado y advirtió que una guerra sería “un baño de sangre” de “consecuencias terribles para ambas naciones”. “El mundo sabe que nosotros somos un país de paz, por eso defendemos la paz, por eso defendemos el diálogo, por eso incluso en circunstancias tan difíciles, pero desde una posición de principio, buscamos avanzar en el diálogo”, declaró.
Otro de los segmentos más polémicos de la entrevista estuvo dedicado a los medios de comunicación. Díaz-Canel afirmó que la presión estadounidense contra el régimen posee componentes ideológicos, culturales y mediáticos. “Ideológicamente, nos están tratando de imponer un pensamiento hegemónico. Culturalmente, están tratando de borrar nuestra identidad. (…) Y todo esto lo están apoyando mediáticamente con una enorme estrategia de comunicación política supremacista, capitalista e imperial, que tiene un componente altísimo de intoxicación mediática. Muy calumniosa, muy mentirosa”, dijo.
El gobernante presentó además a la propia RT como un aliado del aparato comunicacional del régimen. “Las relaciones que tenemos con medios como Russia Today y otros medios también amigos de Cuba nos van enseñando”, sostuvo. Al finalizar la conversación, cuando Zamora Oria le agradeció el tiempo concedido, respondió: “Siempre los seguimos a ustedes, siempre, cuando queremos aclararnos entre tanta mentira que se dice en el mundo”.
Aunque atribuyó a Estados Unidos la mayor parte del deterioro económico, Díaz-Canel reconoció que numerosas reformas consideradas necesarias fueron pospuestas por las propias autoridades cubanas. “Yo diría que las transformaciones que queremos acometer, que queremos implementar, que hemos dado a conocer, eran transformaciones imprescindibles. Había que hacerlas, había que hacerlas incluso aunque no estuviéramos viviendo este contexto, porque tienen como vocación perfeccionar la construcción del socialismo en nuestro país”, declaró.
El dirigente admitió que esos cambios aparecían desde los congresos sexto, séptimo y octavo del Partido Comunista, pero no habían recibido los pasos de implementación correspondientes. Explicó que algunos fueron aplazados porque implicaban “riesgos” y “desafíos” y todavía era necesario trabajar para que se entendieran “mejor”.
Asimismo, Díaz-Canel dijo que el régimen esperaba comenzar a aplicar antes de que finalizara julio 121 de esas “170 y tantas transformaciones”. Aseguró que las primeras medidas estarían dirigidas a jubilados, personas con menores ingresos y ciudadanos en situación de vulnerabilidad, y afirmó que para el Gobierno no resultaba aceptable que el programa ampliara las desigualdades sociales.
Sobre la captación de capital, el gobernante aseguró que “hay mucha gente dispuesta a hacer inversiones en Cuba” y que empresas de América Latina, el Caribe, Europa y Asia estudian las posibilidades abiertas por las reformas. “Hay muchas personas, muchas empresas, muchas entidades que tienen interés de trabajar con Cuba y que están dispuestas a no subordinarse, a que le impongan desde una nación que se cree que es el imperio que puede gobernar al mundo”, afirmó, sin revelar identidades, montos, sectores ni proyectos concretos.
Díaz-Canel agregó que “muchos cubanos residentes en el exterior”, tanto en Estados Unidos como en otros países, buscan mecanismos legales para trabajar con la Isla “de una manera honesta, limpia y transparente”.
Al ser interrogado sobre las experiencias de China y Vietnam, el dirigente reconoció intercambios periódicos con los partidos comunistas de esos países, pero negó que La Habana vaya a reproducir mecánicamente sus modelos. “Por lo tanto, ni calco ni copia. Creación heroica es lo que tenemos que hacer”, declaró. Díaz-Canel cerró su explicación admitiendo que algunas medidas podrían fracasar: “Vamos a empezar a trabajar, vamos a corregir lo que salga mal, vamos a multiplicar lo que salga bien, y vamos a asimilar lo nuevo que se proponga”.









